¿después de ti quién?

Capítulo: 17-3

En cuanto Zoe se giró, aun con la risa dibujada en el rostro, se topó con la imagen de Dylan esperando pacientemente. Una oleada de ternura mezclada con una pizca de pena la asaltó de inmediato.

—¡Dylan! Buenos días... No te había visto. Dijo, acercándose a toda prisa mientras su compañero se retiraba a sus labores. —Lamento mucho haberte hecho esperar.

Dylan negó con la cabeza de inmediato, regalándole una sonrisa suave y tranquila.

—No te preocupes en absoluto, está bien. Además, solo llevo unos tres minutos aquí, no fue nada de tiempo realmente.

Zoe soltó una pequeña risa aliviada y se apoyó en el mostrador.

—Bueno, ¿Qué te vas a tomar hoy?

Dylan se quedó congelado por un segundo, atrapado en un dilema mental. «Si le pido un café fuerte... ¿Me va a regañar por lo de mi descanso?», se preguntó con pánico. Para empeorar su dilema, una pequeña fila de clientes comenzó a formarse detrás de él, lo que aumentó su rigidez. Miró a Zoe con ojos suplicantes, buscando auxilio.

Zoe descifró su mirada de pánico al instante y soltó una carcajada limpia.

—Está bien, está bien... Un café bien cargado para el doctor. Le concedió con diversión.

Dylan soltó un suspiro de alivio tan sonoro que sus hombros cayeron tres centímetros.

—Gracias, Zoe... De verdad, siempre me salvas la vida.

Zoe se giró hacia la máquina de espresso y le guiñó un ojo con total complicidad sobre el hombro.

—Obvio. ¿Qué harías tú sin mí?

A Dylan se le encendieron las mejillas de un rosa tierno. Se hizo a un lado con educación, permitiendo que la fila avanzara, y esperó pacientemente a que el último cliente se retirara con su pedido para volver a acercarse a la barra. Con un movimiento cuidadoso, deslizó la elegante caja de chocolates y el sobre blanco sobre la superficie pulida.

—Toma, esto es para ti... Espero que te gusten los chocolates. —Y aquí está tu respuesta. Dijo con una sonrisa tímida.

Zoe miró el paquete y el sobre, y sus ojos brillaron con una emoción genuina. Tomó ambos regalos y se los llevó de inmediato contra el pecho, abrazándolos con un cuidado infinito para no estropearlos.

—¡Muchísimas gracias, Dylan! Me fascinan los chocolates —exclamó, dando un par de saltitos de pura felicidad en su lugar. —Y gracias por la carta, prometo que la leeré en cuanto llegue a mi casa.

Al ver su reacción tan espontánea y alegre, el pecho de Dylan se infló de un orgullo sumamente dulce. Sus mejillas se tiñeron de un rojo aún más intenso, celebrando su pequeña victoria de manera interna. «Bien... Esta vez Milo definitivamente me va a felicitar por el logro», se alentó a sí mismo con entusiasmo.

Tras intercambiar una última mirada cargada de promesas silenciosas y una cálida despedida, Dylan dio la vuelta para marcharse. Antes de cruzar la puerta, notó de reojo que el compañero de trabajo de Zoe lo observaba con los ojos entrecerrados, evaluando la situación con evidente curiosidad y molestia. Dylan, sin embargo, prefirió no darle la menor importancia; acomodó su maletín y salió al aire de la mañana con el corazón latiendo a un ritmo perfecto, listo para enfrentar lo que viniera con una sonrisa pequeña, pero inquebrantable.




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