Despertar

#6

     Marcos los alcanza hecho una furia, respira con fuerza, tiene los músculos tensos, y su voz, su voz parece un trueno. 
 


 

—Suéltala Caleb, o te juro que te mato— tiene los dientes apretados, la voz ronca.
 


 

Caitlin ya no sabe que pensar o hacer, solo tiene fuerzas para llorar en silencio, porque incluso el sonido de su miedo se resiste a salir. Alza la vista hacia el rostro de Caleb y se encuentra con su mirada, una mirada oscura, aterradora, tiene los ojos totalmente negros, no puede saber dónde termina la pupila, todo es completamente negro. Ahoga un grito en su garganta y baja la vista automáticamente. 
 


 

—Lo siento Caitlin, esta no era la idea— le susurra Caleb y al menos su voz es la misma.
 


 

—Bájala Caleb, no pienso repetirlo—
 


 

—Muéstrale lo que eres Marcos, es lo único que necesito.
 


 

—No— responde Marcos y Caitlin se estremece cada vez que escucha su voz.
 


 

  Caleb la colocó en el suelo pero no suelta su muñeca enrojecida por el agarre.
 


 

—No la dejaré ir, no hasta que te muestres, muéstrame tu verdadera naturaleza. ¿Crees que no me di cuenta en cuanto la vi? Se lo que es ella, y se lo diré, merece saberlo, pero si solo le digo no me creerá, necesita pruebas.
 


 

—¿Por qué quieres arruinar su vida Phillips, qué te ha hecho ella?
 


 

—Nada, pero necesito toda la ayuda posible, ella no es la única, hay otra y tú lo sabes.
 


 

—Por favor— pide Caitlin con voz temblorosa y forzándola a salir de sus labios —Por favor déjenme ir y no volveré a cruzarme frente a ustedes, haré como que no vi nada.
 


 

—Caitlin— dice Marcos con la mirada triste
 


 

—Que sea por las malas entonces. 
 


 

  Se rinde Caleb acercándo los colmillos notablemente aumentados de tamaño al cuello de la chica que se estremece con el roce. No la muerde, tampoco iba a hacerlo, pero la simple posibilidad de que lo hiciera desata algo dentro de Marcos que cae al suelo y su cuerpo comienza a contorsionarse, su mirada no es de dolor, sino de rabia.
 


 

—Caitlin— dice Caleb colocándose frente a ella —luego de que se transforme, si no lo detienes, me matará —revela. 
 


 

—¿Detenerlo?— su respiración es frenética y sus palabras se quiebran por el llanto —¿Cómo, qué son ustedes, qué le está pasando?— pregunta señalando al chico a unos metros de ellos. 
 


 

  El cuerpo de Marcos está ahora totalmente cubierto por escamas bermejas y relucientes, como un sin fin de piedras preciosas reluciendo bajo la luz del sol. Una fina línea de púas comienza a extenderse desde la base de la cabeza, a lo largo de su columna y luego en forma de una larga cola. El lugar que antes ocupaba el muchacho lo ocupa ahora un pequeño dragón,  de un momento a otro la criatura comienza a ensancharse y a crecer, de forma rápida y descomunal. Caitlin observaba sorprendida, confusa, maravillada, pero sobre todo aterrada. El animal levanta la vista y clava la mirada en los ojos de la chica que siente como si su corazón se detuviera —¿Marcos?— susurra temiendo que la ataque. 
 


 

  El majestuoso dragón frente a ellos es realmente hermoso, ahora su cuerpo está cubierto por plumas todas bermejas relucientes, sus ojos son como los de una serpiente y la mira fijamente. Luego fija la vista en Caleb y se abalanza hacia él. Caitlin recuerda lo que el chico había dicho y la palabra sale de su boca en un grito. 
 


 

—¡No!
 


 

  Dice alzando los brazos y colocándose frente a Caleb, lo último que necesita ahora  es presenciar un asesinato. El animal se detiene y vuelve a mirarla fijamente.
 


 

«Lo que usted diga» resuena una voz en sus pensamientos, la voz de Marcos. Los ojos de la chica se abren todo lo que son capaces y casi cae inconsciente al suelo.
 


 

—Caleb. ¿Qué acaba de pasar?— pregunta reuniendo fuerzas para no desplomarse sobre si misma
 


 

—No lo se, dímelo tú —responde el muchacho cuyos ojos han vuelto a la normalidad y la observaban expectantes.
 


 

—E-escuché la voz de Marcos. ¿Tú no? —tartamudea
 


 

—No, yo no puedo, solo tú puedes escucharlo— luego se gira hacia el dragón —lo sabía, sabía que no eras una persona, estaba seguro, y sabía que no solo la querías, tienes un vínculo con ella, es tu señora.
 


 

«No me agrada, desháste de él Caitlin, o lo haré yo»
 


 

  Una sonrisa apareció en el rostro de la chica que aún no lograba entender nada, pero de alguna forma ya no se siente tan aterrada. 
 


 

—Dice que no le agradas.
 


 

—Eso ya lo sé, lagarto —responde Caleb sin dejar de mirar al animal a los ojos —pero lo que hice era necesario, para todos.
 


 

«No tan necesario» Dice nuevamente la voz de Marcos en los pensamientos de Caitlin
 


 

—Es su destino, y el tuyo. ¿Ccuándo pensabas adoptar tu verdadera forma?
 


 

«No ahora definitivamente», responde el dragón —No ahora —repite Caitlin
 


 

—Ese es el problema, Caitlin necesita saber quién es y no puedes ocultárselo, hay gente que la espera y sabe que está viva.
 


 

—¿Quién soy, y quién eres tú? —pregunta la chica de pronto interesada en el tema.
 


 

—Eres una elfa, perteneciente a la raza de los altos elfos, una domadora de dragones.
 


 

—Eso no tiene sentido.
 


 

—Yo soy un vampiro, tienes en frente un dragón y dices que esto no tiene sentido, por eso necesitaba pruebas.
 




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