Después del invierno

Capítulo 20

Luke estaba terminando el helado que Noah había abandonado dramáticamente “porque ya no sabía igual” mientras Ethan intentaba convencer a Claire de que merecía toppings gratis por ser “emocionalmente encantador”.

Evangeline los observaba en silencio.

O al menos lo intentaba.

Porque afuera, detrás del vidrio del local… acababa de verlo.

Gabriel.

Y junto a él, tomada de su mano, la pequeña niña que aquella vez en el supermercado le había sonreído antes de irse diciendo:

—Me llamo Eva.

Eso fue todo.

Pero había bastado.

Porque escuchar ese nombre en labios de Gabriel había sido como abrir una herida vieja con las manos.

Eva.

El nombre que alguna vez habían elegido juntos entre bromas absurdas y sueños que nunca llegaron a existir.

Evangeline sintió el pecho apretarse.

Demasiado.

Luke levantó apenas la mirada hacia ella.

Y claro que lo notó.

La manera en que sus dedos dejaron de moverse. Cómo evitaba mirar hacia la ventana otra vez. Cómo parecía querer desaparecer de repente.

No preguntó qué ocurría.

Solo acercó lentamente el vaso de agua hacia ella.

—Toma un poco.

La voz tranquila.

Suave.

Como si estuviera intentando no asustarla.

Evangeline tomó el vaso sin mirarlo.

—Gracias.

Noah levantó la cabeza.

—Papá, ¿por qué hablas como veterinario calmando perros?

Luke soltó una risa baja.

—Porque ustedes actúan igual de salvajes.

Ethan señaló a Noah inmediatamente.

—Él más.

La pequeña discusión hizo que Evangeline sonriera apenas.

Y Luke sintió una absurda sensación de alivio solo por verla hacerlo.

Entonces la campanita del local sonó.

Evangeline sintió el corazón detenerse.

No necesitó girarse para saber quién había entrado.

—¡Eva, despacio! —escuchó la voz de Gabriel cerca de la puerta.

El miedo le recorrió el cuerpo demasiado rápido.

Automático.

Viejo.

Conocido.

Instintivamente bajó la mirada.

Como si evitar verlo pudiera hacerla invisible.

Luke la observó inmediatamente.

Y algo dentro de él se tensó.

Porque esa no era incomodidad normal.

Era miedo.

Real.

La pequeña niña apareció primero corriendo hacia el mostrador distraída con los dulces.

Gabriel avanzó detrás de ella.

Y Evangeline sintió que le costaba respirar.

No quería que la viera. No quería hablar. No quería revivir nada.

Entonces Luke hizo algo tan simple que casi le dolió.

Se levantó tranquilamente de su asiento y se movió al lado de ella para ayudar a Noah con una servilleta.

Pero al hacerlo…

bloqueó completamente la vista directa desde la entrada hacia Evangeline.

Natural.

Como si no significara nada.

Como si simplemente estuviera ocupándose de sus hijos.

Y aun así…

la estaba cubriendo.

Protegiéndola sin preguntar por qué.

Sin obligarla a explicar nada.

—Noah, tienes helado hasta en la ceja. ¿Cómo hiciste eso?

—Tengo talento.

Ethan suspiró.

—Papá ya se rindió con él.

Luke siguió hablando con total normalidad mientras Evangeline intentaba recuperar el aire lentamente.

Como si entendiera perfectamente que ella necesitaba eso.

Normalidad.

No preguntas.

No presión.

Solo… tiempo.

Y por primera vez desde que vio a Gabriel entrar al local…

Evangeline sintió que quizá no estaba completamente sola.




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