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“El corazón humano tiene una capacidad hermosa: incluso después de una ilusión, puede volver a creer.”
Nunca imaginé que alguien pudiera ocupar tanto espacio en mi vida sin haber estado nunca en la misma habitación que yo.
Y, sin embargo, Daniel estaba en todas partes.
En mi teléfono.
En mis pensamientos.
En esos pequeños momentos del día en los que, sin darme cuenta, abría la aplicación solo para ver si había escrito algo.
No siempre lo hacía.
Daniel tenía días largos en el trabajo. A veces desaparecía por horas, incluso por un día completo. Pero cuando volvía, siempre había un mensaje.
"¿Cómo estuvo tu día, Azul?"
"Hoy pensé en algo que dijiste ayer."
"¿Terminaste el libro?"
Cosas simples.
Pero suficientes para hacer que mi corazón reaccionara como si fueran importantes.
Y para mí lo eran.
Una tarde estaba sentada en la biblioteca de la universidad, intentando concentrarme en un artículo que debía leer para clase, cuando mi teléfono vibró.
Daniel.
Lo abrí inmediatamente.
"Hoy vi un café que te gustaría."
Fruncí el ceño.
"¿Por qué?" escribí.
Su respuesta llegó segundos después.
"Tenía una estantería llena de libros."
Sentí una sonrisa formarse sin poder evitarlo.
Lucía estaba sentada frente a mí, fingiendo estudiar, pero en realidad observándome.
—Ahí está —murmuró.
Levanté la vista.
—¿Qué?
—Esa sonrisa.
—¿Qué sonrisa?
—La sonrisa que aparece cuando Daniel te escribe.
Intenté disimular.
—Estamos hablando, nada más.
Lucía cerró su cuaderno lentamente.
—Azul.
—¿Qué?
—Te estás ilusionando.
Negué con la cabeza.
—No.
Pero incluso mientras decía esa palabra, una pequeña voz dentro de mí sabía que Lucía tenía razón.
Porque la verdad era que yo ya empezaba a imaginar cosas.
A veces me preguntaba cómo sería conocerlo.
Si su voz sería igual de tranquila que sus mensajes.
Si su sonrisa sería como en la foto.
Si nuestras conversaciones serían tan fáciles cara a cara como lo eran a través de la pantalla.
Una noche, mientras hablábamos, Daniel escribió algo que me hizo detenerme.
"Algún día deberíamos tomar un café."
Sentí ese pequeño salto en el pecho otra vez.
Leí el mensaje tres veces.
"Tal vez." respondí.
Daniel tardó un poco más de lo normal en contestar.
Luego apareció otro mensaje.
"Me gustaría."
Apoyé la cabeza contra el respaldo del sofá mientras miraba el teléfono.
Afuera, la noche estaba tranquila.
Dentro del apartamento, todo estaba en silencio.
Y por primera vez en mucho tiempo pensé algo que me sorprendió a mí misma.
Tal vez…
solo tal vez…
esto podría convertirse en algo real.
Lucía apareció en la sala justo en ese momento.
Me miró unos segundos.
—No me digas nada —dijo.
—¿Qué?
—Ya estás imaginando su cara cuando te vea.
La miré con sorpresa.
—¿Cómo sabes eso?
Lucía sonrió.
—Porque todas las historias empiezan así.
Volví a mirar el teléfono.
El chat con Daniel seguía abierto.
Los mensajes se veían tan simples en la pantalla.
Palabras pequeñas.
Conversaciones normales.
Pero dentro de mí estaban empezando a convertirse en algo mucho más grande.
Algo que todavía no sabía nombrar.
Algo que crecía lentamente…
en el espacio invisible entre dos personas que aún no se conocían de verdad.
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Editado: 09.03.2026