POV Jade
—Puedo caminar sola —repetí por tercera vez mientras la enfermera acercaba la silla de ruedas.
—Y yo puedo llamar al médico para que vuelva a explicarle por qué no debe hacerlo —respondió sin detenerse.
Miré hacia Kate en busca de apoyo, pero ella tomó mi bolso de la cama y lo acomodó sobre su hombro.
—No me mires —advirtió— Estoy del lado de cualquiera que tenga autoridad para obligarte a descansar
—Eso se llama traición —bufé
Dos días. Habían pasado dos días desde que desperté, discutí con Mason durante cinco minutos y terminé con la frecuencia cardiaca lo suficientemente alta para que la enfermera lo sacara de la habitación.
Dos días de análisis, curaciones y preguntas para la policía en tanto a mi situación.
Me senté con cuidado. Apenas intente hacer fuerza con los tobillos, el dolor volvió a extenderse por mis piernas. Las heridas de las muñecas estaban cubiertas con vendas más delgadas, pero seguían ardiendo cada vez que movía los dedos.
Al menos podía caminar. Despacio, con dolor y sin que me dejaran hacerlo más de unos cuantos metros, pero podía.
—¿Ya podemos irnos? —pregunté mientras la enfermera acomodaba el soporte de los pies.
—En cuanto le entregue las indicaciones a su acompañante —respondió mirando directamente a Kate— Analgésicos en los horarios marcados, cambio de vendajes, nada de conducir, no permanecer sola mucho tiempo y debe regresar si presenta mareos fuertes, vómito, confusión o pérdida del conocimiento.
—Entendido —respondió Kate con más seriedad de la que había utilizado en toda su vida
—También necesita descanso —me miro
—Eso será lo más difícil —comentó mientras comenzaba a empujar la silla.
—Sigo aquí, por cierto —les recordé
Excelente. No había salido del hospital y ya había perdido toda autoridad sobre mi propia vida.
El pasillo estaba más tranquilo que el día anterior, los chicos habían regresado al estudio, Christian atendía llamadas relacionadas con la detención de Melina y Ethan había prometido volver con información del proceso en cuanto hablara con la fiscalía.
Mason no regresó, o bueno, al menos no entró a verme otra vez.
Después de nuestra conversación permaneció algunas horas en el hospital, según Kate, pero se marchó junto con la banda cuando confirmaron que me darían de alta.
Aún seguía molesta, no sabía si con él, conmigo o con todo lo que Melina había conseguido alterar incluso estando detenida.
La puerta principal del hospital se abrió, cerré los ojos por un momento, agradeciendo sentir algo que no oliera a medicamento.
—No te duermas —pidió Kate, asomándose a un lado de la silla.
Abrí los ojos.
—¿Por qué no? —me queje
—Porque aún te tenemos que subir al auto —respondió
—Acaban de decir que debo descansar —que por mí me iría a trabajar —Y ahora no puedo ni cerra los ojos —bufé
—Jade...
—Kate...
—No comiencen —intervino mi Tía Mary mientras se acercaba desde el estacionamiento— El médico dijo que no debe alterarse
—Todo el mundo parece demasiado preocupado por mi nivel de alteración —me quejé
Mi tía se inclinó y me dio un beso en la frente, cuidando no acercarse demasiado a la venda de la ceja
—Porque te conocemos.
Detrás de ella, el Tío Spencer abrió la puerta trasera del auto. Había colocado dos almohadas sobre el asiento y una manta doblada a un costado.
—¿Todo eso es para mí? —pregunté
—Bueno, Mary quería traer el colchón —respondió mientras señalaba el interior— Logré convencerla de que no era necesario.
—No era una mala idea —se defendió ella
—Es un trayecto de veinte minutos —suspiré. Esto apenas comenzaba
El tío Spencer me ayudó a levantarme. Intenté rechazar su brazo, pero el primer paso consiguió que mis tobillos protestaran y terminé sujetándolo con más fuerza de la que pensaba.
—Puedo subir sola —advertí.
—Por supuesto —respondió, aunque mantuvo la mano cerca de mi espalda hasta que estuve sentada.
Mi tía acomodó una almohada detrás de mí. Kate colocó otra bajo mis piernas y después cubrió mis rodillas con la manta.
—Tengo veintisiete años, no ochenta —murmuré.
—Tu abuela tiene más de ochenta y se queja menos que tú —respondió Kate mientras cerraba la puerta
No pude discutir contra eso.
Durante el trayecto intenté observar la ciudad por la ventana. Todo seguía exactamente igual. Los autos se detenían frente a los semáforos, varias personas caminaban con prisa y algunos negocios comenzaban a cerrar.
En cambio, cada camioneta oscura que aparecía cerca del auto conseguía que mi cuerpo se tensara, Kate lo notó la segunda vez.
No dijo nada. Solo colocó una mano sobre mi rodilla y la mantuvo ahí hasta que llegamos, frente a mi casa había demasiados autos.
—¿Qué es esto? —pregunté mientras mi tío Spencer estacionaba
—Se le llama familia —respondió mi Tía Mary como si fuera evidente.
Kate abrió la puerta y bajó primero. Apenas coloqué un pie fuera del auto, escuché ladridos desde el interior de la casa.
La puerta de la casa se abrió antes de que llegáramos. Marco apareció sujetando a Thor por el collar mientras este jalaba con suficiente fuerza para arrastrarlo.
—¿Cómo puede pesar tanto? —se quejó intentando mantenerlo dentro— Olivia, ayúdame.
—¡No lo sueltes! —gritó ella desde atrás— Puede tirarla.
—No la va a tirar a ella, me va a tirar a mi —se quejó
—Thor —lo llamé, miré a Marco como señal de que podía soltarlo, que, aunque dudo, aflojo un poco su agarre
Thor corrió hacia mí, pero apenas estuvo cerca, freno de a poco antes de saltar. Olfateó mis piernas, mis manos y después inclino su cabeza para dejarme acariciarlo, me agache un poco ignorando la molestia de mis tobillos.
—Hola, Thor—murmuré mientras acomodaba su pelaje— Yo también te extrañé