POV Jade
La mujer de la fundación seguía explicándome cómo organizaban las donaciones entre las diferentes áreas. Yo asentía mientras observaba las cajas abiertas sobre una de las mesas, intentando memorizar qué cosas necesitarían después para incluirlas en la siguiente campaña de la revista.
—Los materiales escolares los guardaremos para el próximo ciclo —explicó mientras tomaba una libreta de colores y la colocaba junto a varias más— Los juegos sí podremos repartirlos hoy.
—Perfecto —respondí, acercándome para ayudarla a acomodar algunos paquetes— Si necesitan algo más, pueden hablar directamente conmigo o con Celia. Ella tiene mis datos y toda la información.
Giré para buscarla, pero no estaba donde la había visto antes.
Recorrí el salón con la mirada hasta encontrarla al otro lado. Estaba junto a Brisa, las dos completamente concentradas en el grupo de niños que rodeaba a la banda.
Incluso Christian había guardado el teléfono.
Eso sí era extraño. Si algo lograba separar a Christian de una pantalla durante más de cinco minutos, definitivamente merecía mi atención.
—Creo que ya fueron robados por los niños —sonreí, señalándolos con un leve movimiento de cabeza.
La mujer siguió mi mirada y sonrió mientras cerraba una de las cajas vacías.
—Están muy emocionados con su visita, los han visto por televisión y están encantados. Y parece que no perdieron l tiempo para llenarlos de preguntas.
—Por sus caras, parecen más bien un interrogatorio.
Ella soltó una risa y yo me disculpé antes de acercarme.
Desde donde estaba todavía no distinguía bien lo que decían. Solo alcanzaba a ver a Mason sentado en una esquina, con las rodillas demasiado altas y una niña plantada frente a él, esperando una respuesta que aparentemente no estaba llegando.
Nathan y Frank se encontraban detrás de Mason, mirándolo con una atención sospechosa. Logan estaba de pie junto a ellos y Martin parecía contenerse para no intervenir.
Me detuve al lado de Celia.
—¿De qué hablan? —pregunté en voz baja, inclinándome un poco hacia ella.
Celia giró apenas el rostro hacia mí, aunque no apartó la atención del grupo.
—Del su álbum —susurró, como si pudiéramos interrumpir algo importante si hablábamos demasiado fuerte.
—Ah —murmuré, mirando nuevamente hacia Mason— ¿Y por qué parece que lo están interrogando?
Celia sonrió y cruzó los brazos.
—Porque le preguntaron para quién lo escribió.
Volví la cabeza hacia ella.
—¿Y qué respondió?
—Nada todavía —contestó, apretando los labios para evitar reírse— Lleva varios minutos dándole vueltas.
Eso explicaba la expresión de los demás. No estaban disfrutando de las preguntas de los niños. Estaban disfrutando de ver a Mason intentando responderlas.
—No es que exista una sola respuesta —decía Mason en ese momento, moviendo las manos como si con eso pudiera hacer más clara una explicación que ni siquiera yo entendía.
La niña que estaba frente a él frunció el ceño.
—Pero todas las canciones hablan de querer a alguien —insistió, apoyando ambas manos sobre la cintura.
—Muchas canciones hablan de eso —respondió Mason, recargándose un poco en el respaldo de la pared.
Esa era una excelente respuesta para una entrevista. Pero para una niña que ya había decidido que él ocultaba algo, no parecía suficiente.
—Entonces sí era para alguien —concluyó otro niño desde atrás.
Mason se pasó una mano por la nuca y miró brevemente hacia Christian, aunque él no hizo el menor intento por rescatarlo.
—Digamos que uno escribe sobre lo que conoce —contestó Mason finalmente.
—Eso tampoco responde —se quejó la niña.
Tuve que darle la razón. De hecho, comenzaba a creer que Mason había perfeccionado la habilidad de hablar sin decir absolutamente nada.
Nathan soltó una risa baja antes de acercarse un paso.
—El álbum nació de muchas experiencias —explicó, colocando una mano sobre el hombro de Mason— Algunas buenas y otras no tanto.
Mason levantó la mirada hacia él, quizá sorprendido de que por fin alguien decidiera ayudarlo.
—¿Pero ustedes también escribieron? —preguntó otro de los niños, mirando al resto de la banda.
—Algunas canciones —respondió Frank, acomodándose la chaqueta— Aunque la mayoría de las ideas de ese álbum fueron de Mason.
Mason volvió la cabeza hacia él, la ayuda había durado poco.
No sabía si la mirada que les estaba dedicando era de agradecimiento o una amenaza silenciosa. Probablemente ambas.
Me acerqué un poco más al grupo.
—¿Entonces él hizo todas las canciones románticas? —preguntó un niño más pequeño, señalando a Mason sin ningún disimulo.
—No todas eran románticas —se defendió él, frunciendo ligeramente el ceño.
Logan negó despacio mientras cruzaba los brazos.
—No le hagan caso —intervino con seriedad— Todavía cree que algunas eran canciones felices.
—Sí lo eran —replicó Mason, girándose hacia él.
—Una canción no se vuelve feliz solo porque tiene batería —añadió Nathan, levantando una ceja.
Los niños comenzaron a reír y Mason abrió las manos, indignado.
—No veo que ustedes estén ayudando demasiado.
—Lo estamos intentando —aseguró Frank, llevándose una mano al pecho— Por primera vez.
—Ese es exactamente el problema —murmuró Mason.
Bajé la mirada para ocultar mi sonrisa.
Hacía mucho que no los veía así. Sin temas de contratos, acusaciones o preguntas de periodistas esperando que alguno dijera algo inconveniente. Solo ellos, molestándose como antes, aunque ahora parecían medir un poco más hasta dónde podían llegar.
Quizá porque Mason estaba respondiendo sobre algo que claramente no quería explicar.
Levantó la vista y me descubrió observándolo.
Su expresión cambió apenas. La sonrisa no desapareció, pero se acomodó en el lugar y bajó una de sus manos hasta su rodilla. Como si hasta ese momento hubiera olvidado que yo también podía escuchar.