Ahora solo quedan cenizas.
Cenizas de cartas que nunca leíste con la misma pasión con la que yo las escribí. Cenizas de historias donde tu nombre estaba escondido entre sombras. Cenizas de una niña que creyó que amar era entregarse hasta desaparecer.
Me dijiste en la cara que estabas cansado de mí.
Lo raro, es que volvías una y otra vez a mi lado.
Esa frase se clavó en mi mente como una sentencia. No era suficiente. No era la elegida. No era prioridad. Y entonces entendí que el amor no me había salvado, me había terminado de enterrar.
La depresión no llegó gritando. Llegó susurrando.
-No vales.
-No importas.
-Eres reemplazable.
Y yo le creí.
Mi reflejo empezó a cambiar. Ya no odiaba solo mi cabello, ni mi figura, ni mi voz. Odiaba mi existencia. Odiaba haber sentido tanto. Odiaba haber sido tan ingenua. Odiaba mi capacidad de amar.
Porque amar, para mí, significó perderlo todo.
Me convertí en espectadora de mi propia vida. Caminaba, hablaba, sonreía... pero por dentro estaba en ruinas. El mundo seguía avanzando mientras yo me quedaba atrapada en el día que me dijiste que no era suficiente.
Nadie vio mi caída.
O tal vez la vieron y decidieron mirar hacia otro lado.
Pedí ayuda.
Pedí un abrazo.
Una simple frase "quédate, no estás sola".
Pero el silencio fue más fuerte que cualquier respuesta.
Y cuando te volví a buscar... cuando me dijiste la verdad... entendí que yo era la única que había estado viviendo una historia de amor.
Eso fue lo que más dolió.
Mientras yo te entregaba mi mundo, tú medías hasta dónde podías romperme.
Y lo lograste.
Me rompiste.
Pero lo que no sabías...
es que el suelo al que caí no era el final.
Era el punto más bajo desde donde podía empezar a mirar hacia arriba.
Porque en medio del colapso, entre ataques de ansiedad y noches sin respirar bien, hubo una pregunta que empezó a repetirse más fuerte que tu voz:
¿Y si no era yo la que no era suficiente... y eras tú el que no sabía amar?
La depresión me envolvió, sí.
La ansiedad me paralizó, sí.
Pero también me obligaron a enfrentar algo que evitaba:
Estaba desesperada por sentirme elegida.
Y confundí atención con amor.
Confundí intensidad con destino.
Confundí migajas con promesas.
Ahora estoy aquí.
Vacía, pero consciente.
Rota, pero despierta.
Y aunque todavía duela, aunque todavía tiemble cuando recuerdo tu voz, algo dentro de mí empieza a reconstruirse en silencio.
Porque si algo aprendí en este infierno,
es que el amor no debería doler más que la ausencia.
Editado: 02.06.2026