¿después de ti quién?

Capítulo: 8-2

Se despidieron con un gesto y la mujer se marchó de la mano de su hijo. Dylan Collins se quedó un momento parado en mitad del estacionamiento, sosteniendo la bandeja de comida casera entre sus manos. El aroma que se filtraba era delicioso. Hacía años que no comía algo verdaderamente casero y decente. «Solo hice mi trabajo...», pensó para sí mismo con pena, con el corazón un poco más abrigado. Caminó hacia su vehículo, colocó la bandeja en el asiento del copiloto con cuidado para que no se volcara y condujo hacia su refugio diario: The Daily Blend. Al cruzar la puerta de la cafetería, el tintineo de la campana anunció su llegada. Zoe se dio la vuelta con rapidez y, al verlo, le dedicó una sonrisa enorme y radiante. Dylan sintió un violento vuelco en el pecho. «Tal vez solo está siendo amable, al ser un cliente regular», intentó razonar con su mente lógica, «pero aun así se ve tan linda». Se acercó a la barra y Zoe se apoyó sobre el mostrador, acortando la distancia entre los dos para saludarlo con entusiasmo. —¡Buenos días, Dylan! ¿Qué tal el trabajo? ¿Muy pesado? Dylan asintió con una pequeña sonrisa, agradeciendo internamente la calidez de su voz. —Un poco, aunque hoy afortunadamente no fue tan pesado como otros días. Zoe entrecerró los ojos con picardía y soltó un suspiro dramático. —Mmm, qué mal... Y yo que ya me había hecho a la idea de que lavaríamos platos juntos aquí atrás —bromeó, dejando escapar una risa suave. Dylan rio bajito, pero entonces, una valentía repentina e impulsiva se apoderó de él. Las palabras salieron de su boca antes de que su cerebro pudiera procesarlas. —Bueno... tal vez no pueda quedarme a lavar platos, pero... si tú me lo permites y... si lo deseas, podría invitarte a comer algo. En el segundo en que terminó la frase, Dylan quiso que la tierra se lo tragara. Se maldijo internamente por no haber pensado antes de hablar. Las mejillas se le encendieron en un rojo subido, desvió la mirada hacia el suelo y tensó los hombros, casi esperando una bofetada o un rechazo rotundo por haber sido tan atrevido. Zoe lo observó fijamente, sorprendida por la propuesta tan directa, pero increíblemente tierna de aquel hombre que volvía a ponerse nervioso frente a ella. Soltó una risita baja y se acercó un poco más, apoyando sus manos en la barra. —Bueno, me parece una excelente idea. Respondió Zoe con dulzura. —Y toma... esta es tu respuesta. Con un movimiento suave y rápido, Zoe deslizó un sobre por la madera de la barra. Dylan bajó la mirada, sorprendido, y tomó el papel. Al detallarlo, notó que en una de las esquinas había unos garabatos temblorosos que, con un poco de imaginación, intentaban ser el dibujo de unos pulmones. Dylan sintió que una carcajada se le atoraba en la garganta. Tuvo que apretar los labios y tembló levemente por el esfuerzo monumental de aguantarse la risa para no ser grosero.




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