Después del invierno

Capítulo 4

Sin embargo, me quedé.

Me quedé incluso cuando todos me advertían que no eras bueno para mí. Te defendí a capa y espada, como si protegerte fuera una misión sagrada. Como si demostrarle al mundo que no estabas equivocado fuese una forma de demostrar que yo también valía.

Es triste... recuerdo con más claridad tus crueldades que cualquier momento feliz antes de conocerte. Es como si mi vida hubiese comenzado el día que decidiste destruirla.

Te pedía que me amaras.
Aunque fuera mentira.
Aunque lo fingieras.
Aunque solo lo dijeras para callar mis miedos.

No tengo derecho a culparte del todo. Yo exigí algo que tú jamás pudiste dar. Ni siquiera sabías amarte a ti mismo. Me convencí de que tus carencias familiares justificaban tu frialdad, tus cambios de humor, tu violencia. Convertí tus traumas en excusas. Convertí tus heridas en mi responsabilidad.

Quise reconstruirte con mi amor.

Y en el proceso, me desmantelé pieza por pieza.

Yo lo tenía todo... sueños, inocencia, futuro.
Y lo perdí todo intentando salvar a alguien que disfrutaba verme hundirme.

Cada golpe no solo marcaba mi piel, marcaba mi identidad. Pero lo que más dolía no era el impacto. Eran tus palabras.

-Tu me haces ser así Evangeline.
-Lo arruinaste otra vez, es culpa tuya.

Lo susurrabas mientras me golpeabas, como si quebrarme fuera una forma de reafirmar tu poder.

Y yo me quedaba.

Porque después venía el abrazo.
Después venían las promesas.
Después decías que ibas a cambiar.

Pero yo ya estaba rota.

Ahora no le creo a nadie. La sola presencia de alguien más me provoca una presión en el pecho, una alarma invisible que se activa sin permiso. No siento ternura, no siento curiosidad. Solo temor. Solo repulsión. Solo recuerdos.

Porque hubo una vez en la que me entregué completamente. Confié en una dulzura que resultó ser un disfraz. Me aferré a palabras suaves que escondían intenciones crueles.

Hoy no queda nada de lo que alguna vez fuimos.

Nada.

Solo ecos de golpes, sarcasmos disfrazados de bromas, gritos que aún resuenan en mi cabeza y una indiferencia que terminó por apagar lo poco que quedaba de mí.

Me escondí durante años. Intenté reconstruirme lejos de ti. Intenté desaparecer de tu radar.

Pero me volviste a encontrar.

No necesitaba escapar físicamente. Sabías exactamente cómo manipular mis miedos. Te divertía mi forma desesperada de amarte. No querías perder esa devoción enferma que alimentaba tu ego.

Tú ya estabas roto.

Y romperme a mí te hacía sentir entero.

Tus palabras dolían más que tus golpes. Porque los moretones sanaban... pero lo que sembrabas en mi mente crecía como veneno.

Mi silencio te alteraba.
Mi tristeza te incomodaba.
Mi resistencia te enfurecía.

Necesitabas que llorara, que suplicara, que confirmara que tenías poder sobre mí.

Y lo tuviste.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.