¿después de ti quién?

Capítulo 6 -1: El fin de un malentendido

Zoe lo miraba de reojo de vez en cuando desde la barra. Dylan seguía sentado en la mesa del fondo, con la mirada fija en el sobre claro, como si estuviera librando una batalla interna sobre qué hacer con él. Ella dejó escapar un suspiro cargado de ternura. «Sí o sí lo voy a ayudar», se prometió en silencio, conmovida por la situación. «Nadie merece sentirse tan desanimado ni pasar por una racha así. Hablaré con mi jefe hoy mismo para lo del puesto».

​Tarareando una melodía suave, Zoe continuó con sus labores mientras limpiaba unas tazas. Al mirar el reloj de pared, notó que ya eran las siete y media de la mañana. Era extraño; usualmente Dylan se tomaba su café de petróleo y se marchaba pronto, pero hoy parecía anclado a la silla debatiendo algo internamente. «Tal vez está esperando el momento indicado para preguntar por el empleo», dedujo ella.

​Como la cafetería se había quedado completamente vacía, Zoe decidió que era la oportunidad perfecta para acercarse. Salió de la barra, caminó con pasos ligeros hacia el fondo del local y se detuvo junto a la mesa del médico, quien seguía sumergido en sus pensamientos.

​—Hola, Dylan. ¿Qué pasa? Preguntó Zoe con voz suave—. ¿Puedo acompañarte? —señaló la silla frente a él con una sonrisa amable.

​Dylan se puso tenso al instante. Por puro instinto, tomó el sobre y lo deslizó debajo de su maletín para ocultarlo. Luego, forzando una respiración tranquila, asintió con la cabeza.

​—Sí... claro. Sería un gusto, Zoe. Respondió, regalándole una sonrisa amable de vuelta.

​Zoe captó perfectamente el movimiento rápido con el que escondió el papel. Sonrió con complicidad, convencida de que lo que ocultaba era su currículum o una solicitud formal de empleo. Se acomodó en la silla opuesta y se apoyó ligeramente sobre la mesa, acercándose un poco a él de manera informal. Al notar la cercanía, los nervios de Dylan se dispararon notablemente.

​—¿Qué tienes ahí? ¿Es para mí? Bromeó ella con tono alegre, intentando que él se relajara y soltara el gran secreto.

​Dylan se aclaró la garganta. El corazón le golpeaba con fuerza el pecho, pero decidió que ya no podía seguir huyendo de sus propios sentimientos. Miró a Zoe a los ojos, reunió la madurez que se le había escapado minutos antes y asintió.

​—Sí... es para ti, Zoe.

​Zoe se congeló en su lugar. Parpadeó un par de veces, asimilando sus palabras. «¿Para mí?», pensó, un poco descolocada.

​Con movimientos pausados y un poco temblorosos, Dylan sacó el sobre que estaba debajo del maletín y lo deslizó suavemente por la madera de la mesa hasta que tocó los dedos de ella. Zoe bajó la mirada para analizar el sobre.




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