¿después de ti quién?

Capítulo 13-1: Bromas y trazos de memorias

Unas horas más tarde, a Dylan le tocó iniciar su siguiente guardia médica. A pesar de llevar prácticamente cuarenta y ocho horas sin pegar el ojo, se sentía extrañamente descansado y ligero; una sensación de vitalidad que no experimentaba en años. Aunque la sala de urgencias estuvo bastante agitada, él se mantuvo eficiente, rápido y con un temple implacable en todo momento. Tanto así, que sus propios compañeros notaron de inmediato el cambio en su semblante.

​Mientras revisaba unos expedientes en el pasillo, uno de los médicos internistas se le acercó, mirándolo con curiosidad.

​—Doctor Collins, hoy se le ve mucho más motivado y vivo que de costumbre. ¿Pasó algo bueno?

​Dylan le dedicó una sonrisa amable. No era muy afecto de hablar de su vida privada en los pasillos del hospital, así que optó por una respuesta educada y formal.

​—Solo pude conciliar un sueño bastante exitoso durante mi breve descanso, doctor.

​El internista asintió con una sonrisa alegre, y satisfecha.

​—Pues debe hacerlo más seguido, jefe. Que tenga un feliz día.

​En cuanto el joven médico se retiró, Dylan soltó un suspiro y se quedó mirando su propio reflejo en el cristal de una ventana cercana. «Debo aprender a controlar mejor mis emociones... Qué pena, van a terminar pensando que me estoy volviendo loco», se reprendió a sí mismo con una sonrisa tímida, acomodándose la bata.

​Mientras tanto, a las cinco y cincuenta y cinco de la mañana en The Daily Blend, Zoe ya terminaba de acomodar la última taza limpia sobre el mostrador. El local aún no abría sus puertas, pero ella ya le tenía el café listo a Dylan. Mientras limpiaba la barra, comenzó a tararear una melodía alegre, sumergida en sus propios pensamientos. «Tal vez me dejé llevar un poco al prepararle el café desde antes... pero no pude evitarlo», admitió para sí misma.

​El recuerdo de la tarde anterior acudió a su mente: la cena, las risas, las atenciones de Dylan y, sobre todo, ese beso tan reverente en el dorso de su mano. Las mejillas de Zoe se tiñeron de un rosa intenso de inmediato. Sacudió la cabeza con fuerza, tratando de disipar los nervios. «Zoe, contrólate, por favor. Es solo un amigo muy amable, educado y atento. Nada del otro mundo, ¿Okey?».

​—Okey... Suspiró para sí misma justo cuando la campanilla de la entrada tintineó.

​Dylan cruzó la puerta. Zoe parpadeó un par de veces, procesando la nueva imagen del hombre que tenía enfrente. Ya no lucía desalineado ni llevaba sus acostumbradas ropas holgadas o calzado quirúrgico; venía perfectamente peinado, afeitado y con un porte impecable que gritaba el éxito de su verdadera profesión. Sin embargo, en cuanto sus ojos conectaron con los de ella, esa timidez tan suya volvió a brotar y la saludó moviendo la mano de manera timida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.