Después de Tenerte

Capítulo 41

POV Jade

Abrí los ojos lentamente, aunque la poca luz que entraba al lugar consiguió que volviera a cerrarlos. La cabeza me latía y tenía la boca tan seca que me costó separar los labios.

Intenté moverme, pero el dolor en mis muñecas fue inmediato. Tenía las manos atadas detrás de la espalda con un lazo delgado que se había enterrado en mi piel. Mis tobillos también estaban sujetos, aunque con una cuerda mucho más gruesa que apenas me permitía separar las piernas.

Respiré hondo, el aire olía a humedad, madera vieja y algo más... ¿Animales? Era como ese olor que permanecía en los lugares donde alguna vez habían guardado alimento o encerrado ganado.

¿Estoy en una granja? ¿O tal vez un rancho?

Estaba recostada sobre el suelo de una bodega. Frente a mí había varias cajas apiladas, algunas cubiertas con lonas sucias. En una de las paredes descansaban herramientas oxidadas y, demasiado arriba, una ventana pequeña dejaba entrar una franja de luz. ¿Era de día?

La última vez que había visto la hora, el concierto ya había terminado. Había acompañado a Ethan y a los demás hasta el estacionamiento. Después regresé hacia el recinto, escuché algo detrás de mí y… Alguien me coloco un pañuelo, intente zafarme del agarre, pero... luego fueron dos personas

Tragué saliva, aunque mi garganta seguía completamente seca. No sabía cuánto tiempo llevaba ahí.

Podían haber pasado unas horas o un día entero. El dolor de cabeza no ayudaba a distinguirlo y mi cuerpo se sentía demasiado pesado como para confiar en él.

Intenté incorporarme apoyando el hombro contra la pared. La cuerda de mis tobillos rozó la piel y tuve que apretar los dientes para no dejar escapar un sonido.

Miré nuevamente alrededor, la puerta era metálica y tenía una pequeña separación en la parte inferior. La luz que entraba por ahí parecía más clara que la de la ventana. Afuera se escuchaba el viento golpeando algo parecido a una lámina, no escuchaba el tráfico, voces cercanas, música o cualquier sonido que indicara que hubiera casas alrededor.

Debía estar demasiado lejos de la ciudad. Mierda

Es imposible no pensar en Peter. En el tiempo que pasó sin saber si alguien llegaría por él, en Rosa intentando sobrevivir junto a él.

Yo había pasado meses repitiéndome que, si no hubiera dejado la revista, quizá habría sido yo quien estuviera ahí. Ahora lo estaba.

—No —murmuré, negando lentamente.

Moví los dedos con cuidado. El lazo de mis muñecas estaba apretado, pero podía girarlas apenas unos centímetros. Busqué con las manos algo en la pared. Una esquina, un tornillo, cualquier superficie que pudiera utilizar para cortar o debilitar la cuerda.

Mis dedos encontraron una parte metálica sobresaliendo cerca del suelo.

Intenté acercarme, arrastrándome con dificultad.

La cuerda de mis tobillos no me permitía avanzar demasiado, así que tuve que impulsarme con el hombro. Cada movimiento hacía que el lazo se apretara más y sentía la piel húmeda alrededor de mis muñecas.

Probablemente estaba sangrando, pero ahora mismo, es lo que menos importaba.

Conseguí colocar las manos cerca de la pieza metálica y comencé a mover el lazo lentamente contra el borde.

Una vez, dos, tres.

Hasta que la puerta se abrió, me alejé de inmediato y terminé cayendo de lado.

Un hombre entró cargando una botella de agua. Llevaba una gorra oscura y parte del rostro cubierto con un pañuelo. Solo podía ver sus ojos.

—Despertaste —dijo mientras cerraba la puerta detrás de él.

Intenté incorporarme otra vez.

—¿Dónde estoy? —pregunté, aunque mi voz salió más débil de lo que quería.

El hombre no respondió. Se acercó hasta dejar la botella en el suelo, a pocos centímetros de mí.

—Toma —miré mis manos atadas.

—¿Cómo?

Él pareció darse cuenta de lo absurdo de su orden y dejó escapar un sonido molesto. Se agachó, destapó la botella y la acercó a mis labios.

Dudé. No sabía qué contenía.

Aunque mi garganta dolía tanto que la necesidad terminó ganando, bebí un poco. Él retiró la botella antes de que pudiera tomar más.

—¿Qué quieren? —pregunté, observándolo con atención.

Tenía un rasguño reciente sobre el antebrazo, estaba segura que era mío. Era el hombre que me sujetó primero en el estacionamiento.

—Ya lo sabrás —respondió mientras volvía a tapar la botella.

—¿Cuánto tiempo llevo aquí?

—Un rato —se encogió de hombros

Excelente y muy certera respuesta, aunque no es como que pudiera reclamarle, ahora mismo no creo que él y yo seamos muy amigos.

¿Cuánto podría tener aquí? Si ya hay luz, al menos algunas horas después del concierto, pero si no estábamos en la ciudad, ¿Qué probabilidad es que hayan pasado ya días? No puede ser. Alguien debe ya sospechar, ¿no?

No regrese luego de ir al estacionamiento con Ethan, deberían buscarme, ¿no? Las chicas, la banda...

Mason, pero él había visto el beso.

No sabía qué había pensado después. Ni siquiera había tenido oportunidad de hablar con él al terminar el concierto. Ahora probablemente creía que me había marchado con Ethan, todos podían creerlo.

—¿Esto tiene que ver con la revista? —pregunté mientras el hombre se ponía de pie.

Sus ojos se detuvieron en mí.

—¿Alguna publicación en específico? —insistí— ¿O es solo el dinero?

El hombre sujetó la botella con más fuerza.

—Debiste dejar las cosas como estaban.

Sentí que el aire frio recorrer mi espalda, esa frase. Igual a los mensajes. Entonces nunca habían sido de Ethan.

Él me dijo que solo había llamado la primera noche y yo decidí ignorar la contradicción porque no quería seguir pensando en ello.

—Yo no tengo lo que están buscando —dije, intentando mantener la voz firme— Si quieren dinero, secuestraron a la persona equivocada.

—Tú no tienes el dinero —el hombre soltó una risa baja.



#52 en Joven Adulto

En el texto hay: musica, amor, fotografia

Editado: 21.07.2026

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