Despues Del Dolor ,el Amor Verdadero

EL ALBUM QUE YA NO DUELE

Emma despertó antes del amanecer. La luz del cielo apenas comenzaba a teñirse de azul, y el silencio del departamento era tan profundo que podía escuchar sus propios pensamientos.

Se levantó, hizo café sin pensarlo demasiado, y se dirigió hacia esa caja que había evitado por meses: una de cartón forrada con flores secas, donde guardaba los vestigios de su historia con Leonardo.

Fotos, entradas de cine, cartas. La caja de los "recuerdos felices", o al menos, así la llamaba antes.

Se sentó en el suelo, frente a la ventana, y con manos firmes empezó a sacar una a una las memorias.

Primero fue una postal que él le regaló en su primer aniversario, escrita con una caligrafía que había amado:

> Eres mi brújula en el caos del mundo. No me sueltes nunca.
Qué ironía, pensó. Fue él quien soltó primero.

Luego encontró una foto en la playa. Él la abrazaba desde atrás y ambos reían. A simple vista parecían la pareja perfecta. Pero ella recordó que esa misma noche, él había desaparecido durante horas por una supuesta "reunión urgente". Lo esperó con angustia y terminó llorando sola en la habitación del hotel.

No todo lo que brilla en una fotografía brilla en la realidad.

Siguió sacando papeles, objetos, pequeños obsequios. Algunos le arrancaron una sonrisa melancólica. Otros, una punzada en el estómago. Pero esta vez no lloró. Esta vez no sintió nostalgia de lo que fue, sino alivio de lo que ya no era.

Porque ahora podía mirar todo eso sin necesitar volver. Solo para entender.

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Mientras tanto, Iván le escribió:

> Anoche soñé que cocinabas panqueques. No sé si fue una visión o una sugerencia. ¿Tú qué opinas?

Emma sonrió. Su corazón no saltó como solía hacerlo con Leo, no ardió de euforia… pero se sintió en calma, como si cada palabra de Iván fuera una brisa tibia que le envolvía el pecho. No era un torbellino. Era abrigo.

Le respondió:

> Diría que es una visión. Pero ojo, en mis sueños yo siempre agrego canela de más.

Iván contestó con un emoji de chef y una frase que la hizo suspirar:

> Entonces será el desayuno más dulce del mes.

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Esa tarde, Emma salió a caminar por un parque donde solía ir con Leonardo. Sabía que era un paso importante: volver a esos lugares, no como quien se castiga con la memoria, sino como quien reclama su derecho a resignificar el pasado.

Se sentó en la misma banca donde Leo la había besado por primera vez. Cerró los ojos. Recordó ese beso, y también las palabras que siguieron, cuando él le prometió que "nunca tendría que dudar de él".

Lo que antes era un nudo, hoy solo era un dato. Una parte de su historia. Una página más.

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Al llegar a casa, abrió la caja una última vez. Tomó los objetos más simbólicos y los metió en una bolsa. Decidió no quemarlos —no necesitaba dramatismo— pero sí guardarlos en el armario más alto, como se hace con los libros ya leídos que no se volverán a abrir.

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Esa noche, escribió en su diario:

> Recordar no siempre es retroceder. A veces es el paso previo a la libertad. Hoy caminé entre fantasmas y no me asustaron. Porque ya no me habitan. Porque me estoy llenando de nuevos recuerdos, más tranquilos, más míos.

Y antes de dormir, pensó en Iván. No como un salvador, sino como un símbolo de lo que podría venir: algo lento, genuino, sin cicatrices disfrazadas de romanticismo.

Algo verdadero.



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En el texto hay: dark romance, romántico

Editado: 16.08.2025

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