Después de Daniel

Capitulo 8


“La intuición es un susurro que Dios pone en el corazón para protegernos, incluso cuando no queremos escucharlo.

Capítulo 8Las primeras señales

Las cosas no cambiaron de un día para otro.

Si lo hubieran hecho, tal vez habría sido más fácil verlo.

Pero los cambios pequeños son peligrosos.

Porque llegan despacio.
Casi en silencio.

Y cuando finalmente te das cuenta… ya estás demasiado involucrada.

Al principio, hablar con Daniel era fácil.

Natural.

Los mensajes llegaban durante el día, pero las conversaciones largas siempre ocurrían por la noche. Era como si ese momento, cuando el mundo se calmaba, fuera solo nuestro.

Yo me sentaba en el sofá con una taza de té o con algún libro abierto en las piernas, aunque casi nunca terminaba leyendo.

Porque siempre terminaba hablando con él.

Pero un día noté algo extraño.

No respondió.

Había pasado toda la tarde esperando un mensaje que no llegó.

No era la primera vez que Daniel tardaba en responder, pero normalmente dejaba alguna señal.

"Hoy tengo un turno largo."
"Tal vez no pueda hablar mucho."

Ese día no hubo nada.

El chat quedó en silencio.

Intenté convencerme de que no era importante.

Las personas tienen vida. Trabajo. Cosas que hacer.

No pueden estar todo el tiempo en el teléfono.

Pero eso no evitó que mirara la pantalla más veces de las que quería admitir.

Una.

Dos.

Diez.

Cada vez esperando ver la pequeña notificación aparecer.

Cuando finalmente llegó, ya era casi medianoche.

El teléfono vibró en la mesa.

Mi corazón dio un pequeño salto.

Daniel.

Abrí el mensaje inmediatamente.

"Hola."

Solo eso.

Fruncí el ceño.

Antes, Daniel solía escribir algo más.

Una pregunta.

Una frase completa.

Pero no dije nada.

"Hola" respondí.

Pasaron unos minutos.

Luego llegó otro mensaje.

"¿Qué haces?"

Miré el reloj.

11:52 p.m.

"Estaba leyendo."

Su respuesta llegó rápido.

"¿Sola?"

Me quedé mirando la pantalla unos segundos.

La pregunta no era extraña… pero algo en la forma en que estaba escrita me hizo sentir una pequeña incomodidad.

Tal vez estaba imaginando cosas.

"Sí."

Hubo una pausa.

Luego apareció otro mensaje.

"Debe ser lindo verte así."

Sentí un pequeño calor subir por mi cuello.

No era exactamente un cumplido.

Pero tampoco era algo desagradable.

Aun así… era diferente.

Antes hablábamos de libros, de música, de nuestras vidas.

Ahora la conversación parecía moverse hacia otro lugar.

Intenté cambiar el tema.

"¿Cómo estuvo tu día?"

Daniel respondió después de unos segundos.

"Largo."

Luego escribió:

"Pero hablar contigo lo mejora."

Esa frase suavizó un poco la incomodidad que había sentido.

Tal vez solo estaba cansado.

Tal vez yo estaba pensando demasiado.

Las noches siguientes volvieron a ser normales.

Hablamos de películas.

De la comida que nos gustaba.

De los lugares que queríamos visitar algún día.

Y poco a poco dejé de pensar en aquella conversación.

Hasta que ocurrió otra vez.

Una noche estábamos hablando de viajes.

Daniel me contó que por su trabajo había estado en varias ciudades.

Yo le dije que siempre había querido conocer el mar en invierno, cuando las playas están vacías y el viento sopla fuerte.

Daniel respondió:

"Algún día deberíamos ir."

Mi corazón dio un pequeño salto.

"Tal vez."

Pasaron unos segundos.

Luego llegó otro mensaje.

"¿Te gusta la idea de viajar conmigo?"

Sentí una mezcla extraña de emoción y nervios.

"No te conozco tanto." escribí.

Daniel respondió con rapidez.

"Podríamos arreglar eso."

Antes de que pudiera pensar demasiado, llegó otro mensaje.

Uno diferente.

"¿Cómo te imaginas que sería verme en persona?"

Me quedé mirando la pantalla.

No era una pregunta simple.

Tenía algo más.

Algo que no supe explicar.

Intenté responder de forma ligera.

"Supongo que normal."

Daniel envió un emoji riendo.

Luego escribió:

"No creo que sería tan normal."

Sentí otra vez esa pequeña incomodidad.

Era sutil.

Pequeña.

Pero estaba ahí.

Como una piedra diminuta dentro del zapato que todavía no duele lo suficiente como para detenerte… pero sí lo suficiente como para que notes que algo no está del todo bien.

Lucía apareció en la sala en ese momento.

Se sentó frente a mí y me miró.

—¿Daniel?

Asentí.

—¿Todo bien?

Dudé.

—Sí… creo.

Lucía entrecerró los ojos.

—Eso no sonó muy convincente.

Miré el teléfono.

El chat seguía abierto.

Daniel estaba escribiendo otra vez.

"Debes ser muy linda cuando te sonrojas."

Sentí que mis mejillas se calentaban de verdad.

Lucía levantó una ceja.

—Azul.

—¿Qué?

—Te estás sonrojando.

Negué con la cabeza.

—No.

Lucía suspiró.

—Solo… presta atención.

—¿A qué?

Lucía se encogió de hombros.

—A las señales.

Volví a mirar la pantalla.

En ese momento no parecía haber nada malo.

Nada realmente alarmante.

Solo pequeños cambios.

Pequeñas frases.

Pequeñas incomodidades.

Pero ahora lo sé.

Esas eran las primeras señales.




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