Luke empezó a aparecer demasiado seguido en la vida de Evangeline.
Y lo peor era que ella ya lo esperaba.
Las llamadas nocturnas.
Los mensajes absurdos.
Las fotos borrosas que Noah mandaba accidentalmente del techo, de Fernando el nugget o de Luke dormido en el sofá.
Todo se había vuelto parte de su rutina sin que se diera cuenta.
Y eso la aterraba un poco.
Porque la última vez que alguien se volvió rutina… terminó rompiéndola.
Esa tarde Evangeline salió del trabajo más tarde de lo normal.
Estaba agotada.
Solo quería llegar a casa, quitarse los zapatos y desaparecer debajo de una manta por al menos doce horas.
Pero al salir del edificio se detuvo en seco.
Luke estaba apoyado contra su auto al otro lado de la calle.
Como si fuera la cosa más normal del mundo.
Jean oscuro.
Suéter negro.
Las mangas ligeramente remangadas.
Y esa expresión tranquila que hacía que pareciera peligrosamente imposible ignorarlo.
Evangeline parpadeó varias veces.
—¿Qué haces aquí?
Luke levantó apenas la bolsa de papel que tenía en la mano.
—Traje soborno.
Ella cruzó la calle lentamente.
—Eso no responde mi pregunta.
—Noah descubrió que estabas teniendo una semana horrible.
—¿Cómo?
—Dijiste “estoy cansada” por teléfono y ahora cree que necesitas intervención emocional inmediata.
Evangeline soltó una pequeña risa.
Luke le extendió la bolsa.
—Comida.
Ella miró dentro.
Su cafetería favorita.
Exactamente su pedido favorito.
Lo miró sorprendida.
—¿Cómo sabes lo que pido?
Luke pareció confundido.
—Te escucho cuando hablas.
Y otra vez.
Otra vez hacía eso.
Decir cosas simples que terminaban golpeándola demasiado fuerte.
Gabriel nunca recordaba cosas pequeñas.
Nunca.
Ni su café.
Ni sus horarios.
Ni cuándo tenía días malos.
Evangeline apartó la mirada inmediatamente antes de quedarse atrapada pensando en eso.
Luke lo notó.
Claro que lo notó.
Pero no presionó.
Nunca lo hacía.
—También traje esto —dijo sacando algo más.
Un pequeño llavero.
Ridículamente pequeño.
Era un gato sosteniendo un cuchillo diminuto.
Evangeline lo miró en silencio unos segundos antes de empezar a reír.
—¿Qué demonios es eso?
—Te representa.
—¿Perdón?
—Pareces tranquila, pero siento que secretamente podrías apuñalar a alguien si te fastidian demasiado.
Ella lo miró indignada.
—Eso es ofensivamente preciso.
Luke sonrió.
Y Dios.
Evangeline empezaba a odiar el efecto que tenía esa sonrisa sobre ella.
—Ven conmigo un rato —dijo él entonces suavemente.
Ella dudó apenas.
Instintivo.
Viejo miedo.
Luke debió notarlo porque enseguida agregó:
—Solo si quieres.
Sin presión.
Sin insistir.
Dándole espacio para decidir.
Y quizá fue exactamente eso lo que hizo que Evangeline terminara asintiendo.
Terminaron caminando por un pequeño parque cerca del centro mientras el cielo empezaba a oscurecer.
Noah y Ethan estaban con la madre de Luke esa noche.
Por primera vez en mucho tiempo… Luke estaba completamente solo.
Con ella.
Y Evangeline se sentía extrañamente nerviosa por eso.
—Estás pensando demasiado —dijo Luke de repente.
Ella lo miró.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque haces esta cara.
Luke imitó una expresión dramáticamente preocupada.
Evangeline soltó una risa.
—No hago esa cara.
—Claro que sí.
Caminaron unos segundos más.
Las luces de la calle empezaban a encenderse alrededor de ellos.
Entonces Luke habló otra vez.
Más tranquilo esta vez.
Más serio.
—No quiero apresurarte, Evangeline.
Ella sintió el corazón tensarse un poco.
—Pero tampoco quiero fingir que esto es solo amistad.
Silencio.
El pecho le empezó a latir demasiado rápido.
Luke se detuvo frente a ella.
Y aunque su voz seguía siendo suave… había algo firme en ella.
Seguro.
—Me gustas.
Directo.
Sin juegos.
Sin ambigüedades.
Como si no tuviera miedo de sentirlo.
Y eso casi asustó más a Evangeline que cualquier otra cosa.
Ella bajó la mirada inmediatamente.
—Luke…
—No tienes que responder ahora.
Él dio un pequeño paso hacia ella.
No demasiado cerca.
Solo suficiente.
—Solo necesitaba que lo supieras.
Evangeline sintió ese viejo miedo aparecer otra vez.
El miedo a equivocarse.
A confiar.
A volver a entregar partes de ella que después terminarían destruidas.
Gabriel también había sido dulce al principio.
También parecía seguro.
También prometía cosas.
Luke la observó en silencio.
Y luego hizo algo que terminó rompiéndole un poco las defensas.
Retrocedió medio paso.
Dándole espacio otra vez.
—No voy a presionarte para que sientas algo rápido —dijo tranquilamente—. Y no necesito que dejes de tener miedo de un día para otro.
Evangeline levantó lentamente la mirada hacia él.
Luke sonrió apenas.
Pequeño.
Sincero.
—Pero me gustaría ser alguien que haga tus días más bonitos en lugar de más difíciles.
Y Dios.
Nadie nunca le había hablado así.
Sin exigir.
Sin intentar poseerla.
Solo… quedándose.
Esperando.
Evangeline sintió los ojos arderle un poco.
Y por primera vez desde Gabriel… el miedo ya no parecía tan grande como antes.
Editado: 17.06.2026