Despierta tu Conciencia

CAPÍTULO 20 Cuando dejas de perseguir afuera lo que necesita nacer dentro

Hay una etapa en el despertar de la conciencia en la que comenzamos a descubrir algo que, al principio, puede resultar incómodo:

hemos pasado demasiado tiempo buscando afuera aquello que necesitábamos encontrar dentro.

Buscamos aprobación.

Reconocimiento.

Éxito.

Dinero.

Compañía.

Respuestas.

Personas que nos hagan sentir importantes.

Palabras que nos confirmen que somos suficientes.

Logros que nos permitan descansar por un instante.

Y cuando conseguimos algo, sentimos alivio.

Pero el alivio dura poco.

Entonces aparece otra necesidad.

Otro objetivo.

Otra comparación.

Otra meta.

Otra persona cuya aprobación necesitamos.

Y volvemos a buscar.

Como quien bebe agua salada para calmar la sed.

Cada vez necesitamos un poco más.

Hasta que un día nos detenemos y preguntamos:

“¿Por qué, si tengo algunas de las cosas que creía necesitar, sigo sintiendo que me falta algo?”

Quizá la respuesta no esté en aquello que falta.

Quizá esté en aquello que nunca aprendimos a construir dentro.

Había una mujer llamada Julia que había dedicado gran parte de su vida a demostrar que podía.

Cuando era niña quería ser la mejor alumna.

Cuando creció quiso conseguir el mejor trabajo.

Después quiso tener una casa hermosa.

Luego quiso que su familia estuviera orgullosa.

Cada logro le producía felicidad.

Pero también una nueva exigencia.

Cuando consiguió un ascenso, pensó:

“Ahora sí.”

Pero unos meses después apareció otro objetivo.

Cuando compró la casa que había deseado durante años, pensó:

“Ahora podré descansar.”

Pero comenzó a preocuparse por las reparaciones, los gastos y lo que los demás pensarían.

Cuando recibió reconocimiento, sintió alegría.

Después miedo a perderlo.

Su vida parecía avanzar.

Pero interiormente siempre estaba corriendo.

Un día una amiga le preguntó:

—¿Cuándo vas a sentir que es suficiente?

Julia respondió sin pensar:

—Cuando consiga todo lo que quiero.

La amiga la miró.

—¿Y si el problema es que siempre vas a querer algo más?

Julia no respondió.

Aquella pregunta le molestó.

Pero precisamente por eso siguió pensando en ella.

Vivimos en una cultura que muchas veces confunde tener más con ser más.

Más dinero.

Más seguidores.

Más reconocimiento.

Más propiedades.

Más experiencias.

Más productividad.

Más títulos.

Más éxito.

No hay nada malo en querer mejorar nuestra vida.

El problema aparece cuando convertimos cada logro en una prueba de nuestro valor.

Entonces ya no perseguimos metas.

Perseguimos identidad.

“Si consigo esto, valdré.”

“Si me eligen, significará que soy suficiente.”

“Si gano, demostraré que puedo.”

“Si me aman, sabré que soy digno.”

Y esa búsqueda puede agotarnos.

Porque estamos intentando obtener afuera una certeza que debería construirse dentro:

“Mi valor no depende completamente de lo que consigo.”

Julia comenzó a observar sus pensamientos.

Descubrió algo.

Cuando alguien la felicitaba, se sentía bien.

Pero inmediatamente necesitaba otra confirmación.

Cuando alguien no respondía a un mensaje, imaginaba que había hecho algo mal.

Cuando una persona la criticaba, podía pasar días pensando en ello.

Su estado interior estaba demasiado conectado con las opiniones externas.

Entonces empezó un ejercicio.

Cada noche escribía:

“Hoy hice algo valioso aunque nadie lo haya visto.”

Al principio le costaba.

Después comenzó a encontrar respuestas.

“Escuché a mi hija.”

“Cumplí una promesa.”

“Descansé cuando lo necesitaba.”

“Dije que no.”

“Pedí perdón.”

“Terminé algo difícil.”

“Fui amable con alguien.”

“Me traté con paciencia.”

Comprendió que había cosas valiosas que nunca recibirían aplausos.

Y, sin embargo, seguían siendo valiosas.

Quizá esa sea una de las grandes diferencias entre vivir para ser visto y vivir desde la conciencia.

Cuando vivimos para ser vistos, preguntamos:

“¿Qué pensarán?”

Cuando vivimos desde la conciencia, comenzamos a preguntar:

“¿Esto está de acuerdo con quien quiero ser?”

La primera pregunta coloca nuestro centro afuera.

La segunda lo devuelve dentro.

Esto no significa ignorar completamente las opiniones de los demás.

Somos seres sociales.

Necesitamos vínculos.

Podemos aprender de las críticas.

Podemos escuchar consejos.

Podemos aceptar cuando alguien nos muestra un error.

La conciencia no significa:

“Solo importa lo que yo pienso.”

Eso también puede ser una forma de ego.

La verdadera conciencia permite escuchar sin entregar nuestra identidad.

Puedes escuchar una crítica y preguntarte:

“¿Hay algo que aprender?”

Sin concluir:

“Soy un fracaso.”

Puedes recibir un elogio y agradecerlo sin pensar:

“Ahora valgo más.”

Puedes ser rechazado sin pensar:

“No valgo nada.”

Puedes ser aceptado sin pensar:

“Ahora finalmente soy suficiente.”

Tu valor necesita raíces más profundas.

Julia descubrió que muchas de sus decisiones habían nacido del miedo a decepcionar.

Había elegido cosas porque “quedaban bien”.

Aceptado invitaciones porque no quería parecer antipática.

Comprado cosas para no sentirse menos.

Mantenido relaciones porque temía estar sola.

Dicho sí cuando quería decir no.

Y comenzó a preguntarse:

“¿Cuántas cosas de mi vida elegí realmente yo?”

La pregunta fue dolorosa.

Pero también liberadora.




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