¿después de ti quién?

Capítulo: 6 -2

Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver el dibujo en la esquina: un corazón anatómicamente correcto, con cada vena, aurícula y ventrículo delineados a la perfección. Una extraña oleada de nervios, mezclada con una profunda ternura, la invadió. Nunca nadie le había regalado algo parecido, y mucho menos con un detalle tan peculiar. «¿Acaso es dibujante?», se preguntó.

​Levantó la vista hacia Dylan, sosteniendo el sobre entre sus manos.

​—¿Esto es...?

​Dylan desvió la mirada hacia la ventana, sintiendo de inmediato que había sido una idea terrible. Se maldijo internamente por ser tan infantil; seguramente ella ahora lo miraba con lástima. Haciendo un esfuerzo monumental por mantener la compostura y fingir una seguridad que no tenía, se obligó a volver a mirarla y sonrió levemente.

​—Es una carta para ti. Cuando tengas un tiempo... léela, por favor, y me dices qué opinas.

​Zoe asintió, pero la curiosidad pudo más que ella. Con cuidado, rompió el sello del sobre y desdobló la hoja bajo la mirada fija y horrorizada de Dylan, quien sentía que se le iba la vida en cada segundo. Ella comenzó a leer en silencio. Dylan la observaba fijamente, notando cómo sus ojos iban de izquierda a derecha, regresando a veces para releer algunas líneas de la confesión.

​De pronto, Zoe se llevó una mano a la frente y soltó una carcajada fuerte, limpia y sonora que retumbó en las paredes de The Daily Blend.

​Dylan se quedó mudo, sintiendo que el piso se abría bajo sus pies.

​—¡Discúlpame, de verdad, no me estoy burlando de la carta¡ Dijo Zoe entre risas, intentando calmar su risa y recuperar el aire mientras se tapaba la boca. —Es solo que... ¡Dios mío! Todo este tiempo pensé que estabas desempleado. Estaba sumamente nerviosa pensando en cómo ayudarte y cómo ofrecerte el puesto de mesero sin herir tu orgullo.

​Dylan parpadeó, completamente estupefacto. Por instinto, se llevó una mano a la nuca, procesando la tremenda confusión mientras una sonrisa avergonzada pero sumamente aliviada aparecía en su rostro.

​—Ya veo... Comentó con una risa ronca y bajita. —No tenía idea de que proyectaba esa imagen. Definitivamente voy a tener que empezar a preocuparme un poco más por cómo me veo al salir de la guardia. Qué pena...

​Zoe volvió a reír, limpiándose una pequeña lágrima de diversión, mientras miraba al pulcro pero cansado hombre frente a ella. El misterio del "chico de las pantuflas" finalmente se había resuelto de la manera más cálida y divertida posible para ambos.




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