Después de Tenerte

Capítulo 8

—Un hijo implica una familia, un lugar donde crecer y formar su vida —comenzó mi abuela, sacándome de mi trance— No es una decisión que se tome a la ligera.

El tema ya estaba sobre la mesa. La novela había terminado hacía rato y ahora su atención estaba completamente en mí.

—A mí me gustaría que, si algún día tengo un bebé…

Me detuve.

Era la primera vez que realmente me lo planteaba.

¿Niño o niña? ¿Solo uno… o más? ¿Dónde crecería? ¿En qué escuela estudiaría? ¿Su papá?

Intenté imaginar cada respuesta, pero en todas solo aparecía una silueta difusa del padre ideal. No sabía por qué, pero no lograba ver a Ethan en ese futuro. O, mejor dicho, algo dentro de mí estaba segura de que no estaría ahí.

—Me gustaría que fuera muy deseado… y rodeado de amor —respondí al fin, aunque no era exactamente la respuesta que había estado buscando. Pero es lo que siempre dicen todas las mujeres, ¿no?

—Estoy segura de que eso lo tendrá —dijo, apretando suavemente mi mano.

La miré con atención. Su rostro lucía más envejecido, más cansado. Ya no tenía la misma fuerza de antes; ahora necesitaba una silla de ruedas. Y, aun así, su mirada seguía tan brillante como la recordaba de cuando era niña.

—¿Ya me gané el derecho a saber por qué estás aquí con este tema? —preguntó.

—¿No puedo visitar a mi querida abuela? —arqueé una ceja. Ella hizo lo mismo— Perdón… a mi Mamá Lisa —corregí.

—Bueno, considerando que Thor se pasea más por aquí que tú… no lo sé —sonrió divertida— Sin mencionar que deberías estar trabajando. ¿Debo preocuparme?

Negué de inmediato.

—Decidí darme un descanso por hoy. Llevo meses sin parar y creo que me he ganado al menos un suspiro —fruncí el ceño— Y sobre Thor… —lo miré dormido en otro sillón— creo que se ha vuelto igual o más fan que tú de la novela.

Su cola se movió apenas al escuchar su nombre y sonreí.

—Ese perro es tu verdadero compañero de vida.

La miré, tenía razón.

Si alguien había estado conmigo desde el principio hasta el final… había sido Thor.

—Y entonces me dijo que no quería verme de nuevo en ese proyecto —resopló Kate—. ¡No tengo la culpa de que creyera que esa casa tan linda no fuera para su esposa!

Seguíamos caminando por el parque mientras me lo explicaba por enésima vez.

—Veamos —intenté resumir—. Ese hombre llegó a tu trabajo buscando el diseño de su nueva casa de forma discreta.

Asintió.

—Y aun así decidiste contarle a su esposa, a quien acababas de conocer por casualidad.

Volvió a asentir.

—¿Y ella creyó que lo ocultaba porque era para una amante?

—Pero sí era para ella —bajó la voz—. No pude explicarlo cuando ya se había lanzado a golpearlo.

Hizo una mueca. Yo no pude evitar reír.

—Creo que es justo que ese hombre no te quiera en el proyecto —bromeé.

Me dedicó una mirada asesina.

Más adelante, un grupo de personas estaba reunido alrededor de lo que parecía una pequeña feria.

—Seguro están dando volantes de empleo —Kate tomó mi brazo—. Vamos a tomar algunos. Debo estar preparada por si vuelvo a equivocarme… y esta vez no termina siendo solo una anécdota graciosa.

Reímos y caminamos hacia el lugar.

Completamente equivocadas.

—¡Pero mira qué bello! —Kate dio pequeños saltos—. Esa familia ha adoptado un perro.

Se alejó para acariciar a la nueva mascota de esa familia.

Yo, en cambio, repasaba mentalmente si había dejado algo pendiente en el trabajo. No estaba dispuesta a que, durante mi primer mes en la ciudad, Jacob decidiera despedirme por falta de rendimiento o algo similar. Si eso pasaba, Kate y yo sí estaríamos buscando empleo… de verdad.

—¡Atrápenlo! —escuché un grito cansado.

Un cachorro apareció corriendo con una enorme rama entre los dientes. No logré esquivarlo y terminé tambaleándome hasta caer al suelo.

El pequeño interpretó todo como un juego y comenzó a lamerme la cara con entusiasmo. No sentí ni una pizca de molestia.

—¡Lo siento mucho! —dijo una mujer, levantando al cachorro—. Es el último, y se volvió más fácil que saliera de la jaula… no sin antes robar una rama.

Aún sentada en el suelo, acepté su mano para levantarme.

—¿Es el último? —pregunté sin pensarlo demasiado.

—Así es. Hoy no hemos tenido mucha suerte con él, así que…

—¿Aún puedo adoptarlo? —solté, esperanzada.

La idea de tener un cachorro me ilusionó de inmediato. Ya me las arreglaría con el tiempo. Además… él me había elegido, ¿no?

La mujer sonrió ampliamente mientras me guiaba a firmar el compromiso. Kate ya estaba agachada jugando con él.

—Por último —dijo animada—, ¿qué nombre le pondrás? Al ser tan pequeño, dejamos que los adoptantes lo decidan.

Miré al cachorro. Rebalsaba alegría en cada movimiento, en cada lamida. Bajé la mirada a la enorme rama que aún sostenía.

¿Cómo podía cargar una tan grande siendo tan cachorro?

—Thor —sonreí—. Es tan digno que ningún otro podría cargar tanto como él.

La mujer asintió feliz.

—Muy bien, Jade. Nos alegra que Thor ahora sea parte de tu familia.

—Estoy segura de que, así como cuando decidiste adoptar a Thor, sabrás cuándo estes lista para hijos o primero... compromiso —otra vez esa palabra—. Y entonces entenderás cuándo dar un paso más allá.

Respondió a una pregunta que no hice… pero que necesitaba escuchar.

Sonreí con un suspiro.

—Siempre tienes respuestas para todo, Mamá Lisa.



#52 en Joven Adulto

En el texto hay: musica, amor, fotografia

Editado: 21.07.2026

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