El lunes por la mañana, la canción seguía sonando terrible. No por la música.
Nathan insistía en que era una de las mejores que habíamos terminado en meses, decía que el público había reaccionado demasiado bien como para descartarla y hasta Christian había amenazado con incluirla en el siguiente concierto, aunque yo me negara a cantarla.
El problema era que ahora entendía lo ridícula que resultaba.
Todavía no termina.
Sí había terminado.
Jade había vuelto con Ethan y yo había subido a un escenario a cantar sobre segundas oportunidades mientras ellos se besaban frente a mí. No sabía si sentirme triste o simplemente avergonzado.
Probablemente ambas.
—Otra vez desde el segundo verso —pidió Logan mientras revisaba las anotaciones que descansaban sobre el amplificador.
Me acerqué al micrófono, aunque no hice el menor intento por comenzar.
—Ya salió bien.
—El sábado salió bien —aclaró mientras levantaba la mirada— Hoy entraste tarde tres veces.
—Dos —bufé
—Fueron tres —Nathan dejó de ajustar el bajo.
Martin golpeó suavemente una baqueta contra el borde de la batería.
—Podríamos ensayar otra
—No —respondió Christian desde una de las sillas— Necesita dejar de comportarse como si la canción fuera la culpable
Lo miré.
—No me estoy comportando así —arqueó una ceja.
—Llevas toda la mañana cantándola mal como si pudiera pedirte perdón.
No era culpa de la canción. Yo la había escrito, terminado y decidido cantar frente a cientos de personas. La canción no tenía la culpa de que hubiera entendido mal a Jade.
—Hagamos otra cosa —insistí mientras alejaba el micrófono.
Nathan dejó escapar un suspiro.
—Está bien. Pero no creas que vamos a dejar de tocarla.
Antes de que pudiera responderle, la puerta del estudio se abrió con tanta fuerza que golpeó la pared. Era Celia.
Brisa entró detrás de ella, con el rostro más serio de lo habitual. Ninguna saludó.
Christian se puso de pie de inmediato.
—Buenos días ¿Pasó algo?
Celia recorrió el estudio con la mirada hasta detenerse en mí.
—¿Han hablado con Jade? —mi estómago se tensó.
—No —respondí, apartándome del micrófono— ¿Por qué?
—No contesta el teléfono —explicó mientras se acercaba— Tampoco llegó a la revista.
—Quizá decidió tomarse el día —comentó Frank distraído
Celia negó rápidamente.
—Jade no hace eso.
—Es lunes —añadió Brisa mientras cruzaba los brazos— Si no iba a presentarse, habría avisado.
Miré a Christian que también parecía confundido.
—Puede estar con Ethan —dije, intentando ignorar la molestia que todavía me provocaba pronunciar su nombre— El sábado se fue con él.
Celia frunció el ceño.
—Eso dijiste esa noche.
—Porque los vi salir juntos.
—Los acompañó al estacionamiento —corrigió Brisa— No se fue con ellos.
Sentí que algo se movía dentro de mi pecho.
—¿Cómo sabes eso? —Brisa sacó el teléfono del bolsillo.
—Venimos del despacho de Ethan.
—¿Fueron a buscarlo? —esto no tiene sentido
—Primero fuimos a casa de Jade —explicó Celia, bajando la vista— Su auto no estaba. Pensé que quizá había dormido con Ethan o que habían arreglado las cosas después del concierto.
Claro. La misma conclusión a la que yo había llegado sin molestarme en comprobar nada.
—Ethan dice que ella solo los acompañó hasta el auto —continuó Brisa— Se despidieron y Jade regresó hacia el recinto.
—Tal vez volvió por su auto y después se fue a otro lugar —hablo Nathan, dejando el bajo sobre el soporte.
—Su auto sigue en el estacionamiento del lugar —respondió Brisa.
El estudio quedó en silencio.
—¿Desde el sábado? —preguntó Christian.
Brisa asintió más nerviosa, esto no me gusta nada.
—Seguridad confirmó que el auto no se ha movido desde el sábado.
No. Tenía que existir alguna explicación. Jade podía haber regresado con Brisa, con Celia o incluso tomar un taxi si se sentía cansada.
Pero su teléfono estaba apagado, no había ido a trabajar.
Y nadie sabía nada de ella desde la noche del concierto.
—¿Llamaron a Kate? —pregunté.
Celia asintió.
—No sabe nada. Tampoco su familia.
—Jade jamás se iría sin avisar —dijo Celia, apretando el celular contra su pecho— Mucho menos faltaría hoy sin escribirme. Puede olvidarse de comer, de dormir o de llevar las llaves, pero no se olvida de decirme si no llegará a la revista.
Hasta ahora, nunca la había visto así. Celia solía hablar bajo, en parte tímida. Ahora apenas conseguía mantener la voz firme.
—¿Revisaron hospitales? —preguntó Logan mientras se acercaba.
—Ya estamos haciéndolo —respondió Brisa— Hasta ahora no hay ningún ingreso con su nombre.
Hospitales. La última vez que Jade terminó en uno, yo había llegado demasiado tarde para decirle lo que realmente sentía. Esta vez ni siquiera sabía dónde buscarla.
La puerta volvió a abrirse. Ethan entró acompañado de Ned.
Su expresión era completamente distinta a la del concierto. No había seguridad ni arrepentimiento. Solo preocupación.
—Acabo de hablar con un comandante que conoce mi padre —anunció mientras se dirigía hacia Brisa— No pueden iniciar una búsqueda formal basándose únicamente en que no respondió durante un día, pero con el auto abandonado y su ausencia laboral pueden levantar el reporte ahora.
—¿“Únicamente un día”? —repitió Celia, molesta— Jade no desaparece un día entero.
—Lo sé —respondió Ethan sin discutir— Ya les expliqué eso.
Ned se acercó a una de las mesas y colocó su computadora.
—También pedimos al recinto que preserve todas las grabaciones del sábado —explicó mientras la abría— No deben borrar ni modificar nada hasta que llegue la policía.
—¿Había cámaras en la salida lateral? —preguntó Christian.
Ethan apretó la mandíbula.
—Una —respondió