Después de Daniel

Capitulo 9


“A veces nos alejamos un poco de nosotros mismos para no perder a alguien… hasta que entendemos que no vale la pena perderse a uno mismo.”

Capítulo 9Las conversaciones incómodas

Las primeras señales habían sido pequeñas.

Casi invisibles.

Pero después comenzaron a aparecer con más frecuencia.

Y yo… comencé a notarlas.

Una noche estaba acostada en mi cama con el teléfono sobre el pecho. La luz de la pantalla iluminaba débilmente el techo mientras esperaba que Daniel respondiera.

Habíamos estado hablando de cosas normales.

De su día.

De la universidad.

De una película que Lucía me había obligado a ver.

Entonces, de repente, la conversación cambió.

Daniel:
"¿Estás en tu habitación?"

Miré el mensaje unos segundos.

"Sí."

Pasaron apenas unos segundos antes de que respondiera.

"¿Sola?"

Sentí esa pequeña incomodidad otra vez.

La misma que había sentido días atrás.

"Sí."

Tres puntitos aparecieron.

Daniel estaba escribiendo.

"Debe ser bonito verte así."

Mi estómago se tensó un poco.

Antes, cuando Daniel hablaba conmigo, siempre parecía interesado en lo que pensaba, en lo que leía, en cómo me sentía.

Ahora parecía interesado en cómo me veía.

Intenté ignorarlo.

"Estoy leyendo."

Su respuesta llegó rápido.

"¿Qué llevas puesto?"

Sentí un calor incómodo subir por mi cuello.

Dejé el teléfono sobre la cama por unos segundos, como si eso pudiera hacer desaparecer la pregunta.

Pero seguía ahí.

Mirándome desde la pantalla.

Sabía que podía ignorarlo.

Sabía que podía cambiar el tema.

Pero también sabía algo más.

Tenía miedo.

Miedo de que si decía que no…
si ponía un límite…
si dejaba claro que esa conversación no me gustaba…

Daniel podría irse.

Y la idea de perderlo me dolía más de lo que quería admitir.

Así que respondí algo simple.

"Un pijama."

La respuesta llegó casi inmediatamente.

"Me gustaría verte."

Sentí un pequeño nudo en el pecho.

No era una conversación que me hiciera sentir cómoda.

Pero tampoco quería detenerla.

Porque cada vez que Daniel escribía algo amable después de esos momentos, el malestar desaparecía un poco.

Como si todo volviera a estar bien.

Daniel:
"Debes verte muy linda."

Miré la pantalla en silencio.

Lucía apareció en la puerta de mi habitación justo en ese momento.

—¿Sigues hablando con el militar?

Asentí.

Ella caminó hacia la cama y se sentó a mi lado.

—¿Todo bien?

Dudé un momento.

—Sí.

Lucía miró mi expresión con atención.

—Azul.

—¿Qué?

—Esa cara no es de “todo bien”.

Miré el teléfono otra vez.

El chat seguía abierto.

Daniel:
"A veces imagino cómo sería estar contigo."

Sentí un pequeño peso en el pecho.

No era exactamente desagradable.

Pero tampoco era lo que yo había imaginado cuando comenzamos a hablar.

Lucía me observaba en silencio.

—¿Qué te está diciendo?

—Nada —respondí rápido.

Lucía suspiró.

—Azul, no tienes que seguir hablando con alguien si algo no te gusta.

No respondí.

Porque la verdad era más complicada que eso.

No era que no me gustara hablar con Daniel.

De hecho… me gustaba mucho.

Me gustaban nuestras conversaciones.

Me gustaba cómo me hacía sentir cuando decía cosas bonitas.

Pero cada vez que la conversación tomaba ese camino… sentía algo extraño.

Como si estuviera traicionando una parte de mí misma.

Como si estuviera diciendo que sí a algo que en realidad no quería.

Aun así… volví a mirar el teléfono.

Daniel había escrito otra vez.

"Me gusta hablar contigo así."

Respiré profundo.

Y escribí una respuesta corta.

Una que no decía demasiado.

Pero que tampoco lo alejaba.

Porque en ese momento…
lo que más temía no era esa incomodidad.

Lo que más temía…

era perderlo.

Y todavía no entendía que ese miedo iba a hacer que, poco a poco…

me fuera perdiendo a mí misma.




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