¿después de ti quién?

Capítulo: 13-2

​—Buenos días, Zoe. ¿Dormiste bien?

​Zoe reaccionó y le devolvió una sonrisa dulce, aunque con una pizca de preocupación en la mirada.

​—Buenos días, Dylan. Gracias, dormí muy bien... Pero dudo mucho que tú hayas podido hacer lo mismo, ¿cierto? «Se nos pasó la hora ayer en el restaurante y de seguro salió directo a iniciar su guardia», pensó con un toque de culpa.

​Dylan, sin sentir el peso del cansancio real, negó con la cabeza de manera calmada.

​—Estoy perfectamente, no te preocupes en absoluto. De hecho, hoy me siento muchísimo más productivo.

​Zoe sonrió aliviada, tomó la taza humeante de la barra y se la extendió con un guiño juguetón.

​—Toma... Un café petrolero para el doctor Dylan Collins.

​Dylan la miró, observó la taza y una chispa de picardía brilló en sus ojos. Decidió que era un excelente momento para estrenar su sentido del humor.

​—¿Sabes? De hecho... hoy tenía ganas de tomar algo diferente. Como un mocha, tal vez.

​Zoe abrió los ojos de par en par, sintiendo que la tierra se la tragaba de la pura vergüenza. «¡Tonta! ¡Te precipitaste de más! ¿Cómo ibas a saber que hoy quería algo distinto?», se reclamó mentalmente, entrando en pánico. Movió las manos con nerviosismo, estirándolas para recuperar la taza.

​—Ah, claro... Está bien, ahora mismo te lo cambio, dame un segundo...

​Dylan no pudo contenerse más y dejó escapar una carcajada limpia y suave, negando con la cabeza mientras disfrutaba de la escena.

​—Estaba bromeando, Zoe. Muchas gracias por ser tan atenta conmigo, me quedo con este.

​Zoe soltó un suspiro de alivio, aunque internamente quería desaparecer por haber caído tan redondito en una trampa tan obvia. «¿Una broma? ¿Qué te pasa, Zoe? ¡Se supone que tú eres la reina de las bromas en este lugar!», se cuestionó divertida. Al ver la sonrisa radiante de Dylan, no pudo evitar sonreír ella también.

​—Me tomaste completamente desprevenida... Muy buena esa, Dylan.

​Ambos compartieron una risa cómoda que terminó por disolver cualquier rastro de timidez. Mientras él daba el primer sorbo a su café, Zoe lo observaba con una sonrisa cómplice. «Como nunca hace chistes, pensé que hablaba completamente en serio... Pero veo que también sabe jugar. Me he topado con un rival digno», pensó con orgullo.




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