Durante años estuve convencida de que mamá Lisa tenía una respuesta para todo.
Cuando me gradué y no sabía qué iba a hacer con mi vida, ella conseguía convertir cualquier preocupación en algo más sencillo. Cuando aparecía una decisión que yo intentaba aplazar durante semanas, bastaban unos minutos hablando con ella para que terminara aceptando algo que probablemente ya sabía desde antes de llamar.
Incluso cuando mis padres murieron, y ninguna respuesta podía cambiar realmente lo que había ocurrido, mamá Lisa nunca intentó explicarme por qué debían pasar ciertas cosas, simplemente estuvo.
Con el tiempo entendí que ese era su truco, nunca tuvo todas las respuestas.
Cuando pensé en dejarlo todo para irme con Parker, no me dijo que me quedara ni que me fuera. Me preguntó si eso era realmente lo que quería. Cuando hablé de casarme, de tener hijos o de cualquier futuro que todavía no conseguía imaginar, volvió a hacer exactamente lo mismo.
Y cuando dos días atrás le pregunté si debía perdonar a Mason, después de contarle prácticamente todo lo que llevaba semanas intentando entender, tampoco decidió por mí. Solo me recordó que todavía lo quería, que tenía razones para seguir molesta y que lo demás tendría que resolverlo yo.
En ese momento me pareció una respuesta bastante poco útil, ahora daría cualquier cosa porque volviera a decírmela.
Observé la fotografía colocada frente a todos. Era reciente, tomada durante su cumpleaños. Mamá Lisa estaba rodeada de flores y sonreía de esa forma que siempre intentaba ocultar cuando quería fingir que algo le parecía exagerado.
Había pasado los últimos días diciendo que no necesitaba regalos, decoraciones ni una casa llena de gente y, aun así, terminó disfrutando cada minuto de tenernos a todos ahí. Dos días después, estábamos reunidos los mismos, solo que ella ya no estaba.
La pequeña sala de la ceremonia estaba llena. Mi tía Mary permanecía sentada junto a mi tío Spencer en la primera fila, mi tía Flor y mi tío Jace estaban a su lado, acompañados por Olivia, Marco, Miranda, Zack y Austin.
Kate tenía una mano entrelazada con la mía desde que llegamos.
Ned estaba sentado detrás de nosotras con Ethan, Dylan y Oliver. Brisa y Celia habían llegado juntas poco antes de que comenzara todo, e incluso algunas personas de la revista que también quisieron acompañarnos.
Los chicos estaban al otro lado, Christian se encontraba con ellos, Nathan, Frank, Martin, Logan, y... Mason.
No había conseguido mirarlo más de unos segundos desde que entró, y no porque no quisiera.
Más bien porque desde que mamá Lisa murió cualquier muestra de cariño conseguía hacerme llorar otra vez y ya llevaba dos días comprobándolo.
La llamada llegó la mañana después de verla.
Iba camino al estudio para la sesión de fotografías cuando el nombre de mi tía Mary apareció en la pantalla del auto.
Contesté pensando que había olvidado alguna cosa en casa de mamá Lisa. Quizá el recipiente que me llevé no era el correcto o mamá Lisa había decidido que necesitaba algo de la tienda y se negaba a llamar directamente para pedirlo.
—Hola, tía —saludé mientras disminuía un poco la velocidad— Ya le entregué a mi tía Flor su recipiente, por si llama para...
—Jade —la forma en que dijo mi nombre consiguió que dejara de hablar.
—¿Qué pasó? —pregunté mientras sujetaba con más fuerza el volante
Escuché cómo respiraba al otro lado.
—Es mi mamá —mi pecho se apretó.
—¿Está bien? —pregunté rápidamente— ¿La llevaron al hospital?
—No, mi niña —la voz se le quebró
Reduje la velocidad hasta encontrar dónde detenerme.
—¿Qué pasó?
—Esta mañana fui a verla —explicó— No respondía y pensé que seguía dormida... —dejó de hablar unos segundos— Se fue dormida, Jade.
El auto ya estaba apagado, aunque no recordaba haberlo hecho. Solo el quedarme viendo mis manos sobre el volante mientras intentaba entender qué significaban exactamente aquellas palabras.
La había visto la noche anterior, habíamos hablado, había visto su novela. Me pidió que le dijera a mi tía Flor que dejara de mandar personas por sus recipientes, me dijo que fuera con cuidado.
—¿Estás segura? —fue lo único que conseguí preguntar
Mi tía comenzó a llorar.
—Sí, mi niña —cerré los ojos.
No hubo ambulancias, ni horas esperando frente a una sala de urgencias ni médicos saliendo con noticias que nadie quería escuchar. Mamá Lisa simplemente se durmió, y no despertó.
Durante los siguientes minutos mi tía siguió hablando, aunque apenas recuerdo lo que dijo. Me pidió que no manejara sola y seguramente le aseguró a alguien que yo estaba bien antes de terminar la llamada.
Kate llegó por mí, todavía no sé si fui yo quien le habló o si mi tía Mary lo hizo, porque ni siquiera sabía qué hacía aquí cuando debía estar en Nueva York. Cuando subió al auto me encontró exactamente donde había estacionado, con el teléfono entre las manos y sin haberme movido, y es que tal vez incluso la sorprendió encontrarme así, sin llorar.
Primero fui a casa de mamá Lisa y vi a toda mi familia entrando y saliendo de las habitaciones. Mi tío Spencer estaba sentado en el mismo sillón donde dos noches antes discutía con Marco. Olivia guardaba algunas cosas de la sala y mi tía Mary permanecía rodeada por mi tía Flor y Miranda.
La televisión estaba apagada.
Creo que eso fue lo primero que realmente me hizo entenderlo. A esa hora mamá Lisa normalmente habría tenido alguna novela puesta, aunque fuera una repetición que todos sabíamos que ya había visto, pero la casa estaba en silencio.
Después vi el control remoto sobre la pequeña mesa junto a su silla.
Y así, finalmente me permití llorar. No sentía que alguien hubiera arrancado algo de mi vida antes de tiempo. Mamá Lisa había envejecido frente a todos nosotros. Sus pasos se hicieron más lentos hasta que necesitó una silla de ruedas, sus manos comenzaron a temblar en algunos días y cada año aparecieron nuevas medicinas en la pequeña mesa de su habitación. Sabíamos que algún día ocurriría, yo lo sabía.