Después de Daniel

Capitulo 3

“A veces el camino que parece un error es el mismo que nos enseña a conocernos de verdad.”

Capítulo 3 La aplicación de citas

Nunca pensé que descargaría una aplicación de citas.

No porque estuviera en contra de ellas… sino porque siempre me parecieron algo que le pasaba a otras personas. Personas más valientes, más seguras, más acostumbradas a hablar con desconocidos.

No a mí.

Pero ahí estaba.

El ícono de la aplicación brillaba en la pantalla de mi teléfono como si estuviera esperando que hiciera algo.

Lucía se asomó por encima de mi hombro.

—Ábrela.

—No.

—Azul.

—Lucía.

—Solo mira.

Suspiré.

Abrí la aplicación.

Lo primero que apareció fue una pantalla que decía:

“Crea tu perfil.”

Sentí una presión extraña en el pecho.

—Esto es raro —murmuré.

—No es raro —dijo Lucía—. Es normal. Millones de personas conocen a alguien así.

—Yo no soy millones de personas.

—No, tú eres Azul. Y Azul necesita salir un poco al mundo.

La miré.

—Esto no cuenta como salir al mundo.

—Es el primer paso.

Volví a mirar el teléfono.

La aplicación me pedía una foto.

—No tengo fotos buenas.

Lucía soltó una carcajada.

—Tienes como mil fotos leyendo en el parque.

—Eso no es atractivo.

—Para alguien sí lo será.

Terminamos eligiendo una donde estoy sentada bajo un árbol con un libro abierto en las manos. No estoy mirando a la cámara. Lucía dijo que eso hacía que se viera misteriosa.

Yo dije que se veía tímida.

Tal vez eran lo mismo.

Luego vino la parte más difícil.

“Escribe algo sobre ti.”

Me quedé mirando el espacio en blanco.

—¿Qué pongo?

Lucía se sentó a mi lado.

—Algo simple. Algo que seas tú.

Pensé un momento.

Y escribí:

"Me gustan los libros, el silencio de las tardes y las conversaciones que duran horas."

Lucía leyó la frase.

—Eso suena muy tú.

—¿Eso es bueno o malo?

—Depende de quién lo lea.

Cuando terminé el perfil, la aplicación comenzó a mostrar rostros.

Personas.

Desconocidos.

Cada uno con pequeñas frases sobre su vida.

Deslicé el dedo con cuidado, como si pudiera romper algo.

Uno.

Otro.

Otro.

Algunos parecían divertidos, otros demasiado seguros de sí mismos, otros simplemente no me inspiraban nada.

Después de unos minutos dejé el teléfono sobre la mesa.

—Creo que esto no es para mí.

Lucía rodó los ojos.

—Azul, apenas llevas cinco minutos.

—Exactamente.

Me levanté para buscar agua en la cocina.

Cuando regresé, mi teléfono vibró sobre la mesa.

Una notificación.

Lucía lo miró primero.

Su sonrisa apareció inmediatamente.

—Bueno… bueno…

Sentí un pequeño nerviosismo.

—¿Qué?

Lucía levantó el teléfono y me lo mostró.

“Tienes un nuevo match.”

Debajo del mensaje había una foto.

Un hombre con uniforme militar.

Cabello corto. Mirada tranquila.

Nombre:

Daniel.

Mi corazón dio un pequeño salto que no supe explicar.

—Mira —dijo Lucía leyendo en voz alta—. Dice que tiene 27 años.

Tragué saliva.

—Eso no significa nada.

Entonces el teléfono vibró otra vez.

Un nuevo mensaje apareció en la pantalla.

Lucía me miró con una sonrisa cómplice.

—Parece que el militar no quiere perder tiempo.

Bajé la mirada hacia el teléfono.

El mensaje decía:

“Hola, Azul. Me gusta tu foto. ¿Qué libro estabas leyendo?”

Y por primera vez en mucho tiempo…

no supe qué responder.




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