“Incluso los corazones sensibles —los que sienten demasiado— son los que terminan contando las historias más hermosas.”
Capítulo 1La chica que vive entre libros
Siempre pensé que mi vida se parecía demasiado a una página en blanco.
No porque no pasara nada… sino porque casi todo ocurría dentro de mi cabeza.
Me llamo Azul.
Sí, como el color.
Mi madre dice que me puso ese nombre porque el día que nací el cielo estaba despejado, de ese azul profundo que parece infinito. A veces pienso que fue una decisión arriesgada. Los nombres deberían ser discretos, fáciles de esconder entre la multitud. Pero Azul siempre llama la atención.
Aunque lo irónico es que yo no.
Vivo en un pequeño departamento cerca de la universidad. No es grande ni particularmente bonito, pero tiene una ventana que da a un árbol viejo que cambia con las estaciones. En otoño se llena de hojas doradas, y en las noches tranquilas puedo escuchar cómo el viento las mueve como si alguien estuviera pasando lentamente las páginas de un libro gigante.
Tal vez por eso me gusta tanto leer.
Los libros siempre me parecieron lugares más seguros que las personas.
Las personas son impredecibles.
Dicen cosas que no sienten.
Prometen cosas que no cumplen.
Los libros, en cambio, son honestos desde la primera página.
Mi habitación está llena de ellos. Algunos apilados en el suelo, otros en repisas improvisadas hechas con tablas que mi amiga Lucía clavó un día porque dijo que ya no soportaba verme usar montones de novelas como mesita de noche.
Lucía es mi compañera de departamento.
También es, probablemente, mi opuesto exacto.
Ella sale.
Ella conoce gente.
Ella tiene un novio que la llama cada noche.
Yo tengo marcadores de páginas.
—Azul, te juro que un día te voy a sacar de esta cueva —me dijo una vez mientras se maquillaba frente al espejo de la sala.
—No es una cueva —respondí sin levantar la vista de mi libro.
—¿Ah no? Entonces dime por qué llevas tres días sin salir.
Pasé la página con calma.
—Porque estoy en la parte interesante.
Lucía suspiró, como siempre.
A veces creo que ella me mira como si fuera un proyecto que necesita reparación urgente.
No es que no me guste el mundo.
Solo… me cuesta entrar en él.
Las conversaciones con desconocidos me ponen nerviosa. Las fiestas me abruman. Y las citas… bueno, las citas siempre han sido algo que observo desde lejos, como una escena en una película.
Pero eso no significa que no crea en el amor.
De hecho, creo demasiado.
Tal vez por eso me refugio tanto en los libros.
Porque en los libros el amor siempre encuentra la manera.
Aunque tenga que atravesar ciudades, guerras, malentendidos o años de silencio.
Siempre llega.
En la vida real, en cambio…
Bueno.
En la vida real las personas dejan de responder mensajes.
✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨✨
Tal vez se parezca a otras historias pero está duele un poquito más por qué pasó en vida real
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Editado: 09.03.2026