—No pasó nada —repetí
Kate entrecerró los ojos desde la pantalla de mi celular.
—Llevas diez minutos diciendo que no pasó nada, pero todavía no me cuentas qué fue lo que no pasó.
Me acomodé mejor contra el respaldo del sillón y subí las piernas sobre la mesa de centro. Había prometido mantenerla al tanto de las cosas que ocurrían en Arizona, aunque comenzaba a arrepentirme de haber sido tan específica.
—Fui a invitarlos a comer —expliqué mientras sostenía mi taza entre ambas manos— Eso fue todo.
—¿A todos?
—Sí, Kate. A toda la banda.
Ella asintió despacio, fingiendo analizar mi respuesta.
—Y casualmente te quedaste sola con Mason —entrecerró los ojos
—No fue casualmente —respondí rápidamente— Bueno, sí fue casualmente, pero no como lo estás pensando. Todos bajaron primero y Christian me pidió que le avisara.
—Claro —murmuró mientras se acercaba a la cámara— ¿Y qué necesitabas avisarle exactamente desde tan cerca?
Abrí la boca para responder, pero preferí beber un poco de café. No habíamos estado tan cerca.
Al menos no durante toda la conversación... solo al final.
Y tampoco era como si alguno de los dos hubiera intentado hacer algo. Mason había levantado una mano, yo no me había alejado y después Nathan había entrado antes de que pudiera descubrir qué habría ocurrido.
Eso no contaba como algo, pero tampoco se sentía como nada.
—Me contó lo del álbum —dije, esperando que aquello fuera suficiente para distraerla.
Kate abrió mucho los ojos.
—¿Lo que me contaste de la fundación?
—Sí.
—¿Y? —se inclino mas cerca
Me encogí de hombros mientras evitaba mirarla directamente.
—Sí era para mí —se quedó inmóvil durante unos segundos
—¿Un álbum entero?
—No exactamente —aclaré, repitiendo casi de memoria la explicación de Mason— Algunas ideas ya las tenía antes de conocerme, pero dijo que cuando nos conocimos las canciones comenzaron a tener más sentido.
Kate abrió la boca lentamente.
—¿Y tú qué hiciste?
—Nada —me encogí de hombros
—¿Nada? —Kate arqueo la ceja
—¿Qué esperabas que hiciera? —pregunté mientras dejaba la taza sobre la mesa— ¿Que lo abrazara por escribir canciones sobre una relación que él mismo terminó?
—No, pero pudiste decir algo más que nada.
—Le dije que era intenso.
—Qué romántica —dijo burlona
Rodé los ojos y volví a tomar mi taza. No pensaba contarle la parte en la que Mason había confesado que estuvo conmigo en el hospital. No porque quisiera ocultárselo, sino porque todavía no sabía qué hacer con esa información. Y, además, ¡Kate fue cómplice!
Durante un año había pensado que no había ido.
Ahora sabía que estuvo sentado junto a mi cama, hablándome de canciones que yo ni siquiera sabía que existían en base a mí.
—Todavía falta algo —señaló Kate mientras me observaba fijamente.
—Te acabo de contar todo.
—Te conozco de toda la vida. Esa cara no es solo por el álbum —Fruncí el ceño.
—¿Cuál cara?
—La que tienes desde que contestaste. Pareces emocionada y asustada al mismo tiempo —sonrió
—No estoy emocionada.
—Entonces estás asustada —negó divertida
—Tampoco.
—Perfecto. Me alegra que estés tan tranquila.
Tomé uno de los cojines y lo acomodé sobre mis piernas, aunque en realidad quería lanzárselo. La distancia hacía que perdiera la gracia.
—No significa nada —murmuré, bajando la vista hacia la tela— Acabo de terminar con Ethan y Mason sigue siendo… Mason.
—Una descripción bastante completa. —asintió aun burlona
—Sabes a qué me refiero.
—Sí —respondió Kate, relajando un poco la sonrisa— Y tampoco te estoy diciendo que corras a buscarlo. Solo digo que quizá no tienes que fingir que no sentiste nada.
Antes de que pudiera responder, escuché el timbre.
Levanté la cabeza hacia la entrada.
—¿Esperas a alguien? —preguntó Kate desde la pantalla. Negue
El timbre volvió a sonar.
Dejé la taza sobre la mesa y llevé el celular conmigo hasta la entrada. Al mirar por la mirilla, reconocí a Ethan parado afuera.
La ligereza que había sentido durante la conversación desapareció.
No parecía molesto, pero tampoco tenía la expresión segura que acostumbraba utilizar cada vez que quería convencerme de algo.
Parecía cansado.
—Es Ethan —murmuré.
Kate guardó silencio durante un instante.
—¿Quieres que me quede conectada? — Miré nuevamente la mirilla
Parte de mí quería fingir que no estaba en casa. La otra sabía que, si había ido personalmente después de varios días sin insistir, probablemente no se marcharía sin al menos intentar hablar.
—No —respondí, volviendo hacia el celular— Te llamo después.
—Jade…
—Estaré bien
Kate no parecía convencida.
—Escríbeme cuando se vaya —pidió mientras se acercaba a la cámara— Y no aceptes explicaciones absurdas solo porque se vea arrepentido.
—No aceptaré explicaciones absurdas.
—Ni invitaciones.
—Kate —regañe
—Ni anillos nuevos —me señalo desde la pantalla
—Adiós. —Terminé la llamada antes de que agregara algo más.
Respiré hondo y abrí la puerta. Ethan levantó la mirada.
—Hola —saludó, sacando las manos de los bolsillos.
—Hola —respondí sin apartarme de la entrada— ¿Qué haces aquí?
Él miró brevemente hacia el interior de la casa.
—Quería hablar contigo.
—Podías llamar —como si eso fuera a funcionar
—Lo hice la primera noche, pero no respondiste ninguna vez
Había visto su nombre en la pantalla durante toda la noche y había dejado que sonara hasta detenerse.
—No estaba cómoda hablando en ese momento—señalé, sujetando todavía la puerta.
—Lo noté —respondió con una sonrisa pequeña que desapareció de inmediato— Después entendí que no era el momento de presionarte.
Lo observé durante unos segundos. No parecía haber llegado para discutir. Aun así, dejarlo entrar se sentía distinto ahora. Ethan había estado muchas veces en mi casa, pero después de devolverle el anillo y las llaves, el espacio ya no le pertenecía de ninguna forma.