Después de Tenerte

Capítulo 46

POV Jade

La enfermera entró sosteniendo una bandeja con algunas gasas y un vaso de agua. Intenté acomodarme mejor contra la almohada, pero apenas moví el hombro, un dolor se extendió desde mi cuello hasta la espalda.

—No debería intentar levantarse sola —advirtió mientras dejaba la bandeja junto a la cama.

—No pensaba levantarme —mentí

La mujer arqueó una ceja, como si hubiera escuchado aquella respuesta demasiadas veces durante su trabajo. Se acercó a revisar la vía conectada a mi brazo y después observó el monitor a un costado.

—¿Cómo se siente?

Era la misma pregunta que todos habían hecho desde que desperté.

Mamá Lisa, mientras intentaba no llorar frente a mí. Mi Tía Mary, tocándome el cabello como cuando era niña. Kate, que apenas entró me abrazó con tanto cuidado que parecía tener miedo de lastimarme. Ned, Brisa y Celia.

A todos les había respondido lo mismo.

—Bien —murmuré.

La enfermera soltó una risa corta.

—Eso responden todos en automático —la miré.

—Me duele todo —confese

—Esa respuesta parece más sincera —comentó mientras revisaba las vendas alrededor de mi muñeca derecha—. El analgésico comenzará a hacer efecto pronto.

Observé mis manos. La piel debajo de las vendas ardía incluso sin moverme. Mis tobillos no se sentían mejor y cada vez que intentaba flexionar los dedos de los pies aparecía un dolor que me recordaba la cuerda.

—¿Qué tan grave estoy? —pregunté, buscando alguna reacción en su rostro

—El médico ya habló con su familia.

—Sí, pero hablaron afuera —recordé— A mí solo me dijeron que necesitaba descansar.

La enfermera terminó de revisar una de las vendas y se colocó frente a mí.

—Está estable. Tiene una conmoción leve, deshidratación, varios golpes y heridas por las ataduras. La ceja necesitó puntos, pero no hay fracturas ni lesiones permanentes.

Llevé una mano hacia mi rostro por reflejo, aunque ella la detuvo antes de que tocara la venda.

—No la mueva —pidió, regresando mi brazo con cuidado sobre la cama— Probablemente tendrá dolor de cabeza, mareos y sensibilidad durante algunos días.

—¿Cuántos?

—Dependerá de cómo evolucione. Esta noche seguirá en observación y mañana volverán a evaluarla.

Asentí, intentando aceptar que aquello era una buena noticia. Había conseguido salir y la policía había llegado antes de que Melina pudiera moverme o... hacer algo mas.

No debía importarme pasar una o varias noches dentro de un hospital, aunque comenzaba a odiar lo familiar que resultaba despertar en uno.

La enfermera me ofreció el vaso de agua. Lo tomé con ambas manos porque mis dedos todavía no respondían demasiado bien. Bebí despacio, tratando de ignorar la molestia en la garganta.

—¿Sabe si hay más gente afuera? —pregunté antes de devolverle el vaso.

La mujer asomó una sonrisa.

—Hay suficientes personas para llenar otra habitación.

—¿Quiénes?

—No los conozco —respondió mientras acomodaba la bandeja— Pero he visto a varios jóvenes, dos señoras, una chica que discute con todo el personal y un hombre que no ha dejado de caminar de un lado al otro.

Intentaba encontrarle nombre a cada persona que nombraba

—¿Y nadie más? —pregunté, intentando sonar casual.

La enfermera volvió a mirarme.

—¿A quién espera? —ya hablé de mas

—A nadie —excelente respuesta. Muy convincente.

—Entonces no debería preocuparle quién falta —comentó con una sonrisa que dejaba claro que tampoco me había creído

—Solo quiero saber quiénes están aquí.

—Su amiga dijo que todavía quedan personas esperando para verla —explicó— Pero el médico pidió que entraran de pocos en pocos para que no se canse.

Asentí y desvié la mirada hacia la puerta. Mason estaba ahí, de eso no tengo duda.

Él había recibido la fotografía, la policía había rastreado el mensaje enviado a su teléfono y, por lo que Kate contó, no se había separado del operativo durante toda la búsqueda.

Pero habían entrado Mamá Lisa y Tía Mary, después Kate con Ned. Luego Brisa y Celia... y Mason no.

La enfermera terminó de acomodar las mantas sobre mis piernas.

—Voy a avisar que puede entrar alguien más —informó mientras caminaba hacia la salida— Intente no moverse demasiado.

—Eso dependerá de quién entre —la mujer negó con una sonrisa y salió de la habitación.

Me quedé observando la puerta.

Sabía que era absurdo sentirme decepcionada. Había demasiadas personas preocupadas afuera y cada una había detenido su vida para buscarme.

Mamá Lisa casi no pudo hablar cuando entró. Solo sostuvo mi mano y repitió que ya estaba con ella. Kate intentó fingir que estaba molesta porque no le había contado sobre los mensajes, pero terminó llorando antes de completar la primera amenaza. Brisa se mantuvo cerca de la ventana, demasiado callada para ser ella, mientras Celia me prometía que la revista seguía funcionando y que no debía preocuparme. No estaba sola.

Aun así, cada vez que se abría la puerta esperaba verlo.

La sensación no era nueva. Después del accidente de taxi desperté rodeada por mi familia y amigos. Revisé cada rostro, convencida de que Mason aparecería en algún punto y no lo hizo.

Durante un año creí que ni siquiera había ido al hospital.

Hasta que me contó que Kate lo dejó pasar mientras yo seguía inconsciente. Había permanecido junto a mi cama, hablándome de las canciones y de todo lo que no sabía cómo decir cuando abriera los ojos, después se marchó.

Ahora conocía la verdad de la cena. Sabía por qué me alejó y por qué necesitaba que creyera que había elegido a Alessa. Melina se había encargado de contarme cada parte con la intención de hacerme sentir estúpida. Lo consiguió durante algunos minutos.

Pero no por creerle a Mason, sino por no haber entendido hasta qué punto era capaz de decidir por mí sin preguntarme nada.



#76 en Joven Adulto

En el texto hay: musica, amor, fotografia

Editado: 09.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.