—¡Hola, Dylan! Pero qué muchacho tan guapo y alto eres, hijo. Dijo con total calidez y le dio un abrazo de bienvenida.
Dylan, conmovido por el gesto, le correspondió el abrazo de manera sumamente gentil, sintiendo cómo la tensión acumulada en sus hombros se disolvía casi por completo.
—Un verdadero gusto, señora Pearson. Tomé... les traje esto. Espero que sea de su agrado y suficiente para todos. Dijo con una timidez encantadora, entregándole las bolsas de víveres.
Margaret contempló la cantidad de comida de excelente calidad y se derritió de ternura por dentro, dando por inaugurado su cariño hacia su inevitable futuro yerno.
—¡Ay, cariño, pero no te hubieras molestado para nada! Muchísimas gracias, eres muy atento. Le dijo, tomando las cosas para llevarlas a la cocina.
Justo en ese momento, los dos hermanos menores de Zoe se acercaron con entusiasmo. Dylan miró a Hugo y luego a Rafael, sorprendido al notar que eran gemelos idénticos, y les dedicó una sonrisa amigable. Rafael, observando los brazos atléticos del médico, no tardó en hablar sin ningún tipo de filtro:
—¡Wao! Eres realmente enorme. Oye, ¿tú eres el novio de Zoe?
A Dylan se le cruzaron los cables por un segundo. Su mente gritó de inmediato: «¡No, pero me encantaría serlo con todo mi corazón!». Sin embargo, tose con timidez y respondió con total educación:
—No, no... por ahora solo soy un amigo de Zoe. Vine a visitarla porque me enteré de que estaba delicada de salud.
Hugo, emocionado, dio un paso al frente.
—¡Mi hermana nos contó que eres doctor! Y que eres de los que operan y salvan vidas en el hospital principal. ¡Eso es demasiado cool!
Dylan sonrió con una humildad sincera, restándole importancia al asunto con un sutil ademán.
—Bueno... la verdad es que no hago nada del otro mundo, chicos. Solo es mi trabajo. Me importan mucho las personas y procuro cuidarlas lo mejor posible para que puedan regresar sanas con sus familias.
Peter Pearson, que había estado observando toda la interacción en silencio desde la sala, se sentó lentamente en el sofá principal. Apoyó los brazos en las rodillas y clavó sus ojos fijos en el médico.
—Ven aquí, Collins... Vamos a charlar un momento tú y yo mientras Hugo sube a avisarle a Zoe que ya estás aquí.
Dylan tragó saliva de forma ruidosa, sintiendo el verdadero peso de la prueba en el sofá. Asintió de manera formal y madura, caminó hacia la sala y se sentó en el sillón individual justo frente al padre de Zoe, adoptando una postura recta.
Peter lo miró con seriedad monumental, cruzando las manos.
—Dime tu nombre completo...
A pesar de la imponencia del hombre, Dylan se puso serio y respondió con una firmeza impecable, sin una sola pizca de duda o cobardía en su mirada:
—Dylan Collins, a su servicio, señor.
El padre asintió levemente para sus adentros, complacido al ver que el muchacho no se acobardaba ni ponía cara de tonto bajo presión.
—Bien. ¿A qué te dedicas exactamente, Collins?
Dylan lo miró directamente a los ojos, con total seguridad en sus capacidades profesionales:
—Soy médico cirujano especialista en el área cardiovascular. Trabajo en el hospital central de la ciudad desde hace cinco años, señor Pearson.
Peter abrió ligeramente los ojos, gratamente sorprendido por semejante título y estabilidad profesional a su edad, aunque se esforzó por mantener su máscara de dureza. Volvió a asentir de forma lenta.
—Bien... al menos tienes un trabajo bastante decente. Ahora dime, Collins... ¿Cuáles son tus verdaderas intenciones con mi hija?
Dylan respiró hondo, se acomodó en su sitio y se enderezó aún más. La timidez se evaporó, dejando salir al hombre honesto y maduro que llevaba dentro. Miró al padre de Zoe con una devoción absoluta en sus palabras:
—Siendo completamente sincero con usted, señor Pearson... Aunque Zoe aún no lo sabe de forma oficial, yo amo a su hija. Ella fue, y sigue siendo, la única persona que me aceptó tal y como soy, incluso en mis peores fachas en la cafetería, y jamás me juzgó por ello. Zoe es una mujer brillante, amable y con un corazón enorme. La aprecio más de lo que puedo expresar... Pero, por ahora, somos únicamente amigos. Hasta que ella no decida darme un lugar diferente en su vida por su propia voluntad, yo seguiré respetando su decisión y manteniéndome a su lado como su amigo. No tengo la más mínima intención de forzarla a nada, señor.
El silencio reinó en la sala durante unos segundos. Las palabras tan honestas, respetuosas y cargadas de un amor tan puro terminaron por derribar cada una de las barreras protectoras de Peter Pearson. El semblante duro del padre se desvaneció por completo, cambiándolo por una mirada de profunda aprobación y conmovido por su parte paternal. 《Si mi hija enfermó y este muchacho apareció con comida, medicamentos y una cara de pánico absoluto, entonces probablemente sea tan bueno como ella dice.》
Peter se puso de pie de inmediato. Dylan lo imitó por reflejo, pero en lugar de recibir un reclamo, el señor Pearson le tendió la mano para un fuerte apretón, que rápidamente se transformó en un abrazo fraterno y palmadas afectuosas en la espalda.