—¿Ganamos?
—Sí.
—¿Seguro?
—Sí.
—¿Completamente seguro?
—Evelyn...
—Necesito confirmación emocional.
Noah soltó una carcajada.
Una auténtica.
De esas que ya casi no ocultaba.
Porque todavía seguía mirando la pantalla gigante.
Y los números continuaban ahí.
Imposibles de ignorar.
1.º Lugar — Noah Hayes & Evelyn Carter
Récord nacional de la temporada.
Seis puntos de diferencia.
Seis.
En patinaje artístico aquello era una eternidad.
Una locura.
Una ventaja enorme.
Evelyn seguía intentando procesarlo.
Y honestamente...
No estaba funcionando demasiado bien.
Porque cuando Richard apareció frente a ellos, ella todavía parecía desconectada de la realidad.
—¿Por qué tienes esa cara? —preguntó inmediatamente.
El entrenador seguía serio.
Demasiado serio.
Y aquello fue suficiente para que todos dejaran de celebrar.
Noah se incorporó.
—¿Qué ocurre?
Richard observó la pantalla unos segundos más.
Pensativo.
Después suspiró.
—Porque esto no terminó.
Silencio.
Sophie dejó escapar un gemido dramático.
—Richard, por favor. Déjanos ser felices durante diez minutos.
—No.
—Te odio.
—Lo sé.
Relación sana.
Muy sana.
Richard volvió a mirar a Noah y Evelyn.
—El programa corto fue brillante.
Ambos se quedaron inmóviles.
Porque Richard no regalaba elogios.
Jamás.
—Pero aún falta el programa libre.
Y ahí estaba el problema.
Porque era cierto.
Todavía quedaba la prueba más importante.
La más larga.
La más exigente.
La que definía campeones.
Richard señaló la clasificación.
—La ventaja es excelente.
Pero si se relajan ahora...
Desaparece.
Noah asintió inmediatamente.
Entendiendo.
Evelyn también.
Porque el campeonato todavía estaba abierto.
Y cualquier error grande podía cambiarlo todo.
Aquella noche los medios de comunicación prácticamente enloquecieron.
Las redes sociales estaban llenas de videos del throw triple Axel.
Los comentaristas deportivos hablaban de ellos.
Los periodistas los buscaban por todas partes.
Y por primera vez...
Noah se convirtió en tendencia nacional.
Otra vez.
Aunque esta vez por las razones correctas.
Sophie estaba encantada.
—Somos famosos.
—Tú no competiste.
—Detalles.
—No funcionan así.
—Para mí sí.
Liam decidió que discutir era inútil.
Como siempre.
Más tarde, cuando el grupo regresó al hotel oficial del campeonato...
El cansancio empezó a golpear de verdad.
Porque la adrenalina finalmente estaba desapareciendo.
Y cuando la adrenalina desaparecía...
Llegaba el agotamiento.
Evelyn caminaba por el pasillo junto a Noah.
Más tranquila ahora.
Más feliz.
Y también más nerviosa.
Porque todavía quedaba el programa libre.
Todavía quedaba la final.
Todavía quedaba el momento que realmente decidiría todo.
Noah pareció notar sus pensamientos.
Porque sonrió apenas.
—Estás haciéndolo otra vez.
—¿Qué cosa?
—Pensar demasiado.
—Es mi especialidad.
—Lo sé.
Evelyn apoyó la cabeza contra la pared.
Suspirando.
—¿Y si fallamos?
Silencio.
Noah la observó unos segundos.
Y después respondió algo que la sorprendió.
—Entonces fallaremos.
Ella parpadeó.
—Eso no ayuda.
—Déjame terminar.
Noah se acercó un poco más.
Las luces suaves del pasillo reflejándose en sus ojos claros.
—Si fallamos, fallamos juntos.
El corazón de Evelyn se derritió inmediatamente.
Porque claro.
Esa era la respuesta.
Siempre había sido esa.
No se trataba de no caer.
Se trataba de levantarse.
Juntos.
Noah sonrió apenas.
—Pero no pienso fallar.
Aquello le arrancó una risa.
—Ahí está el Noah competitivo.
—Nunca se fue.
—Lo noté.
Sin embargo...
Mientras ellos hablaban en el hotel...
A varios kilómetros de distancia...
Otra conversación estaba ocurriendo.
Una mucho menos agradable.
Thomas Reed observaba una pantalla de televisión desde una oficina vacía.
Las imágenes mostraban la actuación de Noah y Evelyn.
Los comentaristas elogiándolos.
El público de pie.
La ovación.
El récord.
Todo.
Thomas permaneció en silencio.
La mandíbula tensa.
Los ojos fríos.
Y cuando la transmisión terminó...
Apagó el televisor.
Lentamente.
Después tomó su teléfono.
Marcó un número.
Esperó.
Una vez.
Dos.
Tres tonos.
Hasta que alguien respondió.
—Necesito hablar contigo.
Silencio.
Thomas observó la nieve caer detrás de la ventana.
Y añadió:
—Hay algo que todavía no saben.
El corazón de la tormenta aún no había desaparecido.
Y la final estaba a solo cuarenta y ocho horas de distancia.
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Editado: 04.06.2026