Después de Tenerte

Capítulo 34

No volví a preguntarle nada a Christian.

Principalmente porque se había alejado hablando por teléfono, pero también porque no estaba segura de querer seguir escuchando respuestas que solo conseguían confundirme más.

Regresé con los demás intentando dejar el tema del álbum a un lado. No había llegado a Little Lights para investigar a Mason, aunque aparentemente los niños tenían objetivos diferentes a los míos.

—¿Ya terminaste tu interrogatorio? —preguntó Brisa cuando me acerqué a ella.

—No estaba interrogando a nadie —respondí, deteniéndome a su lado.

Brisa levantó una ceja y miró hacia Christian, que aún hablaba desde de la entrada.

—Claro que no.

—Solo le hice una pregunta.

—Y no te respondió —añadió Celia, acercándose a nosotras con una sonrisa tímida.

Fruncí el ceño.

—¿Cómo saben que no me respondió?

—Por tu cara —contestó mientras señalaba discretamente mi expresión— Es la misma que pones cuando los reportes de ventas llegan incompletos.

Me obligué a relajar el rostro.

No creía tener una expresión tan específica para los reportes incompletos. Aunque, considerando que Celia pasaba prácticamente todo el día conmigo, probablemente sabía reconocer más gestos míos de los que me gustaría admitir.

—No importa —murmuré, mirando nuevamente hacia los niños— Además, no era nada relacionado con el trabajo.

Brisa soltó una risa baja.

—Eso lo vuelve mucho más interesante.

Antes de que pudiera responderle, la directora de la fundación se acercó a nosotros dando unas pequeñas palmadas para llamar la atención.

—Muy bien, chicos —anunció Mariana mientras esperaba que los niños dejaran de hablar— Las preguntas pueden continuar después. Primero tenemos preparada una actividad.

Varias protestas llenaron el salón, Mason pareció ser el único aliviado con la interrupción.

Se levantó de su lugar y estiró las piernas mientras Nathan le daba un golpe amistoso en la espalda. No escuché qué le dijo, pero la mirada que Mason le lanzó fue suficiente para saber que no había sido nada útil.

—Hoy vamos a decorar las estrellas para la nueva pared —explicó Mariana mientras dos voluntarias colocaban cajas de madera sobre las mesas—. Cada uno puede pintar una y escribir su nombre, algo que le guste o lo que quiera compartir con los demás.

Los niños corrieron hacia las mesas antes de que ella terminara de explicar.

—Con calma —pidió, aunque terminó riendo al verlos repartirse los materiales— Hay suficientes para todos.

Me acerqué para ayudar a abrir los frascos de pintura. Brisa se encargó de repartir los pinceles y Celia comenzó a colocar pequeños recipientes con agua entre las mesas.

Pensé que los chicos se quedarían observando o que Christian tendría que pedirles que participaran. En cambio, Nathan ya estaba sentado entre dos niñas que discutían sobre qué color debía utilizar.

—El morado se verá mejor —aseguró una de ellas mientras le quitaba el pincel de la mano.

—Yo pensaba usar azul —respondió Nathan, mirando su estrella todavía vacía.

—No —dijeron ambas al unisonó

—Está bien —aceptó él sin discutir— El morado también es un color respetable.

A pocos metros, Frank intentaba pintar unas líneas rectas mientras un niño corregía cada uno de sus movimientos. Martin, en cambio, llevaba menos de cinco minutos sentado y ya tenía pintura amarilla en la mejilla. No sabía si alguno de los niños se la había puesto o si él mismo había conseguido mancharse. Conociéndolo, cualquiera de las dos opciones era posible.

—No toques la mesa —le pidió Christian cuando se acercó a nosotros mientras colocaba unas hojas de periódico debajo de su estrella.

—No iba a tocarla —respondió Martin, levantando las manos.

Pero claro, como era de esperarse la mesa ya estaba manchada

—Ni siquiera preguntaré —bufó Christian

—Fue un accidente —aseguró Martin mientras uno de los niños comenzaba a reír.

Logan era el único que parecía tener todo bajo control. Estaba ayudando a una niña a escribir su nombre en la parte superior de la estrella, guiándole la mano con cuidado para que las letras quedaran más grandes.

No había cámaras alrededor, ni periodistas, ni teléfonos grabándolos para aprovechar la visita. Dakota ni siquiera había venido porque le había dejado claro que no quería convertir la entrega en una sesión para la revista.

Aun así, todos estaban participando.

Tal vez no debería haberme sorprendido tanto. Ya los había visto convivir entre ellos, detrás de sus bromas constantes, eran bastante pacientes entre si

Pero una cosa era ser amables entre ellos y otra muy distinta sentarse en una silla diminuta durante casi una hora porque un niño no estaba satisfecho con el tamaño de una letra.

—Jade.

Bajé la mirada al escuchar mi nombre.

Jake estaba frente a mí sosteniendo una estrella de madera y dos pinceles.

—¿Qué pasó? —pregunté mientras dejaba un frasco de pintura sobre la mesa.

—Necesito una guitarra —explicó, entregándome uno de los pinceles.

Miré la estrella.

—¿Una guitarra?

—Sí —respondió emocionado— Quiero poner una porque voy a aprender a tocar.

—Eso suena bien. —asentí bajando a su altura

—¿Me ayudas a dibujarla?

Lo miré durante unos segundos.

Ser fotógrafa no me convertía automáticamente en una persona capaz de dibujar, aunque no parecía el momento adecuado para explicarle las diferencias entre ambas cosas.

—Puedo intentarlo —acepté, tomando asiento junto a él.

Jake colocó la estrella frente a mí y observó cada movimiento mientras yo trazaba la forma con un lápiz.

Comencé por algo que, en mi mente, se parecía bastante al cuerpo de una guitarra. El problema llegó cuando intenté agregar el mástil.

—¿Eso qué es? —preguntó una voz detrás de nosotros. No necesité girarme para saber quién era.

—Una guitarra —respondí mientras continuaba con el dibujo.



#52 en Joven Adulto

En el texto hay: musica, amor, fotografia

Editado: 21.07.2026

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