“Las historias más bonitas muchas veces comienzan con algo pequeño… como un simple mensaje.”
Un mensaje inesperado
Nunca pensé que un mensaje de un desconocido pudiera ponerme tan nerviosa.
El teléfono estaba frente a mí sobre la mesa, iluminando suavemente la sala del departamento. Lucía había salido con su novio, así que el lugar estaba en silencio. Solo se escuchaba el ventilador girando lentamente y el ruido lejano de algunos carros pasando por la calle.
Y mi teléfono.
Con el mensaje de Daniel.
"Hola, Azul. Me gusta tu foto. ¿Qué libro estabas leyendo?"
Lo leí una vez.
Luego otra.
Después lo bloqueé y desbloqueé como si el mensaje fuera a desaparecer.
Mi corazón latía un poco más rápido de lo normal.
No tenía idea de qué responder.
Abrí el chat.
Lo cerré.
Volví a abrirlo.
Tal vez debería ignorarlo.
Después de todo, no conocía a ese hombre. Era solo alguien que había visto mi foto y decidió escribirme. Nada más.
Pero algo en la forma en que preguntó por el libro me hizo detenerme.
No preguntó por mi cuerpo.
No preguntó si vivía sola.
No preguntó cosas raras.
Preguntó por el libro.
Suspiré y finalmente escribí:
"Orgullo y prejuicio."
Miré el mensaje unos segundos antes de enviarlo.
Luego presioné enviar.
Y automáticamente me arrepentí.
Dejé el teléfono boca abajo sobre la mesa, como si eso pudiera borrar lo que acababa de hacer.
Cinco segundos después…
vibró.
Lo volteé con cuidado.
Daniel había respondido.
"¿En serio? Entonces ya empezamos bien."
Fruncí el ceño.
"¿Por qué?" escribí.
La respuesta llegó casi de inmediato.
"Porque una chica que lee a Jane Austen probablemente cree en el amor verdadero."
Sentí algo extraño en el pecho.
Una mezcla de sorpresa… y una pequeña sonrisa que apareció sin que me diera cuenta.
Miré la pantalla unos segundos antes de responder.
"Tal vez."
Tres puntitos aparecieron en el chat.
Daniel estaba escribiendo.
"¿Tal vez?"
"Bueno" escribí, "en los libros el amor siempre termina bien."
Hubo unos segundos de silencio.
Luego llegó su respuesta.
"En la vida real también puede terminar bien."
No supe por qué esa frase se quedó resonando en mi cabeza.
Quizás porque nadie me lo había dicho así antes.
Quizás porque quería creerlo.
Apoyé la espalda en el sofá mientras miraba el teléfono.
La conversación continuó.
Daniel me contó que era militar y que a veces tenía turnos largos, pero que le gustaba leer cuando tenía tiempo libre. Me preguntó por la universidad, por mi carrera, por los lugares que me gustaban.
No parecía apresurado.
No parecía incómodo.
Era… fácil.
Extrañamente fácil.
Cuando miré el reloj ya habían pasado casi dos horas.
Dos horas hablando con alguien que, técnicamente, todavía era un completo desconocido.
Pero no se sentía así.
Antes de irse, Daniel escribió un último mensaje.
"Me gustó hablar contigo, Azul."
Sentí algo suave dentro del pecho.
Algo que no sentía desde hacía tiempo.
Respondí:
"A mí también."
Apagué el teléfono y lo dejé sobre la mesa.
La sala volvió a quedarse en silencio.
Pero por alguna razón… ese silencio ya no se sentía igual.
Porque en algún lugar del mundo, al otro lado de una pantalla…
había alguien que sabía que existía.
Y no tenía idea de que ese pequeño detalle iba a cambiar muchas cosas.
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Editado: 09.03.2026