Deslizándome hacia ti

Capitulo 48: Dos días para volar

Faltaban dos días.
Solo dos.
Después de meses de entrenamiento. Dolor. Caídas. Secretos. Verdades.
El Campeonato Nacional de Patinaje Artístico finalmente estaba frente a ellos.
Y todo el complejo deportivo parecía haber enloquecido.
Patinadores entrando y saliendo. Entrenadores gritando instrucciones. Periodistas buscando entrevistas.
Era un caos.
Un caos hermoso.
Y aterrador.
Evelyn observaba el movimiento desde una de las ventanas del estadio principal mientras sostenía un café que ya se había enfriado.
Su corazón latía más rápido de lo normal.
No por miedo.
Bueno...
Tal vez un poco.
Pero también por emoción.
Porque toda su vida había trabajado para esto.
Todas aquellas madrugadas.
Todos los entrenamientos imposibles.
Todos los sacrificios.
Todo la había llevado hasta aquí.
—Estás pensando demasiado.
La voz de Noah apareció detrás de ella.
Evelyn sonrió sin girarse.
—¿Y tú cómo sabes eso?
—Porque haces esa cara.
—¿Qué cara?
—La de "estoy imaginando setecientos escenarios catastróficos".
Ella se volvió inmediatamente.
—No hago esa cara.
—La estás haciendo ahora mismo.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Evelyn cruzó los brazos.
Noah sonrió.
Y ganó la discusión automáticamente.
Lo odiaba.
Un poco.
Aquella tarde realizaron el primer entrenamiento oficial dentro del estadio de competencia.
Y fue imposible no impresionarse.
El lugar era gigantesco.
Las tribunas parecían interminables.
Miles de asientos rodeaban la pista.
Miles.
Evelyn sintió vértigo apenas entró.
Porque dentro de dos días aquello estaría lleno.
Completamente lleno.
Richard reunió al equipo en el centro.
—Escuchen atentamente.
Todos obedecieron.
Incluso Sophie.
Lo cual era preocupante.
Richard señaló las tribunas vacías.
—Cuando entren aquí por primera vez con público...
Golpeó una cuchilla contra el hielo.
—Todo parecerá más rápido.
Todos asintieron.
Era verdad.
Siempre ocurría.
La adrenalina alteraba la percepción.
Los tiempos parecían distintos.
Los movimientos más veloces.
Los errores más grandes.
Richard sostuvo la mirada de Noah y Evelyn.
—Por eso deben confiar en el entrenamiento.
No en los nervios.
No en el público.
Solo en el entrenamiento.
Aquello quedó grabado en la mente de ambos.
El ensayo comenzó poco después.
Y honestamente...
Fue horrible.
No desastroso.
Pero horrible.
Evelyn falló un aterrizaje.
Noah cometió un pequeño error en una secuencia de pasos.
Y el throw triple Axel salió torcido.
Nada grave.
Pero suficiente para frustrarlos.
Muchísimo.
Cuando terminó la música, Evelyn estaba furiosa consigo misma.
—Eso fue terrible.
Noah se apoyó sobre las rodillas intentando recuperar aire.
—No fue terrible.
—Fue terrible.
—Fue mediocre.
—Gracias, eso ayuda muchísimo.
—De nada.
Ella le lanzó un guante.
Noah esquivó el proyectil.
Lamentablemente.
Porque merecía ser golpeado un poco.
Richard observaba desde afuera.
Extrañamente tranquilo.
Lo cual era sospechoso.
—¿No vas a gritarnos?
El entrenador arqueó una ceja.
—¿Por qué perdería energía haciendo algo que ya saben?
Silencio.
Okay.
Eso había dolido.
Mucho.
Aquella noche, sin embargo, ocurrió algo inesperado.
Ava apareció nuevamente en la residencia.
Esta vez cargando una enorme caja de pizza.
Sophie casi lloró de felicidad.
—Te amo.
—Ni siquiera sabes qué pizza es.
—No importa.
—Eso es preocupante.
Poco después todos estaban reunidos en la sala común.
Liam. Sophie. Ava. Noah. Evelyn.
Incluso Richard apareció durante exactamente cuatro minutos.
Tomó una porción.
Y desapareció otra vez.
Como una criatura mitológica.
La conversación fluyó con facilidad.
Risas.
Historias.
Recuerdos.
Y por primera vez en muchísimo tiempo...
No hablaban de investigaciones.
Ni accidentes.
Ni Blake.
Solo eran jóvenes compartiendo una noche antes de la competencia más importante de sus vidas.
Y aquello se sintió especial.
Muy especial.
Más tarde, cuando los demás comenzaron a retirarse...
Evelyn salió al balcón.
Necesitaba aire.
La ciudad brillaba bajo la nieve.
Hermosa.
Silenciosa.
Y unos segundos después...
Noah apareció junto a ella.
Por supuesto.
Ninguno de los dos parecía capaz de mantenerse lejos del otro demasiado tiempo.
Se apoyó junto a la baranda.
Observando las luces.
Silencio.
Cómodo.
Familiar.
Hasta que Noah habló.
—¿Tienes miedo?
Evelyn sonrió apenas.
—Muchísimo.
—Bien.
Ella giró la cabeza.
—¿Bien?
Noah asintió.
—Significa que te importa.
Aquello la hizo pensar.
Porque sí.
Era cierto.
El miedo existía porque aquello importaba.
Porque el sueño era real.
Porque estaba cerca.
Muy cerca.
Noah observó el cielo unos segundos.
Después volvió la mirada hacia ella.
Y algo cambió.
Algo suave.
Profundo.
Como una corriente invisible entre ambos.
—Evelyn.
Su nombre sonó diferente.
El corazón de ella tropezó inmediatamente.
—¿Sí?
Noah pareció buscar las palabras correctas.
Y por primera vez en mucho tiempo...
Pareció nervioso.
Realmente nervioso.
—Hay algo que quiero decirte antes de la competencia.
El aire desapareció de golpe.
Y el corazón de Evelyn empezó a latir tan fuerte que estaba segura de que podía escucharse desde otro estado.




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