Deslizándome hacia ti

Capitulo 94: El hombre que eligió ser padre

El silencio fue devastador.
No el silencio de una habitación.
Ni el de un bosque.
Ni el de una noche sin viento.
Era el silencio de una vida entera rompiéndose.
Evelyn permaneció inmóvil.
Las palabras seguían resonando dentro de su cabeza.
Arthur Blackwood es tu padre.
Una y otra vez.
Como un eco imposible de detener.
Porque no tenían sentido.
Porque no podían ser ciertas.
Porque si eran ciertas...
Entonces todo había cambiado.
Todo.
Pero en medio de aquel caos...
Hubo algo que permaneció intacto.
Richard.
El hombre que había estado allí toda su vida.
El hombre que le enseñó a caminar.
El hombre que curó sus heridas.
El hombre que celebró cada triunfo.
El hombre que nunca se fue.
Evelyn giró lentamente la cabeza hacia él.
Y encontró exactamente lo que esperaba.
No miedo.
No enojo.
No resentimiento.
Solo amor.
El mismo amor de siempre.
Y aquello terminó de romperle el corazón.
—¿Lo sabías?
preguntó con la voz quebrada.
Richard cerró los ojos.
Y asintió.
Muy lentamente.
—Sí.
La respuesta cayó como una piedra.
—¿Desde cuándo?
—Desde antes de que nacieras.
Las lágrimas comenzaron a caer nuevamente.
Porque aquella verdad había vivido junto a ella toda su vida.
Oculta.
Silenciosa.
Esperando.
Arthur permanecía inmóvil.
No se acercó.
No intentó justificar nada.
No intentó reclamar nada.
Porque incluso él comprendía que no tenía derecho.
No después de todo lo ocurrido.
No después de veinte años.
No después de perseguir a Emily.
—¿Por qué?
preguntó Evelyn.
Mirándolo directamente.
—¿Por qué hiciste todo esto?
Arthur pareció envejecer diez años.
—Porque fui un cobarde.
Nadie esperaba aquella respuesta.
Ni siquiera Emily.
Arthur soltó una risa amarga.
—Pasé años convenciéndome de que todo era culpa de alguien más.
Bajó la mirada.
—De Richard.
—De Michael.
—De ti.
dijo observando a Emily.
—Pero la verdad era mucho más simple.
Silencio.
—Yo tomé cada una de esas decisiones.
Por primera vez desde que había aparecido...
No parecía el Director.
No parecía el hombre más poderoso de la organización.
No parecía una leyenda.
Parecía simplemente un hombre destruido por sus propios errores.
Emily observó a Arthur.
Y por primera vez en mucho tiempo...
Sintió lástima.
No odio.
No miedo.
Lástima.
Porque el hombre que alguna vez había sido su amigo ya no existía.
Había desaparecido años atrás.
Consumido por la ambición.
Consumido por la obsesión.
Consumido por sí mismo.
Entonces Evelyn hizo la pregunta que todos estaban evitando.
La pregunta inevitable.
—¿Por qué me buscaste ahora?
Arthur levantó lentamente la vista.
Y la respuesta apareció inmediatamente en sus ojos.
Tristeza.
Una tristeza inmensa.
—Porque me estoy muriendo.
El bosque pareció quedarse sin aire.
Samuel cerró los ojos.
Como si ya conociera aquella respuesta.
Porque la conocía.
Arthur sonrió débilmente.
—Supongo que Michael no fue el único.
Evelyn no respondió.
No sabía cómo hacerlo.
Porque aquella revelación no despertaba satisfacción.
Ni alivio.
Ni siquiera venganza.
Solo confusión.
—No vine para que me perdones.
continuó Arthur.
—No vine para que me aceptes.
—Entonces, ¿para qué viniste?
preguntó Noah.
Arthur observó a Emily.
Luego a Richard.
Y finalmente a Evelyn.
—Para terminar con esto.
Silencio.
—De verdad.
Entonces sacó un pequeño dispositivo de memoria de su bolsillo.
Un pendrive negro.
Nada llamativo.
Nada especial.
Y aun así...
Todos lo observaron.
Porque sabían.
Sabían que aquello era importante.
Muy importante.
Arthur lo dejó sobre la mesa.
—Toda la organización.
Walter se tensó.
—¿Qué?
—Nombres.
Cuentas.
Operaciones.
Sobornos.
Todo.
El corazón de Walter comenzó a acelerarse.
Porque aquello era exactamente lo que necesitaban.
La prueba definitiva.
La prueba que Emily había intentado encontrar durante veinte años.
La prueba que podía destruir al Director.
Y a toda la estructura.
Arthur observó el dispositivo.
Y sonrió con amargura.
—Pasé décadas construyendo un imperio.
Silencio.
—Y ahora voy a entregarlo.
Nadie dijo nada.
Porque aquella era una victoria.
Pero se sentía extraña.
Incompleta.
Dolorosa.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Emily avanzó.
Lentamente.
Hasta quedar frente a Arthur.
Los dos se observaron durante varios segundos.
Dos sobrevivientes de una guerra que había durado demasiado.
Y finalmente Emily habló.
—Michael tenía razón sobre ti.
Arthur frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Emily sonrió tristemente.
—Que todavía quedaba algo bueno dentro de ti.
Arthur bajó la mirada.
Y por primera vez en décadas...
Pareció incapaz de sostener el peso de sus propias lágrimas.
Pero antes de que alguien pudiera decir algo más...
Un disparo rompió el silencio del bosque.
¡BANG!
El sonido explotó entre los árboles.
Todos se agacharon instintivamente.
Todos menos Arthur.
Porque el impacto ya lo había alcanzado.
Y mientras caía de rodillas sobre la tierra húmeda...
La figura oculta entre los árboles bajó lentamente el arma.
La misma figura que había estado observando todo el tiempo.
La misma figura que jamás tuvo intención de dejar que Arthur hablara.
Porque alguien más...
Mucho más peligroso...
Acababa de entrar en la historia.




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