—Lo siento, no quería asustarte, pero...
—¿Necesitas algo, Mason? —lo interrumpí. La sorpresa ya había pasado, la molestia no.
—Sé que no es el lugar para hablar, y mucho menos creí encontrarte aquí, pero creo que...
—Hola, chica bella.
Unos brazos me rodearon por detrás, seguido de un beso en el cuello. Ethan.
—Llegaste —lo abracé, dejando mi brazo entrelazado al suyo como un ancla de seguridad. Ya no estaba sola.
Un carraspeo me obligó a girarme.
—Creo que ya se conocen —dije— Mason, él es Ethan… mi novio.
Marqué la última palabra.
A la distancia, pude ver cómo apretó la mandíbula antes de asentir, o tal vez mi imaginación y paranoia.
—Supongo que debo decir que es un gusto verte de nuevo —Ethan extendió la mano. Intentando mantener esa sonrisa falsa, que más de una vez la había visto fingir por su trabajo.
Mason la tomó, sonriendo de una forma que tampoco engañaba a nadie.
—Brisa debe estar por allá —me apresure a decir para cortar la tensión que ya emanaban los dos— Te la presentaré.
Jalé de Ethan antes de que Mason pudiera decir algo más.
—¿Sabías que él…? —empezó Ethan.
—No —lo corté— Acaba de aparecer tanto él como los chicos, y créeme, lo único que quiero es irme ya. —me sinceré
Y tal vez por eso, después de ese momento ya no volví a cruzarme con Mason ni con los demás.
No fue algo que les pidiera o mucho menos, simplemente ocurrió. Como si ellos también hubieran entendido que no me sentía cómoda teniéndolos cerca esta noche.
Lo agradecí internamente más de lo que podría admitir, aunque, al mismo tiempo, una pequeña parte de mí se sintió mal por parecer distante. No por Mason, nunca por él, sino por los demás… por personas que no tenían culpa de nada y aun así quedaron al margen de algo que no les pertenecía, y yo creía tenerlo controlado. O al menos a la distancia lo había manejado bien.
Aun así, Ethan fue amable con Brisa, que seguía bailando como si el mundo no pesara nada. Todo lo contrario, a mí.
Después de un rato logré que quedara contenta de verme ahí. Prometió llamar mañana mismo, y eso alivió un poco la noche.
—¿A dónde quieres ir ahora? —preguntó Ethan rodeándome con su brazo.
—Sé que esperabas ir a otro lado, pero solo quiero irme a casa y dormir —dije—. Además, debes estar agotado. Has pasado todo el día en la oficina.
Me gire para verlo
—Y aun así viniste.
—No te iba a dejar sola —sonrió— Y ahora sé que hice bien —me dio una media sonrisa
—Gracias, ahora ve a casa a dormir —le sonreí— Descansa.
Asintió, no sin antes tomarme de la cintura y besarme.
—Ve con cuidado, ¿sí?
Asentí.
Ya fuera conduje directo a casa.
Al entrar, dejé los tacones en la entrada y caminé a mi cuarto.
—Estoy en casa Thor…
Me incliné para saludarlo, pero salió corriendo hacia la puerta. Segundos después, el timbre sonó. Tal vez Ethan decidió seguirme a casa
—¿Ya me extrañabas? —pregunté apenas abría.
Thor se lanzó a la persona frente a mí.
Mi expresión cambió de inmediato.
—¿De verdad quieres saber la respuesta? —dijo Mason, con esa media sonrisa que odiaba… y que aun así logró sonrojarme.
—No pensé que fueras tú —respondí rápido—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo supiste dónde vivía?
—¿Puedo pasar? —ignoró mis preguntas—. Hace frío.
No. No, no, no.
—Que sea rápido
¿Por qué? Mañana me odiaré por esto… si no es que ya lo hago.
—Sé que estás haciendo un esfuerzo enorme por tenerme aquí —se apresuró a decir —pero tenemos que hablar.
Sus ojos brillaban, me obligue a mirar mis pies
—De cierta forma, sabía que venir aquí era un boleto seguro a encontrarte —me señaló— Pero no creí que fuera tan pronto
—Mason —lo interrumpí— Sea lo que sea que vas a decir… ahórratelo. —Cerré los ojos—Recuerdas ese día, ¿no?
Lo miré. Dio un paso hacia mí. Retrocedí.
—Respóndeme —marqué distancia con las manos.
—Sí —susurró— Solo quiero explicarte...
—No lo hagas.
Una lágrima cayó antes de que pudiera detenerla. La limpie de inmediato.
—Cuando salí del hospital te pedí una explicación —tragué saliva— No... mejor dicho, te rogué una explicación.
Otra lagrima, me limpié la mejilla. ¿Por qué lloro? Mierda, debería tener el control de esto, ¿Por qué?
—Y no había nada.
—No podía, Jade, yo solo...
—¡No quiero saber nada, Mason!
Mi voz resonó más fuerte de lo que esperaba.
—Te di la oportunidad de hacerlo. Porque por alguna razón siempre que algo pasaba entre nosotros, tenías una explicación a todo, y yo no la escuchaba... Y cuando por fin te la pedí, cuando la imploré… no tenías ninguna.
Las lágrimas ya no eran solo mías.
—¿Qué quieres ahora? —pregunté— ¿Decirme que hiciste lo correcto? ¿Qué siempre fue Alessa? ¿Volver a joderme la vida?
El silencio lleno mi casa
Mason bajó la mirada. Yo intenté recomponerme.
—Un día sabrás todo —dijo al fin— Sé que estoy haciendo mal viniendo hasta aquí ahora, pero solo quiero que entiendas algo —Levantó la vista— Antes de que te pasara algo… habría preferido morir.
No apartó la mirada, y aunque lo odiara lo sabía, no estaba mintiendo, pero no porque me quisiera, sino porque en el fondo yo sabía que él sentía cierta culpa del accidente, aunque de todo por lo que podía odiarlo, nunca lo he culpado de ello.
Sin decir más, salió de mi casa.
No supe si fueron segundos o minutos. Solo cerré la puerta y dejé que las lágrimas que aún quedaban cayeran sin resistencia.