—¡Jade! ¿Estás en casa? ¡Jade! —gritaban del otro lado mientras golpeaban la puerta.
Corrí hacia la entrada mientras mi cuerpo apenas reaccionaba a la mañana.
—¿Qué pasa? —pregunté asustada al abrir la puerta.
—¡Dios santo! ¡Estás bien! —Kate se abalanzó a mis brazos— Está aquí, regresa a casa, amor —dijo a su celular.
De pronto recordé que anoche olvidé dar señales de vida.
—Perdón por asustarlos —hablé rápido— Anoche Ethan tuvo que correr a la fiscalía, los busqué para contarles, pero no los encontré y… —recordé quién me trajo— vine a casa —concluí.
—Perdónanos a nosotros —soltó su bolso mientras se dejaba caer en el sillón— Te envié un mensaje para avisarte que nos iríamos —bufó— Debiste ver la cara de Ned esta mañana cuando Ethan llamó para preguntar si estabas con nosotros porque no respondías —hizo una mueca— Tuvimos que mentirle un poco para que no se molestara —recordó— Ned se fue directo al bar y yo vine acá —concluyó.
—No te preocupes —sonreí— Debí avisarles, aunque no tengo mi celular conmigo —me senté a su lado.
Kate sacó de su bolsa mi celular, dejándome ver las mil llamadas perdidas que tenía.
—Nos dimos cuenta de que estaba en el auto hasta que tomé el auto de Ned camino acá —me miró— No sabes cómo me preocupó pensar en ti sola y buscando cómo regresar a casa… —su rostro se suavizó— hasta que vi que entre mis notificaciones Martin me llamó.
Su celular volvió a vibrar, supuse que era Ned ya que se centró en el mensaje.
—Sé lo que estás pensando —respondí—. Y solo te diré que…
—Déjame adivinar —se acomodó— Mason no iba a permitir que salieras del bar tomada, usó de pretexto a Martín y te trajo a casa sana y salva.
La miré frunciendo el ceño. ¿Acaso Kate me espió?
—¿Cómo es que…? —puso su celular frente a mi cara, con un nuevo mensaje de Mason avisándole de mí—. ¿Kate, hablas con Mason?
Ignoré ese mensaje; ahora solo me importaba por qué mi mejor amiga hablaba con… con él.
Kate bufó.
—Antes de que te molestes, déjame contarte cómo ha sido este último año —comenzó.
Kate
Bendito fin de semana. Ahora mismo solo deseaba llegar a casa y poder dormir.
Últimamente me dedicaba a salir de casa, entrar a la oficina, reuniones, salir a obras, pelear con contratistas y cuadrillas, regresar a la oficina y luego a casa. De lunes a viernes.
Afortunadamente tenía un fin de semana libre después de mucho tiempo, que consistiría en desvelarme con maratones de películas. Ya estaba en mi cama.
Un fuerte golpe a la puerta me despertó.
—¿Me quieren robar? —murmuré levantándome con cautela y saliendo de la habitación.
En camino a la sala tomé la escoba mientras escuchaba quejidos del otro lado. En un movimiento rápido abrí la puerta.
—¡Fuera de aquí, enfermo pervertido! —solté un fuerte golpe a su torso, provocando que mostrara su cara de dolor— ¡Mason! —solté la escoba— ¿Cómo se te ocurre venir a esta hora? —regañé— ¿Qué haces aquí?
—Hola, Kate —se tomó el estómago— Perdón por asustarte —se levantó tambaleante; estaba borracho— Quería hablar con Jade. ¿Está en casa? —trató de mirar dentro.
—Mason, Jade se fue de aquí hace unos días—expliqué, llevándome la mano a la cabeza, comenzaba a dolerme tras el susto— Ahora vivo aquí sola —abrí la puerta.
—¿Se mudó?
Asentí. Su rostro fue una perfecta expresión de tristeza. Si Jade se enteraba que ahora él sabia seguro me mataba, pero aun así dejé que pasara.
—Mira, Mason, lo mejor será que pidas un taxi, o puedo llamar a Martin o a Logan —sugerí señalando su golpe en la cabeza, eso explicaba el estruendo contra la puerta— Y que te ayuden con eso.
—Ella me odia, ¿no? —ignoró mi comentario.
—Ahora mismo todos lo hacemos, Mason —hice una mueca. Tomé mi celular y le escribí a Martin. Lo miré de nuevo— ¿Por qué le hiciste eso?
Parte de mí se culpaba por el accidente de Jade. Yo misma alenté algo que jamás iba a pasar, fui parte de una ilusión que casi termina en desgracia.
Se quedó en silencio.
—No quería lastimarla —se limitó a decir— Yo solo… —negó— ¿Sabes qué? Mejor me voy —intentó levantarse.
—Martin viene para acá —dije mientras leía su mensaje— Mejor busca una mejor forma de excusarte —sonreí falsamente—. ¿Por qué la buscas ahora?
—Qué buena pregunta —me miró— Ni siquiera sé qué iba a hacer si ella era quien abría y me veía tirado en la puerta —balbuceo encogiéndose de hombros— Por favor, no le digas que estuve aquí —suplicó.
—¿Tú crees que tengo cara de contarle esto? —levanté una ceja— No lo haré por ti, Mason. Lo haré porque me niego a que escuché tu nombre ahora mismo —sentencié.
Mason miró al suelo, quedándose unos minutos en silencio.
—Siento haberte molestado hoy, Kate —rompió el silencio— Solo quería verla —confesó— Eso me iba a bastar —murmuró.
Tocaron a la puerta. Me levanté a abrir.
Martin me hizo una seña de ¿dónde está?, le abrí paso mostrándole.
—Bien, amigo, vamos a casa —Martin tomó su brazo— Gracias por avisar, Kate. Lamento que te molestara.
Negué.
—Tranquilo, solo asegúrate de curar eso —señalé su golpe en la frente, y él asintió.
—Creo que Kate me quebró las costillas —se quejó Mason, llorón.
—Sí, bueno, eso te enseñará a no interrumpir mis horas de sueño —respondí, y Martin negó riendo.
Jade
—No entiendo cómo esto tiene que ver con que ahora hablen —negué, confusa.
—Esa vez fue el inicio —explicó— Pero por alguna razón Mason acostumbraba ir a casa ebrio creyendo que algún día tú abrirías la puerta —añadió— Estos mensajes son sus disculpas del día siguiente —me mostró la pantalla.
Tenía razón. Había al menos veinte mensajes de distintos días.
—Lamento eso —respondí— ¿Por qué no me contaste?
—¿Y decirte qué? ¿Qué Mason va a casa cada que tiene oportunidad gritando tu nombre y pidiendo perdón? —me quedé callada— Si hasta Ned ha tenido que llevarlo a casa —soltó una risa.