Deslizándome hacia ti

Capitulo 53: Lo que todavía no saben

La mañana siguiente comenzó con caos.
Caos absoluto.
Periodistas en la entrada del hotel.
Cámaras por todas partes.
Entrevistas improvisadas.
Fanáticos pidiendo fotografías.
Sophie estaba viviendo el mejor día de su vida.
—¡Me pidieron una selfie!
—Porque te confundieron con una competidora —dijo Liam.
—No destruyas mis sueños.
—Alguien tiene que hacerlo.
—Qué amistad tan tóxica.
Mientras tanto, Noah y Evelyn escapaban discretamente por una salida lateral para llegar al estadio.
La final sería al día siguiente.
Y Richard había declarado una jornada de entrenamiento intensivo.
Lo cual significaba exactamente lo que parecía.
Sufrimiento.
Muchísimo sufrimiento.
El estadio estaba más tranquilo aquella mañana.
La mayoría de los equipos todavía no había llegado.
Y por unos minutos pudieron disfrutar algo que no tenían desde hacía semanas.
Paz.
Noah se deslizó lentamente por el hielo.
Observando las marcas de las cuchillas.
Pensando.
Evelyn lo encontró cerca del centro de la pista.
—¿Nervioso?
—Sí.
—Yo también.
—Bien.
Ella sonrió.
—¿Otra vez con eso?
Noah se encogió de hombros.
—Los nervios significan que importa.
Evelyn puso los ojos en blanco.
—Sigues usando esa frase.
—Porque funciona.
Y desgraciadamente...
Tenía razón.
El entrenamiento avanzó sin demasiados problemas.
Las secuencias estaban sólidas.
Los levantamientos limpios.
Los saltos funcionando.
Incluso el throw triple Axel parecía cada vez más estable.
Richard estaba satisfecho.
Lo cual era preocupante.
Porque cuando Richard estaba satisfecho normalmente significaba que estaba planeando algo.
Y efectivamente lo estaba.
—Vamos a repetir el programa completo.
Sophie dejó caer una botella.
—¿Otra vez?
—Tú no lo vas a hacer.
—Pero me canso de mirar.
Nadie le hizo caso.
Como siempre.
Una hora después...
El programa terminó.
Y fue brillante.
No perfecto.
Pero brillante.
Lo suficiente para que Richard finalmente asintiera.
—Bien.
Silencio.
Todos esperaron.
Porque aquello era importante.
—Eso es lo que quiero ver mañana.
Evelyn sonrió.
Noah también.
Y por primera vez parecía que todo estaba encajando.
Exactamente como debía.
Hasta que sonó un teléfono.
Richard frunció el ceño.
Miró la pantalla.
Y algo cambió en su expresión.
Inmediatamente.
Respondió.
Escuchó.
Y cuanto más escuchaba...
Más serio parecía.
El silencio se extendió por toda la pista.
Cuando finalmente cortó la llamada...
Nadie necesitó preguntar.
Sabían que algo estaba mal.
—Richard.
La voz de Noah sonó firme.
—¿Qué ocurrió?
El entrenador guardó lentamente el teléfono.
Pensando.
Como si estuviera decidiendo cuánto decir.
Finalmente habló.
—La federación encontró algo más.
El corazón de Evelyn dio un vuelco.
No otra vez.
Por favor.
No otra vez.
Richard suspiró.
—Hay registros bancarios.
Silencio.
—Pagos.
Noah frunció el ceño.
—¿Pagos de quién?
Richard sostuvo su mirada.
—Thomas Reed.
El ambiente se volvió helado.
Porque aquello ya sonaba diferente.
Más grave.
Mucho más grave.
Richard continuó.
—Durante años recibió dinero para favorecer determinados atletas.
Nadie habló.
Porque aquello era corrupción.
Pura y simple.
Ava, que acababa de llegar al estadio, se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué?
Richard asintió lentamente.
—Resultados manipulados.
Asignaciones internacionales alteradas.
Puntuaciones influenciadas.
El mundo pareció detenerse.
Porque aquello significaba algo terrible.
Quizás algunas competencias jamás fueron justas.
Quizás algunos campeones nunca debieron ser campeones.
Quizás...
Muchísimas carreras fueron afectadas.
Noah bajó lentamente la mirada.
Y una idea horrible comenzó a formarse.
—¿Mi accidente con Ava fue el único caso?
Richard tardó demasiado en responder.
Y eso fue suficiente.
Porque todos entendieron la respuesta antes de escucharla.
No.
No había sido el único.
Aquella noche, sin embargo, ocurrió algo todavía más inquietante.
Evelyn regresaba sola a su habitación del hotel.
El pasillo estaba vacío.
Silencioso.
Tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Y entonces vio algo.
Un sobre.
Apoyado contra la puerta de su habitación.
Sin nombre.
Sin remitente.
Sin nada.
Solo un sobre blanco.
El corazón comenzó a acelerársele.
Porque después de las últimas semanas...
Aquello no podía ser una coincidencia.
Se agachó lentamente.
Lo recogió.
Y lo abrió.
Había una sola hoja dentro.
Una única frase escrita con letras impresas.
Sin firma.
Sin explicación.
Sin nada más.
Evelyn leyó el mensaje.
Y el color desapareció de su rostro.
Porque aquellas palabras eran imposibles de ignorar.
"Si Noah y tú compiten mañana, alguien saldrá herido."




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