¿después de ti quién?

Capítulo 18-1: Secretos frente al espejo y el "traidor" desayuno

Al terminar su jornada, Zoe regresó a casa tarareando una melodía alegre, dejando que el ritmo de su propia felicidad amortiguara el cansancio físico. Su familia la recibió con el calor de siempre, y tras una cena tranquila, se retiró a la intimidad de su habitación. Al apagar la luz principal y dejar encendida solo la lámpara de noche, se sentó en el borde de su cama, rodeada de un silencio acogedor.

—Qué día tan agradable. Susurró para sí misma, con una sonrisa que no abandonaba su rostro.

Sacó la carta y la caja de chocolates de su bolso. «Tal vez solo fue un detalle casual», pensó intentando mantenerse racional, «pero definitivamente conoce mis gustos». Con manos temblorosas de emoción, abrió el sobre. Al leer la propuesta de Dylan de conocerse mejor, soltó una risita feliz. La idea de que a ambos les faltó tiempo en su última salida le pareció encantadora.

Cuando leyó sobre Milo, sus ojos brillaron. «¿Un gato? ¡Qué lindo! Debe ser un gatito inteligente si Dylan dice que es sabio». Pero fue al llegar a la posdata donde su corazón dio un vuelco. Se rio con ternura, recordando lo tímido y raro que era Dylan cuando apenas se conocían, y cómo esa timidez, lejos de molestarla, le resultaba profundamente entrañable.

Pasó las yemas de sus dedos por el corazón y el cerebro que él había dibujado con tanto cuidado. Un calor intenso subió por su cuello hasta sus mejillas.

—Ese detalle... es tan bonito. Murmuró, perdiéndose en sus pensamientos. —Es peculiar, como siempre. El corazón... supongo que es porque me aprecia. Y el cerebro... ¿Porque me piensa?

De pronto, se puso roja como un tomate. Se avergonzó tanto de su propia interpretación que dejó caer la carta sobre la mesita de noche como si quemara.

—¡No, Zoe! ¡Tonta! Se regañó a sí misma, tirándose de espaldas a la cama y rodando sobre las sábanas por pura vergüenza. —¡Seguro solo lo hizo porque le parece bonito y ya!

Tras unos minutos de batallar contra sus propios nervios, se levantó y se acercó a su escritorio con una sonrisa decidida. «Bien, si él puede ser detallista, yo también». Tomó papel y lápiz y comenzó a escribir:

Querido Dylan:

Leí tu carta y me dejaste con mucho que contar. Primero, muchas gracias de nuevo por la macetita; si me encantaría recibir más, así podré tener mi propio jardín.

Me sorprendió mucho lo de tu gatito. Si no es molestia, me encantaría que me lo presentaras algún día, pero por ahora me conformo con ver fotografías de él. Por mi parte, te cuento que tengo dos hermanos menores, Hugo y Rafael, y vivimos con nuestros padres. Me gustaría invitarte a cenar un día de estos para que los conozcas y vean lo agradable que eres, si no te molesta.

P.D.: Me morí de risa recordando tu cara cuando no sabías qué hacer en el café por la fila que se juntó.

Con cariño, Zoe Pearson.




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