Ned llegó celebrando, levantando dos vasos como si hubiera ganado algo importante.
—Tenemos provisiones —anunció con orgullo.
—Y esta es para ti —Ethan me entregó uno y me dio un beso rápido en la frente— Espero que te guste, porque los nombres aquí son algo… exóticos.
—Sí, seguro —sonreí, dándole un sorbo. La mueca fue inmediata— ¿Es tequila?
—Algo así entendí —respondió Ned— Fue sugerencia del tipo de la barra, así que… —se encogió de hombros— tú solo bebe.
Reímos los cuatro y volví a darle un sorbo más pequeño. Tal vez un poco de alcohol ayudaría a relajarme después del encuentro con Mason. Estaba segura de que Ethan aún no lo había notado, de haber sido así, ya no estaríamos ahí.
—¿Sabes qué, Ned? —intervino Kate de pronto, mirándome — Hay un lugar cerca que Jade —enfatizó mi nombre— y yo visitábamos cuando salíamos juntas. ¿Por qué no vamos allá?
Ethan me miró dudoso. Sabía lo que Kate intentaba y no sería yo quien le arruinara la noche.
—No lo sé, Kate —respondí— Ese lugar ya debe estar cerrado. Además, Ned nos habló todo el camino de este sitio, así que tiene mi voto de confianza.
Ned me regaló una sonrisa enorme y levantó la mano.
—Solo por esta ocasión —aclaré antes de chocar los cinco con él.
¿Me estaba equivocando? Tal vez. Pero irnos justo al llegar sería demasiado evidente. Además, Mason estaba lejos de nuestra mesa y me negaba a dejar que incluso así me arruinara la noche.
—Cariño, vamos a bailar—Kate ya llevaba a Ned hacia la pista.
Los perdí rápido entre la gente.
—Me alegra que hayas querido salir —dijo Ethan— La última vez que estuvimos en un lugar así fue por tu trabajo. Esto es un buen descanso, ¿no crees?
—Tienes razón, ya nos hacía falta divertirnos —respondí, levantando el vaso.
La noche seguía avanzando, había perdido la cuenta de cuántas bebidas llevaba. Pero, ¿qué importaba? Estaba con mi novio, y con mis amigos.
Me acerqué a Ethan y le di un beso suave. A diferencia de mí, él seguía con el mismo vaso, oliendo deliciosamente a whisky.
Su celular vibró.
—Dame un segundo —se disculpó—. Es el empresario del que te conté.
Asentí, dejándolo alejarse.
A lo lejos lo vi revolverse el cabello con exasperación antes de volver casi corriendo.
—Lo acaban de detener —dijo rápido— Debo ir a fiscalía antes de que lo interroguen sin mí. ¿Te parece si te llevo a casa y después…?
—No te preocupes —lo interrumpí— Adelántate. Buscaré a Ned y Kate y me regreso con ellos.
Asintió sin dudarlo mucho, me dio un beso y salió apresurado.
Termine mi bebida con calma antes de ponerme de pie a la pista, en búsqueda de Kate y Ned, fallido, no estaban.
Tal vez habían decidido salir afuera, busque torpemente mi celular en la mesa, nada. Seguro lo había dejado en el auto de Ned.
Genial. Sumemos que mi mente quiere caminar a un lugar y mis pies se mueven a otro
Como pude, salí del bar, en señales de mis amigos, revisé el estacionamiento. El auto tampoco estaba.
—Perfecto —murmuré— Ahora sí tengo problemas.
Volví a entrar tambaleándome un poco. Tacones y alcohol: pésima combinación.
—Ey, Jade, ven con nosotros —me llamó Martin.
Cierto. Martin. Él debía tener el número de Kate.
—Martin, necesito tu ayuda —me acerqué— ¿Me prestas tu celular?
—¿Todo bien? —preguntó Mason levantándose. Lo ignoré.
Martin me paso su celular, mientras yo buscaba el número de Kate para llamar.
Buzón.
—No me hagas esto, Kate —bufé.
Devolví el celular.
—Creo que buscaré un taxi —dije encogiéndome de hombros.
—¿Para qué? —intervino Martin, por la sonrisa enorme en su cara, estaba ebrio— Apenas tenemos oportunidad de hablar, ¿no, Mason?
—Tal vez en otra ocasión —le sonreí— Debo irme.
Intenté girarme, pero me tambaleé. Esta vez sí esperaba tocar el suelo… pero no pasó.
—Estás bromeando si crees que te dejaré subir a un taxi así —dijo Mason sujetándome.
—No te preocupes, no es mi primera vez —repliqué, soltándome.
Me arrepentí al instante de lo que dije, mierda. Su rostro pareció verse afectado un segundo, pero lo disimulo muy bien
—Déjanos ayudarte por una sola vez —insistió— Venimos en auto.
—Ambos están tomados.
Mason levantó su vaso para mostrarme: agua mineral.
—No seas orgullosa, Jade —intervino Martin con una sonrisa enorme, me detuve un segundo más a examinarlo, se veía un poco triste— Mason siempre cuida de mí.
—Cállate, Martin —dijo Mason, tomándolo del brazo.
Bien, es esto o quedarme sola en un bar donde no conozco a nadie mas que a estos dos chicos
—Vamos —suspiré, pasándome uno de los brazos de Martin por los hombros. Mason hizo lo mismo del otro lado.
—Son como mis papás —rio Martin— Siempre para mí, aun cuando todo está jodido.
—¿A qué te refieres con eso? —pregunté, aunque mis palabras salieron tan flojas que apenas yo me entendí.
—Está ebrio —se adelantó Mason— No le hagas caso.
—¿Tratas de callarlo otra vez? —bufé— La sorpresa es cuando no.
Martin rió fuerte.
—¡Ya se hablan! Mañana me agradeces, Mason. Para saber que no fue un sueño.
A pasos torpes, de Martin y míos, llegamos al auto. Y apenas en ese instante, reaccione de con quien estaba a punto de subir al auto.
—Bien, Martin ya está en tu coche. Yo me voy —anuncié girándome torpemente
No llegué lejos. Mason me tomó de la cintura y, en un movimiento rápido, me sentó en el asiento del copiloto.
—No pelees —dijo serio— Es noche, estas tomada y es peligroso. ¿Podemos dar una tregua? Al menos hasta dejarte en casa.
—No vuelvas a tocarme —murmuré cruzándome de brazos.
Se quedó quieto unos segundos más mirándome, entonces preste atención a donde lo hacía, mi mano, ¿Mas especifico? Miró el anillo, aunque no dijo nada.
Cerró la puerta de copiloto para luego subir al auto y arrancó.