¿después de ti quién?

Capítulo: 16-3

—¡Milo! ¡Mira! Exclamó con entusiasmo, mostrándole el sobre. — ¡Zoe también me escribió una carta! Vamos a leerla juntos.

Se detuvo un segundo, dándose cuenta de un pequeño detalle técnico.

—Bueno… mejor la leo en voz alta para que puedas entenderla bien. Pon mucha atención.

Milo lo observó con sus grandes ojos amarillos, visiblemente curioso. Dylan desdobló la hoja y comenzó a leer con una sonrisa de oreja a oreja:

«Hola, Dylan. Muchas gracias por las flores y por la macetita de nomeolvides; están realmente preciosas. El dibujo del corazón y el cerebro fue un detalle hermoso, de verdad me conmovió muchísimo. P.D.: Yo también te hice un dibujo».

Al llegar a la posdata, Dylan giró la hoja y se topó de frente con la ilustración. En medio de la sala desolada, donde solo el felino le hacía compañía, el cirujano soltó una carcajada limpia y fuerte que retumbó en las paredes. Milo, asustado por el repentino ataque de risa de su dueño, se puso de pie por puro instinto, estirando el lomo.

—¡Milo, mira! ¡Me hizo un dibujo! Le enseñó el papel al gato, aunque claramente el animal no lograba comprender qué era lo que causaba tanta gracia.

Dylan se llevó la hoja contra el pecho, cerrando los ojos con una sonrisa completamente enamorada.

—Es tan linda… Definitivamente, voy a atesorar esto. Lo voy a enmarcar.

Milo maulló bajito, volviendo a acurrucarse. Dylan se levantó del sofá con renovada energía, fue a su habitación y guardó la carta de Zoe en un cajón seguro. Luego, se sentó en su escritorio, tomó un bolígrafo y comenzó a redactar su respuesta, dejando que las palabras fluyeran con total calidez:

«Hola, Zoe. Me encantó el dibujo que me hiciste. Ahora tengo la certeza de que no solo tu letra parece de niño de preescolar, sino que también dibujas como uno, y debo decir que es lo más lindo que he visto. Por favor, haz más dibujos así para mí, te lo agradecería muchísimo. La última vez me faltó tiempo para preguntarte y contarte muchas cosas. Olvidé mencionarte que tengo una mascota; se llama Milo y es un gato muy sabio. A él también le gustó mucho tu nota. Me encantaría que me hablaras más de ti en tu próxima carta, si me permites el atrevimiento de pedirlo. P.D.: De nada, por las nomeolvides. La próxima vez te llevaré dos macetas enteras si así lo deseas».

Cuando terminó, contempló las líneas con satisfacción. Antes de doblar la hoja, dibujó en la esquina inferior un pequeño corazón real y un cerebro entrelazados y firmó solemnemente con su nombre completo: Dylan Collins.

Deslizó la carta dentro de un sobre nuevo y la guardó con cuidado en su maletín, asegurándose de tenerla lista para la próxima vez que la viera. Finalmente, caminó hacia su cama, se recostó y Milo se subió a la cama junto a él y Dylan se entregó a un sueño profundo, listo para recargar energías antes de tener que regresar a salvar vidas en las próximas veinticuatro horas.




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