¿después de ti quién?

Capítulo: 23-2

En su propia casa, Zoe leyó el mensaje recostada entre sus sábanas y soltó un bufido divertido, tapándose la boca. «Lo sabía...», pensó con una sonrisa cómplice. «Tenía la certeza de que, si faltaba, aunque fuera un par de días, esos dos terminarían incendiando la cafetería». Con los ojos entrecerrados por el sueño que empezaba a vencerla, escribió su respuesta:

Zoe 💕: Ahora que tenemos nuestros números, podremos hablar más seguido. Y lo más importante: ¡por fin podrás enviarme fotos de Milo! Pasa una buena noche, Dylan. Me siento un poco cansada por los medicamentos.

Dylan sonrió grande en la calidez de su habitación. Movido por una chispa de entusiasmo, acomodó la cámara de su teléfono, le tomó una foto espontánea a Milo mientras este bostezaba y se la envió de inmediato, junto a una propuesta que le hizo latir el corazón a mil por hora:

Dylan: Él es Milo, es mi gato y tiene tres patas. Espero que descanses muy bien. Y... si no es mucha molestia de mi parte... ¿Podría llevarte algo de comer o algunos medicamentos a tu casa mañana?

Al recibir el mensaje, Zoe sintió que un escalofrío de pura emoción la recorría por completo, haciéndola soltar una pequeña tos nerviosa. «¿Dylan aquí en mi casa? ¿Mañana?», se preguntó, con las mejillas encendidas bajo las cobijas. «Suena increíblemente lindo... tal vez sí».

Zoe 💕: Estaría encantada, Dylan. Descansa.

Al leer la confirmación, Dylan experimentó un nuevo pico de alegría. Volvió a tomar a Milo y lo sacudió una vez más, ganándose un maullido de sincera protesta por parte del felino mareado.

—¡Dijo que sí, Milo! ¡Va a recibirme en su casa!

Tratando de mantener la compostura que le quedaba, tecleó rápidamente el último mensaje de la noche:

Dylan: Está bien. Mañana mismo es mi día de descanso, así que estaré en tu casa a las diez de la mañana en punto. Descansa.

Ambos bloquearon las pantallas de sus respectivos celulares al mismo tiempo, dejando escapar un suspiro idéntico cargado de ilusión. Zoe se acurrucó entre sus mantas, acomodándose con una enorme paz en el pecho.

Por su parte, Dylan se quedó recostado mirando el techo de su habitación en silencio. Estiró el brazo, atrajo a Milo hacia su pecho y lo abrazó con un cariño absoluto.

—No lo voy a arruinar, Milo... Susurró con solemnidad en la oscuridad. —Porque después de Zoe... ¿Quién?

Con esa última promesa flotando en el aire, el cirujano cerró los ojos, quedándose profundamente dormido con una sonrisa indeleble, listo para el que prometía ser el día más importante de sus últimos tres meses.




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