Deslizándome hacia ti

Capitulo 58: Campeones

El aplauso parecía interminable.
Noah y Evelyn seguían en el centro de la pista.
Respirando con dificultad.
Sonriendo.
Intentando comprender lo que acababan de hacer.
Porque algunas actuaciones eran buenas.
Otras excelentes.
Y después estaban esas pocas, rarísimas, que quedaban grabadas para siempre.
Aquella había sido una de ellas.
Lo sentían.
El público también.
Cuando abandonaron el hielo, Sophie fue la primera en llegar.
Y prácticamente se lanzó sobre ellos.
—¡FUERON INCREÍBLES!
—Sophie, no puedo respirar.
—¡NO IMPORTA!
—Importa muchísimo.
—¡NO IMPORTA!
Liam tuvo que intervenir físicamente para despegarla.
—Déjalos vivir.
—Estoy viviendo.
—Ellos no.
Ava estaba riéndose.
Y verlo hizo feliz a Noah.
Porque durante mucho tiempo había pensado que jamás volvería a verla sonreír así.
Libre.
Ligera.
Como antes.
Richard se acercó unos segundos después.
Y todos guardaron silencio.
Porque si había alguien cuya opinión importaba ahora mismo...
Era la suya.
El entrenador observó a Noah.
Después a Evelyn.
Y finalmente dijo:
—Fue perfecto.
Silencio.
Completo.
Absoluto.
Sophie dejó escapar un grito agudo.
Liam abrió los ojos.
Ava parecía igual de sorprendida.
Porque Richard Carter jamás decía algo así.
Jamás.
Richard pareció darse cuenta de lo que había dicho.
Y se arrepintió inmediatamente.
—Olviden eso.
—Nunca —dijo Evelyn.
—Jamás —añadió Noah.
—Definitivamente nunca —confirmó Sophie.
Caso cerrado.
Llegó el momento de las puntuaciones.
Otra vez.
El estadio entero observando la pantalla.
Esperando.
Conteniendo la respiración.
Los jueces tardaron una eternidad.
O al menos así se sintió.
Finalmente los números aparecieron.
Y durante un segundo...
Nadie reaccionó.
Porque eran absurdos.
Simplemente absurdos.
La puntuación más alta registrada en la competencia durante los últimos cinco años.
Récord absoluto del campeonato.
El estadio explotó.
Otra vez.
Más fuerte todavía.
Porque ya no quedaban dudas.
Ninguna.
Noah Hayes y Evelyn Carter acababan de convertirse oficialmente en campeones nacionales.
Evelyn rompió a llorar inmediatamente.
Noah intentó mantenerse fuerte.
Duró aproximadamente cuatro segundos.
Después también se emocionó.
Y ambos terminaron abrazados en medio del caos.
Porque aquel momento pertenecía a los dos.
A todo lo que habían vivido.
A todas las veces que quisieron rendirse.
A todas las veces que no lo hicieron.
Más tarde llegó la ceremonia de premiación.
La pista estaba iluminada por focos brillantes.
Las tribunas seguían llenas.
La emoción seguía viva.
Y cuando llamaron sus nombres...
El estadio se puso de pie.
Otra vez.
Noah tomó la mano de Evelyn.
Y juntos subieron al escalón más alto del podio.
El primer lugar.
El lugar con el que habían soñado.
El lugar que parecía imposible meses atrás.
Las medallas fueron colocadas alrededor de sus cuellos.
Pesadas.
Frías.
Reales.
Y cuando sonó el himno...
Evelyn sintió lágrimas otra vez.
Porque acababa de comprender algo.
Aquello no era el final.
Era el comienzo.
Después de la ceremonia, Richard los reunió en una sala privada.
Y por la expresión de su rostro quedó claro que no era una conversación cualquiera.
La puerta se cerró.
El ambiente cambió.
Todos lo sintieron.
Richard apoyó una carpeta sobre la mesa.
—La persona detenida habló.
Noah intercambió una mirada con Evelyn.
Aquí estaba.
La respuesta.
O parte de ella.
Richard abrió la carpeta lentamente.
—Su nombre es Ryan Mercer.
Un antiguo patinador de élite.
Todos escuchaban atentamente.
—Su carrera terminó después de una serie de decisiones manipuladas por Thomas Reed.
Ava cerró los ojos.
Porque aquello seguía creciendo.
Cada vez más.
Cada vez peor.
Richard continuó.
—Ryan desarrolló una obsesión.
Creía que todos los campeones que surgieron bajo aquel sistema eran culpables.
Aunque no lo fueran.
Noah apretó la mandíbula.
Entendiendo.
Pero todavía había algo que no encajaba.
Y Richard lo sabía.
—Sin embargo...
Silencio.
—Ryan insiste en que alguien le proporcionó información.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Qué clase de información?
Richard levantó lentamente la vista.
—Información privada.
Horarios.
Ubicaciones.
Movimientos.
Detalles que jamás debería haber conocido.
El corazón de Noah se aceleró.
Porque aquello significaba una sola cosa.
Alguien desde dentro.
Alguien cercano.
Alguien que todavía no habían identificado.
La reunión terminó una hora después.
Sin respuestas definitivas.
Sin nombres.
Sin certezas.
Solo nuevas preguntas.
Pero aquella noche, por primera vez en mucho tiempo...
Noah decidió apartarlas.
Solo por unas horas.
Porque tenía algo más importante que hacer.
Encontró a Evelyn sola en la pista vacía.
Todavía con la medalla colgando de su cuello.
Mirando el hielo.
Sonriendo.
Él se acercó lentamente.
Y ella levantó la vista.
—Hola, campeón.
Noah sonrió.
—Hola, campeona.
Silencio.
Cómodo.
Feliz.
Y entonces Evelyn hizo una pregunta sencilla.
Una que cambió todo.
—¿Y ahora qué sigue?
Noah observó la pista.
Después la medalla.
Después a ella.
Y finalmente sonrió.
Porque por primera vez...
La respuesta no le daba miedo.
—Ahora vamos por el mundo.
Y sin saberlo...
Acababan de abrir la puerta al siguiente gran desafío de sus vidas.
Porque la selección para el campeonato internacional estaba a punto de anunciarse.
Y alguien muy poderoso acababa de fijarse en ellos.




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