Luke seguía abrazando a Noah como si soltarlo fuera imposible.
El parque continuaba lleno de ruido alrededor de ellos, pero para Evangeline todo sonaba distante. Ahogado. Como si el mundo hubiera quedado detrás de un vidrio.
Noah lloraba bajito contra el cuello de su padre.
—Lo siento… lo siento…
—No vuelvas a hacer eso —murmuró Luke con la voz rota—. Nunca vuelvas a correr hacia la calle así.
Ethan permanecía inmóvil a unos pasos, completamente pálido.
Y eso fue lo que terminó de romper algo dentro de Evangeline.
Porque él también estaba asustado.
Intentando ser fuerte mientras veía a su hermano llorar.
Ella se puso de pie lentamente y caminó hasta Ethan.
—Hey… —dijo suave—. Está bien.
El niño levantó los ojos hacia ella.
—Pensé que el auto iba a golpearlo.
La sinceridad brutal en su voz le apretó el pecho.
Evangeline dudó apenas un segundo antes de arrodillarse frente a él.
—Pero no pasó.
Ethan tragó saliva fuerte.
Y entonces, como si ya hubiera decidido confiar en ella desde hace tiempo, se lanzó a abrazarla.
Evangeline se quedó congelada.
Porque nadie la abrazaba así.
Sin cuidado. Sin miedo. Sin esperar nada.
Sus brazos reaccionaron solos rodeándolo despacio.
Y cuando levantó la mirada…
Luke la estaba observando.
Otra vez con esa expresión.
Esa que hacía que algo cálido y peligroso creciera bajo sus costillas.
—Creo que oficialmente eres la persona favorita de mis hijos —dijo él intentando sonar ligero.
—Noah casi muere y eso es lo que dices.
—Estoy en shock. Mi cerebro no está funcionando correctamente.
Eso le arrancó una pequeña sonrisa.
Luke pareció relajarse apenas la vio.
Solo un poco.
Entonces Noah se separó de su padre con los ojos aún húmedos.
—¿Te vas a ir?
La pregunta iba dirigida a Evangeline.
Y por alguna razón… dolió.
Porque estaba acostumbrada a irse.
Siempre.
Antes de encariñarse. Antes de quedarse. Antes de importar demasiado.
—Noah… —advirtió Luke suavemente.
Pero el niño insistió.
—Puedes venir con nosotros por helado.
Evangeline abrió la boca para rechazarlo automáticamente.
Sin pensar.
Como hacía con todo.
Hasta que Ethan habló también.
—Sí. Papá compra el mejor helado.
Luke suspiró resignado.
—Soborno emocional. Técnica clásica.
—Funciona —dijo Noah muy serio.
Evangeline soltó una risa baja.
Y Luke la miró otra vez como si acabara de descubrir algo peligroso.
Demasiado peligroso.
—No tienes que hacerlo si no quieres —dijo él esta vez más suave—. Después de… todo esto.
Ella debería decir que no.
Definitivamente debería.
Pero entonces Noah tomó su mano.
Pequeña. Calientita. Con absoluta confianza.
Y Evangeline sintió algo extraño.
Algo que no se parecía al miedo.
—Solo un helado —murmuró finalmente.
Los gemelos celebraron como si hubiera aceptado salvar el mundo.
Luke sonrió.
Y eso fue peor de lo que esperaba…
Esa sonrisa empezaba a convertirse en un problema mucho más serio de lo que ella estaba preparada para admitir.
Editado: 17.06.2026