Despierta tu Conciencia

EPÍLOGO Después de despertar

Quizá hayas llegado hasta estas últimas páginas buscando respuestas.

Tal vez buscabas paz.

Una señal.

Una explicación.

Una manera de comprender aquello que te ha sucedido.

Quizá llegaste cansado.

Con preguntas que no habías podido compartir con nadie.

Con heridas que todavía duelen.

Con sueños que parecían demasiado lejanos.

O simplemente con la sensación de que había algo dentro de ti que pedía despertar.

Si fue así, quiero decirte algo antes de despedirme:

no necesitas tener todas las respuestas para comenzar a vivir de una manera diferente.

A veces creemos que primero debemos comprenderlo todo y después actuar.

Pero la vida suele enseñarnos al revés.

Primero damos un pequeño paso.

Después comprendemos.

Primero perdonamos lo que podemos.

Después entendemos cuánto peso llevábamos.

Primero ponemos un límite.

Después descubrimos cuánto necesitábamos respetarnos.

Primero aprendemos a estar en silencio.

Después escuchamos aquello que llevábamos años intentando decirnos.

Primero comenzamos.

Después descubrimos quiénes podemos llegar a ser.

Durante este viaje hablamos de heridas, pérdidas, esperanza, gratitud, amor, límites, perdón, presencia, silencio y conciencia.

Pero debajo de todos esos temas existía una misma pregunta:

¿Cómo queremos vivir mientras estamos aquí?

Porque nadie puede responder esa pregunta por nosotros.

Podemos recibir consejos.

Podemos escuchar historias.

Podemos aprender de quienes caminaron antes.

Podemos buscar orientación espiritual.

Podemos leer cientos de libros.

Pero llegará un momento en que tendremos que cerrar todas las páginas y mirar nuestra propia vida.

Ahí comienza el verdadero aprendizaje.

Quizá este libro no haya cambiado tus circunstancias.

Y no tenía que hacerlo.

Ningún libro puede prometerte eso.

Pero quizá haya cambiado alguna pregunta.

Quizá ahora, cuando algo difícil ocurra, en lugar de preguntarte solamente:

“¿Por qué me sucede esto?”

también puedas preguntarte:

“¿Cómo quiero atravesarlo?”

Quizá cuando alguien te lastime, puedas preguntarte:

“¿Necesito responder desde mi herida o desde la persona que quiero ser?”

Quizá cuando tengas miedo puedas recordar:

“No necesito saber todo el camino. Solo necesito encontrar el siguiente paso.”

Quizá cuando te sientas perdido puedas detenerte y escuchar.

Quizá cuando recibas algo hermoso puedas agradecer antes de correr hacia lo siguiente.

Quizá cuando alguien necesite compañía puedas recordar que no siempre hacen falta respuestas.

A veces basta con estar.

Si algo quisiera dejarte este libro, sería una forma diferente de mirar.

Mirar a los demás con más compasión.

Mirarte a ti con menos dureza.

Mirar las dificultades sin convertirlas automáticamente en condenas.

Mirar las oportunidades antes de dejarlas pasar.

Mirar el presente antes de perderlo esperando el futuro.

Mirar el pasado sin permitir que se convierta en una prisión.

Y mirar el futuro con suficiente humildad para reconocer que todavía puede sorprenderte.

No sabemos cuántas páginas tendrá nuestra propia historia.

Nadie lo sabe.

Por eso hay palabras que no deberíamos guardar indefinidamente.

“Gracias.”

“Te quiero.”

“Perdóname.”

“Estoy aquí.”

“Necesito ayuda.”

“Te perdono.”

“Me equivoqué.”

“Estoy orgulloso de ti.”

A veces creemos que tendremos otra oportunidad para decirlas.

Pero la vida no siempre avisa cuándo una conversación será la última.

Por eso, cuando una palabra importante pueda ser dicha con amor y honestidad, no la retrases innecesariamente.

También quiero recordarte algo:

no tienes que sanar todo hoy.

No tienes que resolver toda tu vida.

No tienes que convertirte inmediatamente en la persona que sueñas ser.

No tienes que despertar completamente de una sola vez.

Habrá días en que recordarás todo lo aprendido.

Y habrá otros en que volverás a reaccionar como antes.

No te condenes.

Date cuenta.

Respira.

Corrige.

Regresa.

Eso también es despertar.

Tal vez mañana pierdas la paciencia.

Tal vez vuelvas a tener miedo.

Tal vez vuelvas a dudar.

Tal vez una vieja herida vuelva a doler.

Tal vez vuelvas a buscar aprobación.

No significa que hayas perdido todo lo avanzado.

Significa que eres humano.

La transformación verdadera no consiste en no caer nunca.

Consiste en aprender a levantarnos de otra manera.

Y si algún día vuelves a sentir que no puedes, recuerda algo que quizá hayas olvidado:

ya has atravesado días que alguna vez pensaste que no podrías superar.

Aquí estás.

Tal vez diferente.

Tal vez cansado.

Tal vez con cicatrices.

Pero aquí.

Eso también habla de tu fuerza.

No quiero que cierres este libro pensando que necesitas convertirte en alguien extraordinario.

Quiero que lo cierres recordando que puedes hacer extraordinario lo cotidiano cuando lo vives con conciencia.

Una conversación puede ser extraordinaria.

Una comida compartida.

Una caminata.

Un abrazo.

Una oración.

Una palabra amable.

Una decisión valiente.

Un límite necesario.

Una disculpa sincera.

Una segunda oportunidad.

Un momento de silencio.

Una mañana cualquiera.

La vida no siempre avisa cuándo está ocurriendo algo importante.

Muchas veces lo comprendemos después.

Por eso aprende a estar presente.

Quizá este momento que hoy parece pequeño algún día sea uno de tus recuerdos más valiosos.

Si tienes una persona que amas, díselo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.