POV Jade
El flash me obligó a cerrar los ojos. Melina revisó la fotografía en la pantalla durante varios segundos antes de asentir satisfecha. No sabía qué esperaba encontrar en ella. Quizá que pareciera lo bastante débil para asustarlos, pero no tanto como para que creyeran que ya estaba muerta.
—Envíala —ordenó, entregándole el teléfono a uno de los hombres.
Él salió de la bodega mientras escribía algo. Melina se quedó observándome con los brazos cruzados, como si esperara que le hiciera alguna pregunta. No pensaba darle el gusto.
—Siempre fuiste más complicada de lo necesario, fotógrafa —murmuró.
Se giró hacia la puerta y salió. Esta vez, antes de cerrarla, escuché claramente el sonido de la llave.
Esperé hasta que sus pasos se alejaron para volver a mover las manos. El lazo estaba más débil, podía sentir varias fibras levantadas, pero seguía suficientemente apretado para lastimarme cada vez que intentaba girar las muñecas. Continué rozándolo contra el borde metálico.
Ya no sabía cuánto tiempo llevaba haciéndolo. Horas, probablemente. La piel ardía y mis dedos comenzaban a sentirse entumecidos, pero el lazo cedía un poco más cada vez.
No podía detenerme ahora, a este punto todos debían saber que me tenían... los chicos, mi familia, la revista. Mamá Lisa ya debía estar asustada y, si la fotografía había llegado a Mason, no dudaba que él estuviera dispuesto a entregar todo lo que Melina pidiera.
La puerta volvió a abrirse mucho después.
Había perdido la noción del tiempo. La luz de la ventana seguía entrando, aunque ahora era más tenue. Melina apareció sosteniendo un teléfono, seguida del hombre que tenía el rasguño en el brazo. No parecía tan feliz como antes.
—¿Qué pasó? —pregunté— ¿No funcionó tu fotografía?
Ella ignoró mi comentario y miró la pantalla otra vez.
—Aún no responden —intenté que mi expresión no cambiara.
Podía significar que nadie había recibido el mensaje. O que lo habían recibido y estaban intentando ganar tiempo. Prefería la segunda opción.
—Tal vez no soy tan importante como pensabas —Melina levantó la mirada.
—Al parecer no —se acercó unos pasos —Creí que Mason sería un poco más rápido. Después de todo lo que hizo por ti la primera vez, esperaba que ya estuviera suplicando.
Fruncí el ceño.
—¿La primera vez?
Su expresión cambió apenas. No había sido un error, ella quería que preguntara.
—No importa —sonrió
—Entonces deja de hablar —solté. Debería tener mas cuidado en mi tono considerando las circunstancias... pero ya era tarde
—Sigues creyendo que sabes todo sobre él, ¿verdad?
No respondí.
—Aunque supongo que no debería sorprenderme —continuó— Fuiste lo bastante tonta para creerle cada palabra aquella noche.
No acaba de decir eso.
—¿De qué estás hablando? —Melina se acercó hasta quedar frente a mí.
—De la cena, de Alessa y de toda esa actuación patética que preparó para conseguir que te fueras.
Por un instante, incluso el dolor de mis muñecas desapareció.
—No sabes nada de eso —murmuré
—Lo sé todo —respondió con tranquilidad— Yo le dije exactamente qué tenía que hacer.
Negué lentamente. No estaba segura de sí mentía, pero demasiados recuerdos comenzaron a aparecer al mismo tiempo. Mason evitando mirarme durante la cena, su forma de repetir que había malinterpretado las cosas, la mención de Alessa.
Y luego, después de reencontrarnos, que terminara en mi casa
Un día sabrás todo.
—Mientes —murmuré.
Melina soltó una risa.
—Claro. Porque Mason Grace siempre ha sido tan honesto contigo —la miré con rabia, aunque ella pareció disfrutarlo.
—¿Recuerdas aquella conversación con Christian? —preguntó— Cuando tu amigo ese te ofreció dirigir la revista en Arizona.
Recordaba ese día, Christian y yo habíamos hablado de la oferta mientras estábamos solos. O eso creíamos. Melina entró poco después, interrumpiéndonos antes de que pudiera contarle todo.
—Nos escuchaste.
—No fue difícil —se encogió de hombros— Hablaban como si el pasillo entero no pudiera oírlos.
—Yo no había tomado ninguna decisión —negué incrédula
—Mason no sabía eso —sonrió
Odio a esta mujer.
—Le dijiste que había rechazado el puesto.
—Le dije que estabas pensando hacerlo por él —corrigió— No era completamente falso. Tenías una gran oportunidad frente a ti y aun así seguías buscando razones para quedarte en Nueva York.
—Eso no significaba que fuera por Mason —replique
—No necesitaba significarlo. Solo necesitaba que él lo creyera —se encogió de hombros
Intenté incorporarme mejor contra la pared, ignorando el mareo.
—Mason no habría terminado conmigo solo porque tú se lo dijeras —podrán haber pasado muchas cosas con él, pero esto... era imposible
—No lo hizo —inclinó ligeramente la cabeza —Al principio insistió en que podías decidir por ti misma. Fue bastante molesto, en realidad. Decía que, si querías quedarte, él no iba a obligarte a marcharte.
Si, sonaba demasiado a él. No al Mason de la cena, sino al que conocí antes. Al que podía pasar horas intentando explicarme algo incluso cuando yo no quería escucharlo.
—Entonces tuve que mostrarle cómo se verían las cosas si decidía seguir contigo —continuó Melina— Para ese momento, todos hablaban de Alessa y Mason. Teníamos fotografías, apariciones públicas y una historia que la gente ya quería creer.
—Ellos en ese momento no estuvieron juntos —le recordé
La supuesta relación se hizo pública hasta que me fui. Por eso Mason... terminó todo conmigo.
Melina se agachó frente a mí.
—Le expliqué que, si no te dejaba, tú serías la fotógrafa que utilizó su trabajo para meterse en la relación de dos artistas. Él sería el hombre que engañó a Alessa y la banda habría ayudado a ocultarlo.
—Nadie habría creído algo así —negué