¿después de ti quién?

Capítulo 19-1: Miradas cruzadas y un sutil rival

Como cada mañana, Zoe fue la primera en llegar a The Daily Blend. El olor a madera limpia y café molido la recibió en un silencio reconfortante mientras encendía las luces cálidas del local. Con un ritmo pausado y casi terapéutico, comenzó con su rutina: acomodar las sillas de madera una por una, pulir la vajilla de porcelana y dejar todo impecable antes de que el sol terminara de salir.

​Poco después, sus compañeros de turno comenzaron a cruzar la puerta entre saludos perezosos y bostezos. Sin embargo, en cuanto Rebecca Borbón, una de las mejores amigas de Zoe en el trabajo, entró al local, se detuvo en seco. Abrió los ojos de par en par, soltó su bolso en un perchero y corrió a darle un fuerte abrazo por la espalda.

​—¡Vaya, pero qué hermosa te ves hoy, Zoe! Dijo Rebecca de forma animada, tomándola de las manos y obligándola a dar una vuelta completa sobre su propio eje para evaluarla desde todos los ángulos. —¿A qué se debe tanta elegancia? ¿Tendremos una pasarela de moda hoy en la cafetería y no me enteré?

​Zoe soltó una risita melodiosa, sintiendo que el calor le subía rápidamente a las mejillas por la inspección de su amiga.

​—No, para nada... Solo pensé que sería lindo arreglarme un poquito más hoy. Ya sabes, de vez en cuando una quiere sentirse bonita para sí misma, ¿no?

​Rebecca entrecerró los ojos y arqueó una ceja con una mueca de absoluta incredulidad. Conocía a Zoe demasiado bien, y su amiga era una pésima mentirosa; su rostro era un libro abierto.

​—Sí, claro, "para ti misma". Ironizó Rebecca, dándole un par de codazos juguetones. —Ignoremos por completo el hecho de que cierta trenza preciosa y ese labial combinan perfectamente con el horario de llegada de ese doctor tan guapo que te viene a ver.

​Varios compañeros que andaban cerca soltaron risitas cómplices, sabiendo perfectamente a quién se refería. Zoe se puso aún más roja, agitando las manos en el aire.

​—¡No! Eso es mentira... Bueno, él... solo es mi amigo. Se llama Dylan.

​—Mmm, ¿Dylan? Qué lindo nombre para tu futuro esposo —bromeó Rebecca, abrazándola de nuevo con fuerza. —A ver, cuéntame: ¿ya conoces su casa? ¿Ya lo presentaste con tus padres?

​—¡No, no y no! —reclamó Zoe entre risas, zafándose del abrazo. —Bueno... lo último aún no, pero sí tengo planeado invitarlo a cenar pronto. ¡Pero solo como amigos, nada más!

​Zoe intentaba auto convencerse de sus propias palabras con tanta energía que Rebecca prefirió no presionarla más por el momento. Soltó un suspiro dramático y asintió con una sonrisa cómplice.




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