Después del invierno

Capítulo 24

Evangeline llevaba días sintiéndose extraña consigo misma. Desde la confesión de Luke en el parque, algo dentro de ella había cambiado, y por más que intentaba ignorarlo, el miedo seguía ahí, instalado silenciosamente en su pecho. Quería acercarse a él. Quería confiar. Pero cada vez que empezaba a sentirse feliz, una parte de ella recordaba cómo terminó todo con Gabriel y le susurraba que no se acostumbrara demasiado a las cosas bonitas.

Aquella noche la casa se sentía insoportablemente ruidosa. Su padre veía televisión con el volumen demasiado alto mientras su madre discutía desde la cocina porque alguien había dejado platos sin guardar otra vez. El sonido de las voces, la televisión y el teléfono sonando al mismo tiempo empezó a apretarle la cabeza hasta hacerle sentir que le faltaba el aire.

Intentó distraerse ordenando unas cosas en su habitación, pero no funcionó.

Entonces tomó su abrigo y salió de casa sin avisar.

El aire frío de la noche golpeó suavemente su rostro mientras caminaba sin rumbo fijo. Las calles estaban tranquilas y el cielo completamente despejado. Evangeline abrazó sus propios brazos mientras intentaba ordenar pensamientos que ni siquiera entendía del todo.

¿Por qué tenía tanto miedo de alguien que jamás le había dado razones para tenerlo?

El celular vibró dentro de su bolsillo.

LUKE.

Ella dudó unos segundos antes de contestar.

—¿Hola?

La voz de Luke llegó tranquila al otro lado de la línea.

—¿Dónde estás?

Evangeline frunció un poco el ceño mientras seguía caminando lentamente.

—¿Cómo sabes que no estoy en casa?

—Porque tienes voz de “estoy caminando sola pensando demasiado”.

Ella soltó una pequeña risa cansada.

—Eso suena preocupantemente específico.

—Te conozco un poco ya.

Hubo un pequeño silencio antes de que él volviera a hablar.

—¿Estás bien?

Evangeline miró hacia el cielo oscuro.

La respuesta real era no.

Pero decirlo en voz alta todavía le costaba.

—Solo necesitaba salir un rato.

Luke guardó silencio un instante, como si estuviera pensando cuidadosamente qué decir después.

—¿Quieres estar sola?

La pregunta fue tan suave que le dolió un poco.

Porque él realmente le estaba dando la opción.

No estaba imponiéndose. No estaba insistiendo.

Solo preguntaba.

Evangeline cerró los ojos un segundo antes de responder bajito:

—No.

Y Luke sonrió apenas al otro lado del teléfono.

—Mándame tu ubicación.

Veinte minutos después, Evangeline estaba sentada sobre una pequeña pared de piedra cerca de un mirador vacío cuando vio el auto de Luke detenerse unos metros más adelante.

Él salió casi inmediatamente, como si hubiera venido apresurado. Llevaba una sudadera gris oscura y el cabello ligeramente desordenado por el viento.

Por alguna razón, verlo ahí hizo que el peso en el pecho de Evangeline disminuyera un poco.

Luke caminó hasta ella sin hacer preguntas inmediatas. Solo se sentó a su lado, dejando el espacio suficiente para no invadirla.

Abajo, las luces de la ciudad brillaban a lo lejos. Arriba, la luna iluminaba el cielo de una forma tan clara que las estrellas parecían más cercanas de lo normal.

Durante unos minutos ninguno habló.

Y extrañamente, el silencio no se sintió incómodo.

Luke levantó la vista hacia el cielo antes de hablar.

—Noah está convencido de que la luna sigue nuestro auto porque está enamorada de nosotros.

Evangeline sonrió apenas.

—Eso es bastante adorable.

—Sí. Aunque después preguntó si podía demandarla por acoso.

Ella soltó una risa pequeña, y Luke sintió alivio inmediato al escucharla.

Después de eso el silencio volvió, pero esta vez más suave.

Evangeline bajó lentamente la mirada hacia sus manos.

—Tengo miedo.

Luke giró apenas la cabeza hacia ella, pero no interrumpió.

—Y lo peor es que sé que no es culpa tuya. Tú nunca me has hecho sentir mal… pero mientras más bonita se vuelve una cosa, más miedo me da perderla.

Su voz salió más frágil de lo que quería.

—A veces siento que me acostumbré tanto a que las cosas terminaran mal… que ya no sé cómo confiar cuando alguien realmente es bueno conmigo.

Luke la observó en silencio durante unos segundos. La luz de la luna iluminaba suavemente el rostro de Evangeline y él sintió algo apretarse dentro de su pecho al verla así de vulnerable frente a él.

Cuando habló, su voz sonó tranquila.

—Entonces no intentes hacerlo todo de golpe.

Ella levantó lentamente la mirada hacia él.

Luke le sostuvo los ojos con una calma que casi dolía.

—No tienes que dejar de tener miedo mañana. No tienes que confiar en mí perfectamente desde ahora. Solo… deja que las cosas pasen despacio.

Evangeline tragó saliva.

—¿Y si un día descubres que no valgo todo esto?

Luke soltó una pequeña risa incrédula.

—Evangeline… llevo semanas viendo cómo intentas cuidar a todo el mundo incluso cuando tú estás rota. Créeme, el problema no es que no valgas suficiente.

Ella sintió los ojos arderle un poco.

Luke desvió la mirada hacia el cielo otra vez antes de hablar más bajito.

—Las personas como tú siempre creen que son difíciles de amar solo porque alguien las amó mal una vez.

El corazón de Evangeline se encogió lentamente.

El viento frío movió suavemente su cabello mientras lo observaba en silencio.

Y entonces, casi sin darse cuenta, apoyó la cabeza sobre el hombro de Luke.

Él se quedó quieto apenas un segundo.

Solo uno.

Después sonrió suavemente mientras levantaba la vista hacia la enorme luna brillante sobre ellos.




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