Después de Navidad (3)

CAPÍTULO III EMMA ROGERS

EMMA ROGERS

NEW YORK 10 MESES Y 15 DÍAS DESPUÉS DE NAVIDAD

 

Siento los dedos de Audrey enredándose en mi cabello en un intento por darme alivio, pero me es como que insuficiente porque las lágrimas continúan su recorrido. Estoy harta de no ser capaz de superar al tonto de mi príncipe azul, no tan azul ni de tan reluciente armadura.

Solo han pasado 15 días y no he ido a mi trabajo, todas mis reuniones han sido por medio de plataformas virtuales y con la cámara desactivada, ya que no voy a permitir que me vean destruida por ese tonto que prefirió a la desgraciada de su ex, la misma que le destrozó el corazón y lo dejó tirado en Londres con mil problemas, que a mí.

—No llores más —pide y escondo mi cabeza entre sus piernas.

—No, déjame llorar, dicen que eso es bueno —replico y ríe por lo tonta que últimamente me he estado escuchando.

—No seas tonta Emma —pide—. Levanta el trasero y vamos por algo de comida decente, pero primero date una ducha, ya que apestas —hace esa pequeña observación y no trato de contradecirla.

—La ducha si, pero no saldré, estar fuera me recuerda a él, el aire, la luz, hasta la estúpida comida lo hace —rompo nuevamente en llanto.

Soy una tonta, soy un desastre y todo por culpa del amor. Creí que era el correcto y vea, ahora estoy llorando después de 15 días y nuevamente en medio de las piernas de Audrey que no tiene la culpa de que su cuñado sea un idiota.

—Lo odio —lloriqueo otra vez.

—Lo amas —replica— y deberías contestar sus llamadas.

—No, lo odio y dile a Will que si vuelve a darle mi número lo voy a echar a un saco y lo dejaré en medio del Ártico para que se le congele hasta el alma.

He cambiado en más de 3 ocasiones de número de teléfono y Will, ese tonto continúa dándole mi número a Oliver que, sin importar que esté fuera de Nueva York y del país, continúa encontrando la forma de llamarme. La primera vez lo cambié porque escuchar diariamente She's Crazy But Shes's Mine de Alex Sparrow —él mismo puso ese tono para recordarme que estoy algo loquita, pero que soy suya—, me pone fatal, ya que me recuerda todas las ocasiones en la que me dijo que me ama.

Y ahí está nuevamente. Observo  aquel indicativo del Reino Unido en la pequeña pantalla.

—Dile que no vuelva a llamar —Le pido apartándome de sus piernas y corriendo hacia el baño.

(…)

NEW YORK, 11 MESES DESPUÉS DE NAVIDAD Y POCOS DÍAS PARA UN AÑO DE CONOCERNOS

 

Los días han pasado demasiado rápido, ya va un mes desde que le dije adiós a Oliver que, no ha parado de llamar e intentar verme, pero los guardias en la puerta de mi dulce morada y en la entrada de mi oficina, no lo han dejado. Si, he sido algo extremista, pero el verlo no creo que sea bueno, ya que de segurito, segurito, con lo débil que me he vuelto, puedo asegurar que caería a sus pies con una sola miradita o sonrisita de parte suya o peor, me le lanzaría encima solo para probar nuevamente sus deliciosos labios. Sin embargo creo que estoy bien o así lo creí hasta que me di cuenta de que ya estamos a menos de un mes del día en que lo conocí y toda esta linda y algo dolorosa travesía comenzó.

Lo extraño y no lo niego, pero estoy consciente de que en navidad me dolerá aún más, ya que tengo planeada pasarla sola porque sé que Oliver estará aquí para ese día y no quiero verlo y que me duela aún más. Menos deseo poner a Audrey y a Will entre él y yo. No quiero que discutan por culpa de nuestra fallida relación.

En fin, dejemos a Oliver a un lado o no, por más que desee hacerlo y me esfuerce no lo consigo, dado que en estos momentos la tal “Lorena” —la odio con todas las fuerzas contenidas en este cuerpecito—, se encuentra aquí en mi casa, sentada en mi sala, sin aparente motivo o eso creo yo. ¡¿Qué demonios hace aquí?!

La observo y es ella me observa fijamente y con más desprecio del que me gustaría, es una descarada. ¡¿Quién se cree?!

—¿Y qué? —pregunto cansada de tanta miradera— ¿Va a quedarse ahí observando o va hablar y luego largarse? —trato de comportarme, pero no creo que lo logre. Deseo sacarla de las greñas de mi casa, pero tengo que controlarme.

—Si, si planeo hablar, solo que antes deseo entender ¿que tienes? ¿Qué vio en ti? —Se pregunta preguntándome y no tengo tiempo para estas estupideces.

—Sabes qué, quiero que te salgas de mi casa y no vuelvas —Le enseño la puerta y la bruja sonríe. Quiero deshacerme de esa estúpida y fastidiosa sonrisa.

Se levanta del asiento y desgraciadamente debo mirar hacia arriba, la maldita es demasiado alta, tanto como Oliver y lo peor del caso es que usa tacones, y yo mido muy poco y ni con tacones me salvo. Lo cual es una muy buena razón para que Oliver y yo debamos estar juntos; porque sé que le encanta tener que inclinarse para besarme.

¡Aaah, soy una estúpida!

—Y si no, ¿Vas a sacarme? —pregunta nuevamente con tono de burla.

—Haré mucho más que eso, maldita bruja —Le advierto para que deje de subestimarme. Que sea algo pequeña no tiene nada que ver con el temperamento del demonio que me cargo desde que terminé con él.




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