El papel tembló entre los dedos de Evelyn.
No porque tuviera frío.
Porque estaba aterrada.
Las palabras parecían quemarle los ojos.
"Si Noah y tú compiten mañana, alguien saldrá herido."
Las leyó una vez.
Dos.
Tres.
Y el mensaje seguía siendo igual de horrible.
Su corazón golpeaba tan fuerte que apenas podía escuchar otra cosa.
Durante unos segundos se quedó inmóvil en medio del pasillo.
Pensando.
Intentando entender.
¿Era una broma?
¿Una amenaza real?
¿Alguien intentando asustarla?
Después de todo lo ocurrido con Blake y Thomas...
Ya no podía darse el lujo de ignorar nada.
Tomó aire.
Y corrió.
Noah abrió la puerta de su habitación apenas escuchó los golpes.
Y supo inmediatamente que algo estaba mal.
Porque Evelyn estaba pálida.
Demasiado pálida.
—¿Qué pasó?
Ella le entregó el papel sin decir una palabra.
Noah leyó el mensaje.
Y toda la alegría que había acumulado durante los últimos días desapareció de golpe.
Silencio.
Largo.
Pesado.
Peligroso.
—¿Dónde lo encontraste?
—En la puerta de mi habitación.
La mandíbula de Noah se tensó inmediatamente.
Y Evelyn reconoció esa expresión.
Era la misma que había visto cuando enfrentó a Blake.
La misma.
Porque aquello tocaba algo muy profundo dentro de él.
Algo relacionado con el miedo.
Con la protección.
Con la posibilidad de perder a alguien otra vez.
Noah cerró la mano alrededor del papel.
—Vamos con Richard.
Diez minutos después estaban reunidos en una sala privada del hotel.
Richard.
Noah.
Evelyn.
Sophie.
Liam.
Y Ava.
El ambiente era tenso.
Muy tenso.
Richard leyó la nota varias veces.
Después la dejó sobre la mesa.
—¿La tocó alguien más?
Evelyn negó.
—Solo Noah y yo.
Richard asintió.
Pensando.
Analizando.
Como siempre.
Finalmente levantó la vista.
—Voy a informar esto inmediatamente a la organización.
Sophie tragó saliva.
—¿Creen que es serio?
Nadie respondió enseguida.
Porque la verdad era incómoda.
Después de Blake.
Después de Thomas.
Después de todo lo descubierto.
Sí.
Debían tomarlo en serio.
Richard apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Hasta que se aclare esto, nadie se mueve solo.
Silencio.
—Nadie.
Todos asintieron.
Porque por primera vez...
Aquello ya no parecía un simple campeonato.
Parecía algo más.
Mucho más.
La seguridad del evento actuó rápido.
Las cámaras del hotel fueron revisadas.
Los accesos controlados.
Los registros examinados.
Pero había un problema.
Uno enorme.
Nadie aparecía dejando el sobre.
Nadie.
Como si hubiera surgido de la nada.
Y aquello solo empeoró las cosas.
Porque significaba dos posibilidades.
La primera:
La amenaza era falsa.
La segunda:
Quien la dejó sabía exactamente cómo evitar ser visto.
Y ninguna de las dos opciones era tranquilizadora.
Aquella noche Evelyn no logró dormir.
Otra vez.
Estaba sentada junto a la ventana de su habitación.
Mirando la nieve caer.
Pensando demasiado.
Como siempre.
Hasta que escuchó un golpe suave en la puerta.
Su corazón dio un salto.
Pero inmediatamente reconoció quién era.
Noah.
Por supuesto.
Ella abrió.
Y él apareció con dos chocolates calientes en las manos.
—Soborno emocional.
Evelyn sonrió apenas.
—Funciona.
—Lo sé.
Entraron.
Y durante varios minutos permanecieron sentados junto a la ventana.
En silencio.
Compartiendo el mismo miedo.
Porque aunque intentaran parecer tranquilos...
Ambos estaban preocupados.
Muchísimo.
Finalmente Noah habló.
—No quiero que compitas mañana.
Evelyn giró inmediatamente hacia él.
—¿Qué?
Noah sostuvo su mirada.
Y ella entendió.
Porque no lo decía por el campeonato.
Lo decía porque estaba asustado.
De verdad.
—Noah...
Él negó lentamente con la cabeza.
—No puedo pasar por algo parecido otra vez.
La frase golpeó directamente el corazón de Evelyn.
Porque entendió exactamente de qué hablaba.
Ava.
El accidente.
La culpa.
Los años perdidos.
Todo.
Noah bajó la mirada.
—Sé que suena egoísta.
—No.
—Sí.
—No.
Silencio.
Evelyn tomó suavemente una de sus manos.
Y esperó hasta que él volvió a mirarla.
—¿Sabes qué creo?
Noah permaneció callado.
—Creo que quien envió esa nota quiere exactamente esto.
La duda.
El miedo.
La inseguridad.
Noah apretó apenas sus dedos.
Pensando.
Y Evelyn continuó.
—Quiere que nos retiremos.
Silencio.
Porque aquello tenía sentido.
Muchísimo sentido.
—Y no pienso regalarle esa victoria a nadie.
Noah la observó durante largos segundos.
Y finalmente sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Triste.
Pero orgullosa.
—Eres increíblemente terca.
—Lo sé.
—Es desesperante.
—También lo sé.
Eso le arrancó una risa.
Una pequeña.
Pero real.
Y por un instante...
El miedo aflojó un poco.
Solo un poco.
Sin embargo...
A cientos de kilómetros de allí...
En una oficina vacía.
Una figura observaba una fotografía.
La fotografía de Noah y Evelyn después de romper el récord nacional.
La misma imagen que aparecía en todos los periódicos deportivos.
La figura permaneció en silencio.
Mirando.
Pensando.
Y finalmente dejó escapar una frase apenas audible.
—Mañana termina todo.
La fotografía quedó sobre el escritorio.
Y una sombra cayó sobre ella.
Justo sobre los rostros sonrientes de Noah y Evelyn.
#2409 en Novela romántica
#224 en Thriller
#96 en Misterio
mafia romance y misterio, secreto pasado dolor superacion, romance deportivo
Editado: 04.06.2026