¿después de ti quién?

  Capítulo 7: Una caligrafía peculiar

​El trayecto de regreso a casa en el metro siempre era el momento en que Zoe procesaba su día. Apoyó la cabeza contra la ventana del vagón, observando las luces de los túneles pasar en un parpadeo constante. A pesar del cansancio acumulado en las piernas por haber estado tantas horas de pie, una sonrisa involuntaria apareció en su rostro al recordar la primera hora de la mañana. Recordó a Dylan entrado al café, desalineado, pero extrañamente lindo en su torpeza, y luego el momento exacto en que deslizó el sobre por la mesa.

​Abrió su bolso y sacó la carta con cuidado de no arrugarla. El papel seguía intacto y pulcro. Pasó la yema de los dedos sobre el dibujo del corazón, maravillada por un detalle tan peculiar y bello que jamás nadie había tenido con ella.

​ «Quiere que nos conozcamos...», pensó, sintiendo un leve cosquilleo en el pecho. «Y yo que pensaba que era un desempleado al que la vida trataba mal. Tiene trabajo, y uno que claramente le exige demasiado».

​Se quedó pensando en que él nunca especificó a qué se dedicaba. Eso, en lugar de alejarla, le pareció la oportunidad perfecta para entablar una conversación real la próxima vez que se vieran. También cayó en la cuenta de algo importante: era la primera vez que un hombre no le pedía el número de teléfono de inmediato ni le coqueteaba de forma descarada e incómoda. Ese ritmo lento, respetuoso le provocaba un calorcito muy acogedor en el corazón. Dylan era un hombre inmensamente tierno. Además, por la forma en que se aferraba a su rutina de café en solitario, Zoe intuyó que tal vez no tenía muchos amigos, y esa idea le dio un poquito de tristeza. «Seré su amiga», se prometió a sí misma con determinación.

​Cuando llegó a su hogar, el sonido de las llaves girando en la cerradura fue la bienvenida a su propio refugio. Un ambiente cálido, gentil y con aroma a comida casera la recibió de inmediato. Su familia la estaba esperando para cenar. Sus padres y sus hermanos menores alzaron la vista al verla entrar, saludándola con entusiasmo.

​—Hola, mi amor. Come algo, debes estar agotada —le dijo su mamá con una sonrisa protectora mientras le servía un plato humeante en la mesa.

​—Gracias, mamá. Asintió Zoe con dulzura.

​Se quitó el abrigo, lo colgó en el perchero y se sentó a la mesa. Juntó las manos por un momento para dar gracias por los alimentos y comenzó a comer tranquila, sumergiéndose en la reconfortante rutina de una cena familiar. Sus hermanos bromeaban y se molestaban entre ellos, sus padres reían con las ocurrencias de ambos, y Zoe simplemente disfrutaba del sonido de sus risas, sintiendo que el estrés del día se evaporaba.

​Más tarde, ya en la privacidad de su habitación, Zoe se dejó caer en la cama con un largo suspiro. Se masajeó suavemente las muñecas, un poco adoloridas por haber estado moviendo jarras y preparando pedidos para clientes exigentes durante horas.

Estiró el brazo hacia su bolso y sacó la carta una vez más. La desdobló bajo la luz tenue de su lámpara de noche. Al observarla con más detenimiento, no pudo evitar sonreír por un detalle: Dylan tenía una caligrafía fluida y elegante, pero sumamente difícil de entender. «Parece letra de médico», pensó con diversión, teniendo que entrecerrar los ojos para descifrar algunas palabras.

​Cuando llegó a la parte donde él le decía que le parecía hermosa por dentro y por fuera, sus mejillas se tiñeron de un rosa suave. Y al leer la línea donde mencionaba lo de charlar mientras tomaban "café de petróleo", soltó una carcajada limpia que ahogó contra su almohada.

​—Tal vez sí... Susurró para sí misma, mirando el papel. —No pierdo nada con intentarlo. Es un hombre muy tierno. Seremos buenos amigos.

​Se acomodó bien entre las sábanas, colocó la carta con delicadeza sobre su mesa de noche y se acobijó hasta los hombros. Cerró los ojos con una sensación de profunda paz a pesar de su día largo y pesado, lista para descansar, pero con una pequeña seguridad latiendo en su mente: mañana a las seis en punto, la dosis de café amargo de Dylan vendría acompañada de una respuesta.




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