El estudio había dejado de parecer un estudio hacía varias horas.
Los instrumentos seguían en su lugar, pero ahora las mesas estaban cubiertas con computadoras, fotografías del recinto, listas de nombres y vasos de café que nadie terminaba. Dos agentes hablaban cerca de la entrada, mientras el comandante revisaba por tercera vez el mapa de la zona norte de la ciudad.
No habían vuelto a escribir. Al principio pensé que eso era bueno. Que significaba que no habían lastimado a Jade y simplemente esperaban una respuesta, pero después comencé a pensar que podían haber apagado el teléfono porque ya no necesitaban mantenerla con vida.
Dejé escapar el aire y aparté esa idea antes de que terminara de formarse.
No, ella estaba viva. Sus ojos estaban abiertos en la fotografía. Apenas se veían detrás del cabello, pero estaba segura de que miraba hacia la cámara.
Tenía que seguir viva.
—La primera conexión se registró en esta zona —explicó uno de los agentes, señalando un círculo demasiado grande sobre el mapa— La segunda apareció algunos kilómetros más al norte. Podrían estar moviéndose o utilizar dos dispositivos diferentes.
—¿Y no pueden revisar ambos lugares? —preguntó Ethan desde el otro lado de la mesa.
—Estamos revisando las carreteras y cámaras cercanas —respondió el comandante, sin levantar la vista— Pero hablamos de ranchos, bodegas, terrenos privados y kilómetros de zonas sin vigilancia. Entrar sin una ubicación más precisa puede alertarlos.
Ethan apretó la mandíbula, pero no respondió. Llevaba casi una hora caminando de un lado al otro, llamando a personas que parecían tener cargos cada vez más importantes.
No me molestaba, si alguno de sus contactos servía para encontrarla, podía llamar al país entero.
Brisa permanecía sentada cerca de Celia. Había pasado gran parte de la tarde hablando con la revista, explicando que Jade no se encontraba disponible sin mencionar por qué. La noticia todavía no se había filtrado, aunque todos sabíamos que no tardaría.
Jade era la directora de una revista y había desaparecido después de un concierto rodeado de cámaras. Era cuestión de tiempo para que alguien hiciera preguntas.
—Su abuela ya sabe que estamos buscándola —murmuró Celia cuando Brisa terminó una llamada— Su tía Mary está con ella.
Asentí sin saber qué decir, no quería imaginar la reacción de su abuela cuando recibió la noticia.
Si Jade podía vernos ahora, probablemente estaría más preocupada por eso que por ella misma. Intentaría encontrar alguna forma de llamar solo para decirle a todos que no exageráramos.
Después comenzaría a dar órdenes desde el lugar donde la tuvieran.
La puerta del estudio se abrió.
Ned entró primero, cargando una maleta pequeña. Kate apareció detrás de él. Recorrió el lugar rápidamente, como si todavía esperara encontrar a Jade sentada en alguna parte, quejándose por todo el escándalo que habíamos hecho.
Ned intentó tomar su mano, pero ella ya caminaba hacia nosotros.
—¿Dónde está el comandante? —preguntó sin detenerse.
El hombre levantó la mano desde la mesa, Kate llegó hasta él y dejó su bolso sobre una silla.
—Soy la mejor amiga de Jade —explicó— La conozco desde antes de que cualquiera de ustedes supiera su nombre, así que necesito saber todo lo que tienen.
El comandante estaba siendo muy paciente con todos, y creo que eso es parte de su técnica para que “mantengamos la calma” por lo que, aunque Kate llegara así, no la juzgo, simplemente le indicó que se acercara al mapa.
—Estamos intentando ubicar el origen de los mensajes.
Kate asintió, aunque su atención se movió hacia una de las computadoras.
La fotografía seguía abierta, se quedó completamente quieta. Ned llegó a su lado y colocó una mano en su espalda. Ella no pareció notarlo.
—¿Cuándo enviaron esto? —preguntó.
—Hace unas horas —respondió Brisa, levantándose.
Kate se acercó un poco más a la pantalla. Observó la chaqueta, las manos atadas y la parte del rostro que el cabello no cubría.
—Está consciente —murmuró.
—Eso creemos, que esta despierta —dijo el comandante.
—No —Kate señaló la imagen— Está mirando la cámara. Conozco esa expresión.
Todos nos acercamos un poco más. Yo llevaba horas intentando convencerme de lo mismo, pero escucharla decirlo consiguió que pudiera respirar con menos dificultad.
Jade estaba mirando, no sabíamos en qué condiciones, pero estaba consciente cuando tomaron la fotografía.
Kate se alejó de la computadora y finalmente me observó. Esperé que me reclamara.
Que me preguntara por qué la dejé regresar sola al recinto o que repitiera lo mismo que Ethan: cada vez que yo aparecía, Jade terminaba lastimada.
En lugar de eso, caminó hacia mí.
—¿Te han enviado algo más? —preguntó.
Negué.
—Nada desde el aviso de las veinticuatro horas.
Kate asintió mientras estudiaba mi rostro.
—¿Has dormido? —negué
—¿Comido?
No respondí.
—Eso significa que tampoco —murmuró.
—Estoy bien —murmuré
—Conozco esa respuesta —dijo, cruzándose de brazos— También conozco esa cara. Normalmente aparece antes de que llegues ebrio a golpear mi puerta con la cabeza.
Frank levantó la vista desde el otro lado de la mesa.
—¿Qué?
—No es importante ahora —respondimos Kate y yo al mismo tiempo.
Ella me observó durante unos segundos más.
Su relación conmigo había comenzado con un golpe de escoba y demasiadas amenazas. Después de varias noches encontrándome afuera de la que había sido la casa de Jade, dejó de preguntar por qué iba.
Solo llamaba a alguno de los chicos, me daba agua y esperaba conmigo hasta que llegaran.
Nunca le contó a Jade, hasta donde yo sé, y tampoco le pregunté por qué comenzó a ayudarme.
—No voy a reclamarte nada ahora —continuó Kate, bajando la voz— Pero tampoco voy a dejar que pases las siguientes horas convenciendo a todo el mundo de que fue tu culpa.