¿después de ti quién?

Capítulo 14-1: Un jardín en una maceta

A la mañana siguiente, después de que su turno en el hospital reclamara su presencia y mucho antes de dirigirse a The Daily Blend, Dylan hizo una rápida parada en la florería. Buscaba algo específico: una flor pequeña, hermosa, pero sutil. Caminó entre los grandes arreglos de rosas y lirios hasta que su vista se detuvo en unas diminutas flores azules con un delicado toque de amarillo en el centro.

​La dueña del local se acercó al notar su interés y sonrió con amabilidad.

​—Esas son nomeolvides... Es una flor de apariencia simple, pero tiene un significado hermoso.

​Dylan se inclinó un poco para apreciarlas mejor, cautivado por el color.

​—Es muy bonita. Admitió con voz suave.

​—Simboliza el amor eterno, la felicidad y los recuerdos perdurables. Explicó la mujer.

​Esa simple frase fue suficiente. Dylan miró las flores, tomó una decisión impulsiva y se giró hacia la señora con total convicción.

​—Me la llevaré... toda. La planta completa, por favor.

​La emoción le ganó por completo al sentido común. Minutos después, Dylan caminaba hacia la cafetería cargando, no un sutil y elegante ramo, sino una maceta entera de arcilla rebosante de nomeolvides, mientras intentaba ocultar un sobre blanco detrás de su espalda.

​En cuanto la campanilla de la puerta de The Daily Blend sonó, Zoe levantó la vista del mostrador. Al verlo entrar abrazando semejante maceta contra su pecho ancho, abrió los ojos de par en par. La sorpresa inicial rápidamente se transformó en una carcajada llena de humor y ternura.

​—Buenos días, Dylan... Vaya, no esperaba una visión tan botánica tan temprano. Bromeó ella, apoyándose en la barra con una sonrisa brillante. — ¿Acaso planeas empezar tu propio jardín?

​El comentario, aunque dicho sin una pizca de malicia, fue suficiente para que Dylan se pusiera del color de un tomate maduro. Sintió que el calor le subía por el cuello hasta las orejas. Desvió la mirada rápidamente hacia el suelo, apretó la macetita contra su pecho como si fuera un escudo y tartamudeó, completamente abrumado por la vergüenza.

​—Eh... bueno, yo... me dijeron que estas flores simbolizan la felicidad... y los recuerdos perdurables. Así que... pensé en ti, y... bueno, me traje la maceta entera. Creo que... no lo pensé muy bien.




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